Nº 2113 - 4 al 10 de Marzo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLe seguidilla de partidos —varios entre semana, además de los tradicionales de sábados y domingos— nos ha llevado a hacer una pausa en el puntual análisis de lo que ha venido aconteciendo últimamente en este postrero Torneo Clausura, el que ha mostrado algunas aristas bastante singulares, quizás como una lógica consecuencia de la global situación de anormalidad provocada por la pandemia que viene padeciendo nuestro país.
Es que si apuntamos a la objetiva observación de las dos Tablas que importan para la definición del título de campeón de esta actual y postergada temporada, hay hechos que lucen como contradictorios, y que en verdad llaman la atención. Así, en la Tabla Anual acumulada Nacional lleva, a esta altura, una ventaja tan amplia (9 puntos sobre su escolta MC Torque y 10 respecto a Peñarol) que nadie puede razonablemente suponer que no se quede con ella, y consecuentemente con el derecho a terciar en la definición del máximo lauro del año ya fenecido. Lo dicho, sin perjuicio de que el hecho de encontrarse apenas dos puntos debajo de Liverpool, actual líder del Torneo Clausura, le agrega –si finalmente lo gana– una expectante chance alternativa para definir aquel título ante Rentistas, como campeón del Apertura.
Todo lo contrario ocurre con el otro equipo grande, Peñarol. A nuestro juicio, ya no parece tener chance alguna de ganar la Tabla Anual; y paralelamente ha ido perdiendo posibilidades en el actual certamen, alternativa que parecía ser la más factible para acceder a la definición de esta tan peculiar temporada. Es que no solo está cinco puntos abajo del líder Liverpool, sino que también se ve superado en tres puntos por Nacional y en dos por MC Torque. Y aunque no sean muy grandes esas diferencias, el hecho de tener tres equipos por delante, y solo cinco fechas por jugar, puede complicar su pretensión de aferrarse a lo que hoy aparece como su exclusiva “tabla de salvación”. Es que está claro, a esta altura, que no son solamente los dos equipos grandes los que pugnan por acompañar a Rentistas en la definición de este último torneo del año. Así, el equipo negriazul puede ser un lógico aspirante a quedarse con él; más aún cuando al perder anoche como visitante ante la Universidad Católica de Ecuador, ya no tendrá la severa interferencia de su paralela participación en la actual edición de la Copa Libertadores.
Pero sin perjuicio de esos cálculos de posibilidades, y en lo que hace a los dos equipos grandes, hay un aspecto por demás curioso, y sobre el que vale la pena hacer hincapié. Es que, sin perjuicio de la palmaria disparidad de sus respectivos puntajes actuales, y sus correlativas y disímiles posibilidades de futuro (tanto en el ámbito local como internacional), curiosamente se ha podido apreciar en ambos —y casi por igual— un muy ostensible y deficitario nivel futbolístico, al punto de verse frecuentemente superados por los rivales de turno. Y eso no solo viene siendo destacado en forma casi unánime por la prensa especializada, sino que es admitido de igual forma por sus propios parciales. Ello empero existe una nota diferencial muy significativa entre un equipo y otro: mientras Nacional juega mal e igualmente logra sacar aceptables resultados, Peñarol no solamente juega mal, sino que viene dejando puntos vitales por el camino. Lo que hace, como es lógico, que el humor de unos y otros no sea precisamente el mismo.
¡Veamos! El equipo aurinegro, conducido actualmente por Mauricio Larriera, no ha podido aún mostrar una faceta novedosa, ni menos aún convincente. Se nota sí la intención del técnico de que exista una mayor prolijidad en el armado, y cierta preferencia para utilizar los extremos de la cancha –preferentemente el derecho– para acercarse al arco rival. Pero (salvo en el penúltimo partido ante Wanderers, donde Gargano tuvo una espléndida actuación) su zona media no genera fútbol ofensivo, y cuando sale algún ocasional desborde por las bandas, Peñarol no tiene hombres de suficiente estatura como para capitalizar los envíos aéreos hacia el área rival. Atrás las cosas funcionan algo mejor, aunque con ciertos descuidos, que le han costado la sanción de varios penales (incluso alguno que no existió). Lo más rescatable del equipo aurinegro (casi lo único) es el enorme aporte de Facundo Torres, un juvenil de excelentes condiciones, que despliega su talento generosamente en todo el frente ofensivo, ingeniándose incluso para anotar ante el arco adversario. Pero ¡no se puede cargar toda la responsabilidad ofensiva en un chiquilín, por más condiciones que posea! Le ha costado enormemente al elenco aurinegro mantener una formación más o menos estable, por las continuas bajas por lesiones y suspensiones, y –esto es altamente llamativo– en la casi totalidad de los últimos cotejos arrancó arriba en el tanteador, pero luego no pudo o no supo mantener la ventaja hasta el final del partido. Así que cuando tuvo la oportunidad de achicar la ventaja ante algún traspié de su tradicional rival, la malgastó, sin descontar los muchos puntos que este le lleva en ambas tablas.
Por cierto que tampoco ha sido mejor el nivel mostrado por Nacional, desde que Giordano asumió la dirección técnica. Con un plantel que se ha visto claramente diezmado, por razones disciplinarias, nunca ha podido estabilizar un rendimiento medianamente aceptable. Defensivamente, ha cambiado permanentemente la línea de zagueros, y de no mediar la notable prestancia y seguridad del golero Rochet, seguramente Nacional habría perdido más de un partido. Otro tanto ha acontecido en la mitad de la cancha, con jugadores bien dotados técnicamente (Emiliano Martínez es el más prometedor), pero a los que les cuesta enormemente proyectarse con criterio y precisión en la acción ofensiva. Pero el debe mayor de Nacional en ese plano, estuvo en no poder encontrar acompañantes adecuados para Bergessio, que, durante varios cotejos, debió debatirse solo frente a las defensas rivales, sin poder generar siquiera alguna situación de gol. Ello empero, la dosis de confianza que paulatinamente vienen adquiriendo Ocampo y en menor medida Pablo García, han sido suficientes para que el ariete argentino reencontrara la senda del gol, y así Nacional pudiera rescatar varios partidos que le estaban siendo claramente adversos en su trámite, incluso contra rivales en zona del descenso.
La realidad actual muestra que, dentro de un muy bajo nivel futbolístico, lo mejor ha sido exhibido por algunos equipos chicos (el MC Torque en primerísimo lugar), y que tanto Peñarol como Nacional están muy lejos de desplegar un fútbol medianamente aceptable, como lo reconocen con rara unanimidad sus propios parciales. Claro que –Bergessio mediante– ello le importa mucho menos a los tricolores, porque sigue casi intacta su chance de acceder a la fase definitoria de la presente temporada. Algo que a Peñarol hoy se le presenta extremadamente remoto.