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    Otra ilusión en marcha

    N° 2022 - 30 de Mayo al 05 de Junio de 2019

    Unos meses atrás, en esta misma columna, nos ocupamos de lo que había sido la actuación de la selección Sub-20 en el torneo sudamericano de esa categoría. Decíamos entonces que, aun con la desazón de no haber podido retener el título de campeón de la anterior edición, el tercer puesto obtenido le había permitido acceder por séptima vez consecutiva a un Mundial Sub-20; un logro que muy pocas selecciones del mundo pueden ostentar. Expresamos también, que a lo largo de ese torneo nuestro representativo estuvo lejos de mostrar el nivel que se esperaba, más aún cuando en esa oportunidad se había verificado la inédita circunstancia de contar con el aporte de un núcleo grande de futbolistas que ya estaban actuando en importantes equipos del exterior. Aun así, concluíamos que ese núcleo, con las variantes o ajustes que pudieran hacerse, podría ser la base para que nuestro país pudiera presentar en el futuro Mundial de Polonia una formación apta para lograr lo que nunca se había podido conseguir, o sea el máximo lauro mundial en esa categoría.

    No imaginábamos entonces que poco tiempo después, Fabián Coito —el técnico que desde mucho tiempo atrás estaba al frente del proceso de selecciones juveniles— iba a alejarse de ese cargo para aceptar un ofrecimiento para dirigir a la selección mayor de Honduras. No fue en cambio ninguna sorpresa que quien quedara en su lugar fuera Gustavo Ferreira, su colaborador más inmediato a lo largo de todos esos años.

    Aunque seguramente comulgaba en líneas generales con los criterios de su antecesor, el nuevo técnico hizo algunos retoques en la nómina de jugadores, procurando seguramente superar los aspectos deficitarios observados en el reciente torneo continental; quizás el más notorio, la carencia de efectividad para concretar las chances de gol que se habían generado en varios partidos. Coincidentemente, en los meses posteriores a aquel evento pudo observarse la consolidación de algunos futbolistas que no habían sido convocados para el Sudamericano, siendo los casos más evidentes los de los dos Rodríguez (Brian y Santiago) que se habían convertido en figuras relevantes en sus respectivos equipos, y también la del volante bohemio Francisco Ginella, que se había perdido aquel torneo por una rebelde lesión. Asimismo, se sumó al grupo el zaguero Ronald Araújo, quien en aquella oportunidad no fuera cedido por el Barcelona de España, su actual club. Cabe agregar que con esta nueva conformación, los dirigidos por Ferreira hicieron una breve incursión por Europa, disputando un par de partidos en Murcia, ante las selecciones de Arabia Saudita y Ucrania, ultimando la preparación para el Mundial de Polonia.

    En opinión de muchos —entre los que nos incluimos— estas modificaciones en la conformación del plantel para este torneo ecuménico tonificaban su poderío, con relación al del Sudamericano, y en especial apuntaban a dar solución a su carencia más ostensible, su falta de contundencia frente al arco adversario, que a la postre fue una de las causas determinantes de que no tuviera una mejor ubicación al final de aquel certamen.

    Así las cosas, estos primeros dos partidos que Uruguay lleva disputados en el Mundial, con sendas victorias ante Noruega y Honduras, ya le han permitido clasificarse prematuramente entre los 16 mejores equipos del torneo. Y, a fuerza de sinceros, ello se logró exhibiendo una clara superioridad ante los rivales de turno, sin perjuicio de que —como suele ocurrir en los primeros partidos de todo torneo, y mucho más en el ámbito juvenil— no es posible pretender que en esta instancia preliminar un equipo logre exhibir su mayor expresión futbolística. Indudablemente, lo mejor estuvo en el debut ante Noruega. En esa oportunidad, Uruguay supo plasmar una pronta superioridad en el campo de juego, con dos futbolistas que sobresalieron nítidamente. Hubo así un exuberante trabajo de Francisco Ginella, tragándose la cancha, recuperando infinidad de balones y jugándolos todos con elegancia y practicidad. Y también una gran producción ofensiva de Brian Rodríguez, imparable para sus marcadores en sus incursiones por la derecha del ataque, siempre culminadas con singular precisión. A pesar de ese dominio inicial, el VAR nos salvó providencialmente (por apenas unos pocos centímetros) de un gol anotado por Noruega, en un contragolpe que tomó mal parada a nuestra retaguardia. Pero pasado ese susto, a los 21 minutos, un exacto envío largo hacia Darwin Núñez, fue tomado por este para colocar la pelota por elevación, y marcar la apertura para Uruguay. Y minutos después, en una combinación precisa y lujosa entre varios futbolistas celestes, llegó un segundo gol que pareció dejar liquidado el partido ya en esa primera etapa. Sin embargo, un error claro en la última zona defensiva, al comienzo del segundo tiempo, le permitió al rival acercarse en el tanteador e ir emparejando el trámite del partido. Aparecieron los nervios y las consiguientes imprecisiones en nuestro equipo, hasta que una genialidad de Schiappacasse —a poco de estar en la cancha— dejó de cara al gol a Brian Rodríguez, quien definió notablemente para colocar un 3 a 1, ya inalcanzable para su rival.

    En el partido siguiente frente a Honduras, la labor celeste no llegó al nivel del debut. La principal causa para ello fue que el rival había estudiado los puntos altos del juego de nuestro equipo en aquel partido. Ginella siempre tuvo a alguien siguiéndolo por toda la cancha y a Brian Rodríguez lo escalonaron permanentemente, impidiéndole toda proyección por el frente ofensivo. Además, el juez toleró que los hondureños golpearan duro y parejo, haciendo muy entrecortado el ritmo del juego. Aún así, en una jugada aislada, muy bien trabajada, Acevedo abrió la cuenta, casi abajo del arco, sobre el final del primer período. Jugando con esa exigua ventaja, la oncena celeste —sin lucir— igual manejó el trámite del partido, hasta que ya en los descuentos una exacta triangulación ofensiva dejó a Schiappacasse de cara al gol, quien sentenció el partido con un toque preciso.

    Nuestro próximo rival será Nueva Zelanda, que aparentemente posee un nivel superior a los que ya enfrentamos. Pero estando ambos ya clasificados puede que sus técnicos aprovechen ese partido para realizar algunas pruebas. Igual la pregunta es: ¿qué puede pasar en la segunda fase? Seguramente, los rivales van a ser de un nivel superior, pero cabe suponer que también el fútbol de nuestro equipo vaya en ascenso. Hay algunos jugadores (como Santiago Rodríguez) que pueden rendir bastante más, aunque como contrapartida, preocupan las lesiones de tres de los cuatro zagueros del equipo. Sin conocer la valía de nuestros eventuales adversarios, creemos que esta selección tiene un nivel superior a la del último Sudamericano. ¿Por qué no esperar, entonces, a los próximos partidos, para aquilatar qué posibilidades tenemos de lograr lo que Brasil y Argentina ya consiguieron muchas veces: el lauro máximo en esta categoría?