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    Otras mujeres

    Columnista de Búsqueda

    N° 1905 - 09 al 15 de Febrero de 2017

    Condenada al recuerdo de ser la superviviente esposa de Robert Schumann, Clara Wieck se empecina en no quedar relegada a ese detalle de una biografía tan pletórica de incidencias artísticas. La historia evoca oscuramente los años de formación de Schumann, cuando el severo profesor Wieck atormentaba a su hija y al joven alumno con extenuantes ejercicios y competiciones de ocasión; estaba convencido de que Clara realmente podía aventajar el sorprendente talento de su otro discípulo en el arte de la ejecución. La vida trágica de Schumann, que en el ardor por superar a la esposa en el piano terminó por inutilizar su mano, su arte único para la delicadeza discursiva y la búsqueda de armonías inesperadas que lo llevaron a componer una vasta obra sinfónica y de cámara y su fundacional ejercicio de la crítica musical, desplazaron el foco a la posteridad y le impidieron ver el arte de Clara, una creadora original que consiguió articular la técnica contrapuntística estudiada por Beethoven en sus últimas obras con los horizontes que desde esas mismas piezas abrieron Liszt y más tarde Brahms. Precisamente este último, rendido a sus pies durante las prolongadas internaciones del extraviado Schumann, y luego en la viudez de la dama, se convirtió en el apoyo ardoroso pero mantenido a buena distancia que le dio respaldo, paz y algo de alegría, a esta mujer apasionada, profunda y sufriente.

    Su Concierto para piano en la menor, su trío en sol menor que tanto evoca la influencia de Haydn sobre Beethoven y avanza sobre ello, sus innúmeros lieds, sus pensativos trabajos para piano solo, sus variaciones sobre temas de Schumann, denotan a una artista de porte y estilo superiores. El juicio de sus contemporáneos fue justo y Clara obtuvo reconocimiento en vida y llegó a ser decididamente influyente en el ambiente musical de su época. Pero la posteridad la crucificó con la indiferencia o, peor, con la contigüidad; fue siempre la meritoria esposa del gran Schumann, nunca la impar Clara Wieck de Schumann, que disfrutó con alegría e inocencia el arte de su esposo sin por ello dejar de ser lo que noblemente llegó a ser. El modesto libro de Claude Samuel Clara Schumann. Secretos de una pasión (El Ateneo, Buenos Aires 2007) ayuda a entender su valentía y su esencial soledad, aunque juega bastante con los prejuicios que todavía pesan sobre ella.

    Menos fortuna que Clara tuvo Fanny Mendhelson, que fue la desdichada hermana mayor del músico y que también cometió la imprudencia de dedicarse a la música. Hay un oratorio, una colección de buenas canciones y un trío que alcanzan para reclamar que su nombre no siga escondido detrás de Felix. En su destino tuvo responsabilidad directa la familia, no la indiferencia de la crítica: el padre permitió que de manera pionera en el mundo se dedicara con ahínco al estudio de la obra de Bach, pero se opuso con toda energía a que diera a conocer su talento y su arte. Y no solo eso, su hermano y luego sus descendientes hasta bien entrado el siglo XX se cuidaron muy bien de evitar que su nombre y obras trascendieran.

    La otra artista que no quiero olvidar es Lilli Boulanger, que como Rimbaud, compuso una obra revolucionaria antes de abrir los ojos al mundo. La vida le fue esquiva; tuvo apenas 25 años sobre la faz visible del planeta. El resto es puro e injusto olvido. Suena, es cierto, el nombre de esa gran maestra que fue su hermana, Nadia, pero es poco lo que se recuerda de una creación que fácilmente se puede equiparar con la de Debussy o de su maestro Faure. Jérôme Spycket, que escribió una excelente biografía de Kathleen Ferrier, rinde satisfactorio homenaje en su buen libro À la recherche de Lili Boulanger (Fayard, París, 2004) y muestra el minucioso proceso de olvido al que fue sometido el arte de esa mujer que compuso cerca de cuarenta obras en apenas ocho o nueve años. Por si quedan dudas de mi entusiasmo recomiendo de Lili Boulanger Clairieres dans le ciel, les sirenes & autres melodies (Hyperion, 1994). Es de otro mundo.

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