Nº 2118 - 15 al 21 de Abril de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo aclaramos de entrada, por si acaso. Nacional hizo lo que tenía que hacer y, tal cual era previsible (y lo anticipamos en nuestra última columna), volvió a vencer a Rentistas y se quedó con el título de campeón uruguayo por segundo año consecutivo. Y nadie puede cuestionar la justicia de su coronación. No lució en este segundo partido, al igual que en este último tramo de la temporada. Pero le bastó el habitual gol de Bergessio para doblegar a un rival que, aunque muy debilitado, supo luchar hasta el final, aun sabiendo que su chance de quedarse con el título era extremadamente remota.
¿Fue Nacional un justo campeón? Sí si consideramos que lideró de principio a fin la Tabla Anual, a pesar de no haber ganado ninguno de los torneos de este año tan particular. Precisamente por esos fracasos puntuales, el equipo tricolor pasó alternativamente por las manos de tres directores técnicos. El primero, Gustavo Munúa, fue apartado del cargo tras haber perdido la final del Apertura ante Rentistas, aunque comandaba la Tabla Anual y seguía vivo en la Copa Libertadores. Lo suplantó Giordano, cuyo mejor resultado fue poner a Nacional en cuartos de final de dicho certamen, en tanto en el ámbito local su equipo iba dilapidando su amplia ventaja en la tabla acumulada. Perdió el clásico ante Peñarol, y esa misma noche debió afrontar el penoso incidente en el hotel donde su equipo esperaba su decisivo partido ante River argentino; a lo que siguió la catastrófica eliminación de la Libertadores. Aun así, a dos fechas del final, cuando la ventaja en la Tabla Anual casi se había esfumado, la exótica goleada ante Liverpool le birló la posibilidad de ganar el Clausura, y debió alejarse del cargo. Su reemplazante, Ligüera, tuvo más suerte y en su corto y decisivo pasaje logró finalmente el ansiado título de campeón, tan festejado por la gente tricolor.
En cuanto al logro del bicampeonato, justo es reconocer la labor de la directiva actual —y en especial de su presidente Decurnex— en estos dos primeros años de gestión. En lo deportivo le costó encontrar el rumbo. La contratación de un técnico inexperiente como el argentino Domínguez fue subsanada luego con un gran trabajo de Álvaro Gutiérrez, quien tomó al equipo en el fondo de la tabla y lo sacó campeón; aunque inexplicablemente luego no se le ratificara en el cargo. A pesar de esa falta de un criterio definido para encontrar un técnico de su gusto (Capuccio es el sexto en estos dos años), debe reconocerse que pudo lograr un eficiente reordenamiento económico del club, bajando la astronómica deuda preexistente, y además mostró mano firme al momento de resolver el ya mentado episodio de inconducta de varios futbolistas, aun a costa de dejar al plantel sensiblemente disminuido cuando se estaban jugando posiciones deportivas de singular importancia.
Ahora bien: sin perjuicio de reconocer los méritos que llevaron al equipo tricolor al bicampeonato que hoy festeja, no vacilamos en señalar que, en atención a lo ocurrido en esta peculiar y accidentada temporada, los equipos chicos han dejado escapar una oportunidad más que propicia para haberse quedado con el título en disputa.
Es bien conocido el histórico y ostensible predominio de los dos equipos grandes en la obtención de los títulos de campeón. Sin ir más atrás en el tiempo, desde la instalación del régimen profesional, Nacional y Peñarol lograron consolidar una hegemonía sin fisuras, recién quebrada en 1976 por aquel Defensor que dirigía el profesor Ricardo de León. Debió esperarse hasta 1984 para que Central Español, recién ascendido de la B, se adjudicara el título de campeón. Tras una pausa de dos años —en los que Peñarol se quedó con ambos títulos— en 1987 el equipo violeta volvió a festejar. Y a partir de allí, hubo una exótica racha de cinco logros consecutivos por los equipos menores: Danubio lo hizo en 1988 (con una inédita ventaja de 9 puntos sobre Peñarol); Progreso logró el título en 1989, en un torneo a una sola rueda; Bella Vista hizo otro tanto en 1990; y otra vez Defensor, al año siguiente, obtuvo el campeonato. Fue Nacional el que puso fin a ese singular quinquenio, obteniendo el torneo de 1991. En lo que va de este siglo, Danubio obtuvo tres campeonatos y Defensor uno. Los 16 restantes fueron conquistados por Nacional y Peñarol.
¿A qué responde esta rápida cronología? A nuestro convencimiento de que los equipos menores (en especial Rentistas y Liverpool, que ganaron estos torneos en la presente temporada) desperdiciaron una magnífica chance de quebrar esa sequía y quedarse con el título máximo en disputa. Es que se dieron en la presente temporada ciertas circunstancias excepcionales que sin duda les favorecieron. La primera —y de una singular importancia— fue la prohibición de la asistencia de público a los partidos, algo que permitió nivelar la chance de los equipos menores en los partidos contra los dos equipos grandes, en especial cuando estos eran locatarios. A lo que se sumó el hecho de que tanto Nacional como Peñarol debieron salir a jugar a todas las canchas de los equipos menores, pues con las tribunas vacías, a estos ya no les era redituable el trueque de la localía, por la probabilidad de una mejor recaudación. Seguimos pensando por ejemplo que, de no haber sufrido ese inesperado e injusto traspié en la semifinal ante Rentistas, Liverpool bien pudo quebrar ese maleficio y quedarse con el título máximo; más aún cuando unos días antes había goleado al a la postre campeón y Peñarol —el otro grande— ya había quedado prematuramente marginado de la definición.
En otro orden de cosas, relegado a jugar la Copa Sudamericana, el aurinegro se sobrepuso al inesperado traspié del empate ante Cerro Largo la semana anterior, superándolo netamente en la revancha en el Campeón del Siglo. Nuevamente arrancó ganando y, al igual que en el cotejo anterior, en vez de seguir de largo, aflojó el ritmo, cediéndole la iniciativa a su rival. De tiro libre el visitante logró el empate y se pensó que podía repetirse aquella historia. Sin embargo, apareció la categoría de Gargano para reordenar las piezas del equipo, el ascendente Canario Álvarez ratificó su condición de goleador-jugador, y el otro juvenil, Torres, recuperó el excelente nivel de sus primeros partidos. La ventaja se amplió, pero esta vez Larriera no arriesgó probando jugadores inactivos. Y Cerro Largo no repitió lo hecho unos días antes, cayendo sin levante ante un rival muy superior. Al aurinegro le esperan ahora tres rivales accesibles: Sport Huancayo de Perú, Corinthians de Brasil y River Plate (el de Asunción). Quizás, esta pueda ser su oportunidad de procurar el título de campeón de la Copa Sudamericana, algo que nunca pudo lograr un equipo uruguayo. Aunque ello sea una suerte de “premio consuelo”, en un año en que los resultados no le fueron propicios.