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    Para el 2014: ¿objetivos o propósitos?

    N° 1746 - 02 al 08 de Enero de 2014

    ¡Año nuevo, vida nueva! ¿Pero cómo vamos a cambiar nuestras vidas si no tenemos metas y un camino para alcanzarlas? Dice Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

    ¿Y qué resultados queremos cambiar? ¿Tener más dinero, menos quilos, más cultura o menos vicios? Estos objetivos se traducen en listas que uno escribe a principios del año y a fines del mismo constata que no cumplió: la plata no está, los quilos continúan, los libros a medio leer en la mesita de luz, justo al lado de una caja de cigarrillos. ¿Qué pasó que todo sigue tan similar a un año atrás?

    El gran problema que enfrentamos no es no haber cumplido con los objetivos cuantitativos que nos trazamos; el gran problema es no saber bien para qué nos los trazamos. ¿Más dinero para consumir o para tener más tiempo con la familia? ¿Menos quilos para lucir mejor o para llevar una vida saludable?

    Cada una de estas metas no tiene sentido de ser alcanzada si no están unidas a un propósito, a una razón de ser y de existir superior. Dice Wyne Dyer: “Todos tenemos un propósito en la vida; el desafío es descubrirlo”.

    Si con las personas es así, con las empresas es igual. La empresa es un organismo vivo, diferente de sus dueños, accionistas o empleados. Tiene su propia razón de existir y una misión que cumplir. Y cuando todos sus miembros la comprenden se hacen menos necesarias las metas, los reglamentos, los controles y el estrés. Todos saben —consciente o inconscientemente— lo que hay que hacer. Y de una u otra forma, lo hacen.

    A la enorme mayoría de las empresas les cuesta entender su razón de existir. Muchos dueños creen que la empresa existe para “ganar dinero”. Entonces deberían ser más claros y decir sin tapujos: “Esta empresa existe para que yo gane más dinero”. Como los empleados también se sienten parte de la empresa, también quieren “ganar dinero” a costas de la misma. ¡Pero si para eso existimos! ¡Para ganar dinero! De ahí que se invierta más energía en luchar por un pedazo de “la torta” que en hacerla crecer.

    Dice Peter Drücker: “La empresa existe para realizar aportes fuera de sí misma, para atender y satisfacer a quienes no son sus miembros. El hospital no existe para bien de los médicos y las enfermeras, sino de los pacientes. La escuela no existe para provecho de los docentes, sino de los alumnos. La administración que olvida este hecho administra mal”.

    El dinero que gane el hospital, la escuela, la fábrica de dulces o la tienda de ropa, será una consecuencia de haber dado satisfacción a esos clientes y de haber sido fiel a su misión. Es tan importante entender la misión de la empresa como entender los talentos y propósito que uno puede tener en la vida. Cuando estamos confundidos con ellos, todo el camino se nos nubla.

    Para muestra basta un botón. La misión del Departamento de Policía de New York (NYPD) es “servir y proteger”. Es clara, concisa y motivante. En Uruguay parecería que es “sirviendo a la sociedad” (así al menos está pintado en los patrulleros). Una copia burda y mal hecha, que solo trae confusión a la hora de la ejecución. Esto explica —en parte— por qué la Gran Manzana, con 8.300.000 habitantes de culturas, orígenes y costumbres tan diferentes y contrapuestos, tienen tres veces menos homicidios que todo el Uruguay.

    Si usted se pregunta a sí mismo y a sus colegas qué hace en su trabajo, obtendrá un 100% de respuestas correctas porque todos sabemos repetir como loros la lista de tareas que ocupan nuestro tiempo. Si pregunta por qué hacen lo que hacen, muchos no sabrán responder o dirán: “Porque siempre se hizo así” o “me lo indicó mi jefe”. Pero cuando pregunte (o se pregunte) para qué hacen lo que hacen, solo unos pocos tendrán la respuesta.

    Son esos pocos los que tienen un propósito y no solo una lista de objetivos a tachar a fin de año.

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