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    viernes 07 de junio de 2024

    Pedido de amnistía

    Sr. Director:

    Carta abierta a los expresidentes de la República, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y José Mujica Cordano.

    Les escribo como ciudadano, como el más antiguo general retirado del Ejército, que no tuvo ninguna actuación militar durante la dictadura y también, como el sensiblemente mayor que cada uno de ustedes.

    Porque la vejez, si bien no genera derechos, a veces goza del privilegio de ser escuchada y es solo esto lo que espero de ustedes.

    El año próximo se cumplirán cuarenta años del retorno a la democracia. Son, en promedio, el paso de dos generaciones. Demasiado tiempo ha transcurrido desde entonces.

    Cuando la República recuperó la vigencia del Estado de derecho, se intentó amnistiar a los integrantes de ambos bandos que se habían enfrentado con las armas. Esa fue la tradicional solución que se adoptó, a lo largo de nuestra historia, para recuperara la paz de todos los habitantes del país.

    Prueba de ello, sin recurrir a los más lejanos antecedentes, es que quienes fueron amnistiados obtuvieron, después por las urnas, lo que no pudieron por las armas.

    En cambio las fuerzas del Estado, que tuvieron que luchar por mandato expreso de los poderes legítimamente constituidos, dentro de un gobierno de forma democrática republicana, no recibieron el mismo tratamiento.

    Ya en las negociaciones mantenidas para acordar una salida de la dictadura, mandos militares se negaron a recibir ese tratamiento, por entender que no les comprendía la situación de amnistiados. Se equivocaron.

    Instalado el primer gobierno democrático, se remitió un proyecto de ley para declarar una amnistía lisa y llana, lo que el Parlamento no aprobó.

    Luego, ante la inminencia de que algunos militares concurrieran a declarar al juzgado que los había citado, se aprobó la ley de caducidad. La sanción de aquella ley se produjo por la mañana del día en que, por la tarde, actuaría la Justicia.

    Para dejarla sin efecto, se convocó por dos veces a la ciudadanía a expresar su voluntad, mediante el voto. Tanto en el referéndum de 1989, como en el plebiscito de 2009, esto es con veinte años de diferencia, la ciudadanía se pronunció por mantener su vigencia.

    Posteriormente se presentó ante la Suprema Corte de Justicia un recurso de inconstitucionalidad de la ley. El máximo órgano judicial se pronunció no haciendo lugar al recurso y por lo tanto, la ley mantuvo su vigencia. Pero la ciudadanía no fue convocada para pronunciarse sobre los aspectos jurídicos.

    Después, el mismo órgano, integrado por otros miembros, diversos de los que anteriormente habían fallado, declaró la inconstitucionalidad de la ley.

    En base a esa declaración el Poder Legislativo la eliminó.

    ¿Es que la Suprema Corte de Justicia se equivocó? No. Actuó de acuerdo a derecho.

    Entonces, ¿fue la ciudadanía que se equivocó dos veces a lo largo de veinte años? Sí, en lo que concierne a los aspectos jurídicos.

    Pero lo que se trató no fue sobre una contienda jurídica.

    En consecuencia, lo que interesa considerar es la naturaleza del error. Porque si bien puede admitirse que hubo error jurídico, lo que no se puede desconocer es el ánimo, la voluntad y la finalidad que expresó la ciudadanía con su pronunciamiento, para asegurar la paz.

    Asimismo debe tenerse en cuenta que no existe diferencia jerárquica jurídica entre las sentencias de la Corte y los pronunciamientos alcanzados en ejercicio de la democracia directa.

    Ambos están legitimados por claras normas que tienen un mismo origen: la Constitución de la República.

    Además, en democracia el único que tiene derecho a equivocarse es el pueblo. No podemos olvidar al prócer de la patria cuando expresó: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.

    Proceden disculpas a los destinatarios de esta, por el relato de aquellos hechos. Ellos los conocen más y mejor. Pero resulta útil establecer ese contexto para quienes no lo tengan presente.

    La posibilidad de que la situación quedaría resuelta cuando murieran sus actores no se dio. Por el contrario, sus descendientes aumentan, sufren la dolorosa pérdida de sus seres queridos y de quienes tienen que padecer la ignominiosa designación de desaparecidos.

    Sin embargo, aun ellos podrán reconocer que, si después de tantos años de intensa y desesperanzada búsqueda poco o nada han conseguido al amparo de la legislación vigente, sin que existan certezas, quizá con el cambio propuesto aumenten las posibilidades de obtener mejores resultados.

    También aumentan, dentro de nuestras Fuerzas Armadas, los descendientes de quienes durante los enfrentamientos actuaron con dignidad, honor y dentro del estricto marco normativo que regula sus actividades.

    Ellos también son acreedores de la consideración ciudadana. Lo que se debe evitar es la falta de tolerancia entre sectores de una sociedad, particularmente riesgosa cuando su población es pequeña, como la nuestra.

    Inicié estas líneas intentando legitimar la iniciativa de dirigirme a ustedes. Procede ahora expresar por qué lo hago. Porque es un privilegio que la República cuente con ustedes. Uno por cada uno de los partidos políticos con mayor representación ciudadana y con las mayores tradiciones a lo largo de nuestra historia.

    Vuestra actuación conjunta, tanto dentro del país como en el exterior nos llena de orgullo y es motivo de elogiosos comentarios fuera de fronteras.

    La ascendencia que cada uno de ustedes tiene, tanto dentro de los partidos que integran, como ante la ciudadanía toda es incuestionable. No les estoy pidiendo acción. Sobradamente ya lo han hecho. Sí les estoy pidiendo, si es que lo comparten, vuestra opinión ante los jóvenes que los están sucediendo en el ejercicio de la política activa.

    El año próximo asumirá un nuevo gobierno. Cualquiera sea su orientación política significará un nuevo triunfo de nuestra democracia.

    Que ese triunfo pueda ser, también, de la paz nacional mediante la aprobación de una ley de amnistía que comprenda a quienes se enfrentaron con las armas hará más de cuarenta años

    Gral. Cr. Guillermo Ramírez

    Cartas al director
    2024-05-29T22:22:56