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    Paralizados por el miedo

    Sr. Director:

    Esto se propaga como una bola de nieve y vaya a saber dónde para. La delincuencia (no la gente pobre), ya no hurta o rapiña y consumado el hecho, raja. Hoy sienten desprecio acérrimo por la vida humana, y tanto les da matar una persona que fumarse un cigarro. Ha pasado a ser en muchos malvivientes asesinos, moneda corriente y dicha actitud rastrera y cobarde está incorporada a su forma de vida. Matan por 100 pesos, por un par de championes o por una bicicleta, tanto da. Claro que escribo con la sangre caliente, producto del asesinato que se produjo en la esquina de mi casa en la madrugada del pasado sábado, donde infamemente un cobarde malandra mata en forma inmisericorde a un padre de familia que intentó ayudar a su amiga, que era víctima del robo de su cartera. Cuando esta le pide clemencia y le da su cartera, rogando que no mate a su amigo, el asesino le pega un tiro en la frente y se va, pero vuelve sobre sus pasos e intenta robarle la billetera a la víctima que yacía en el suelo. No encuentro calificativos.

    Nos vienen robando, además, las ganas de vivir con alegría, pese a todos los pesares, nos vienen robando la libertad, ya que el temor se apodera de nosotros y de nuestros hijos, nos erosionan la dignidad que como sociedad deberíamos exhibir.

    El miedo está instalado como nunca ha pasado y hay que oír al ministro del Interior diciendo que los delitos o rapiñas han descendido. ¿Qué tiene que hacer la viuda de este señor asesinado o sus dos hijas, con los dichos de Bonomi? Y este ejemplo se puede extrapolar a tantos y tantos que nos sacuden todos los días en la capital y el país todo.

    Estuvieron meses reunidos en la Casa de Gobierno por la seguridad todas las fuerzas políticas con resultados prácticamente nulos. Ya ignoro qué proyecto se convirtió en ley o cuál naufragó.

    El ex ministro del Interior, Esc. Guillermo Stirling, más de 6 años ministro con buen suceso, aboga desde hace tiempo para que las Fuerzas Armadas comiencen a custodiar las zonas rojas de Montevideo, por lo menos en una actitud que logre disuadir a los maleantes. Se argumenta que no están preparadas para ello: pero esos soldados se van en misiones de paz al África o adonde sea y deben enfrentar escollos muchos más peligrosos que los que vivimos aquí. Qué prurito tenemos o preconcepto tonto de que los militares no pueden colaborar en esta tarea de seguridad que ya no admite ni un parpadeo más. Con los ojos bien abiertos, accionemos.

    Entre los muchachos que se están yendo, con intelectos importantes, entre los que ya dicen que se van y entre los malandras que se quedan, llegará el día en que estos últimos serán más que los ciudadanos honestos y trabajadores del país y ahí andá a llorar al cuartito.

    No nos muestren más láminas o power points; basta de conferencias de prensa, siempre carentes de actos de contrición, basta de hablar de sensaciones térmicas, estamos literalmente en el horno y una sociedad paralizada por el miedo pierde la libertad y, como dijimos, el sentido de la dignidad.

    Si no quieren renunciar no lo hagan, pero presidente Vázquez, basta de medias tintas y de temores a reprimir. Disuada, si no acatan, reprima y sáquelos del ruedo civilizado. La impunidad campea y se nos ríen en la cara y ya no le extrañe que algún ciudadano hastiado comience con la justicia por mano propia.

    Se está instalando el odio en esta sociedad fragmentada y eso lleva a la extinción de los valores. Y es bueno recordar que el odio siempre tiene comienzos humildes. “Es suficiente que un hombre odie a otro”, dijo Sartre, “para que el odio alcance, poquito a poquito, a toda la humanidad”. Estamos tirando mucho de la piola…

    Aníbal Durán Hontou