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    Pensar bien, decir bien, hacer bien

    N° 2006 - 31 de Enero al 06 de Febrero de 2019

    La creación mental precede a la creación física. Toda obra realizada por el hombre se inició en una idea. Esa idea hubo que expresarla claramente para el propio creador y para comunicarla al resto. Y, por último, hacer bien la tarea. Parece simple y lógico, pero no lo es.

    Para pensar bien se necesitan dos insumos clave: información y método. ¿Dónde buscar información? ¿Cómo saber si es confiable? Cada vez hay más datos para analizar, pero eso demanda un esfuerzo mental que no todos quieren hacer. De ahí que las noticias sensacionalistas, emotivas y hasta falsas tengan tanto éxito.

    Pero tampoco aplicamos mucho método para separar la paja del trigo. A los jóvenes estudiantes se les facilita tanto el desarrollo de un curso y su evaluación, que hasta los exámenes universitarios se aprueban leyendo un resumen de las transparencias que usa el profesor en clase.

    Como el cerebro no logra fijar buenas ideas, tampoco se hace fácil expresarlas. El ciudadano promedio utiliza apenas 300 palabras para comunicarse. Una persona culta, unas 500. Un novelista bueno utiliza unas 3.000 y Cervantes usó 8.000 para escribir El Quijote. Si tenemos en cuenta que el Diccionario Esencial de la Lengua Española, que incluye solo las palabras que son comunes a todos los países, tiene 50.000.

    Ante esta simplicidad, las ideas simples y simplonas encuentran su terreno más fértil. Y en ese terreno siembran las campañas de marketing para fomentar un producto, las religiones para captar adeptos y los políticos para manipular votantes y captar votos.

    Así, las ideas nefastas del socialismo se han ido alojando en nuestras mentes, gracias a la repetición constante de almibaradas falsedades. El colmo lo estamos viendo en Venezuela. Los disparates que piensa, dice y hace el dictador Maduro no parecen ser muy diferentes de los que dirán y harán sus opositores. Por ejemplo: Leopoldo López, un líder opositor a Chávez y Maduro es fundador del Partido Voluntad Popular (al que también pertenece el presidente interino Juan Guadió), que es miembro de la Internacional Socialista.

    Axel Kaiser, un pensador liberal chileno, director ejecutivo de la Fundación Para el Progreso (FPP), cuenta que en una ocasión compartió el estrado con el padre de Leopoldo López en Europa y en su ponencia defendía al socialismo, cuando su hijo estaba preso por el socialismo, pero el padre creía que el problema eran las personas como Chávez y Maduro, no las ideas que defendían.

    Dice Kaiser: “Los venezolanos están tan confundidos conceptualmente que no entienden siquiera que lo que les está pasando es el resultado inevitable de la filosofía y la economía socialista”, no de las personas que aplican tales ideas. Y su colega Gloria Álvarez complementa diciendo que “la justificación (que hacen los progresistas es la misma): la teoría es buenísima, pero el compañero se corrompió (sea Stalin, el Che, Fidel, Chávez, Kirchner, Evo o Maduro). Entonces, vamos a volver a probar con otro mesías”.

    Para que las mayorías entiendan los cambios que hay que hacer para jugar en las grandes ligas, es necesario que las élites académicas, políticas, empresariales o culturales no tengan la confusión mental que hoy tienen, donde confunden libre mercado con mercantilismo, capitalismo con avaricia o eficiencia con mezquindad.

    En este año electoral se van a escuchar demasiadas simplezas, demasiados mensajes facilongos y es necesario combatirlos. Lo que diga ahora será un compromiso de acción para el futuro. Y si no se piensa racionalmente bien, nadie dirá con claridad lo que hay que hacer y luego harán lo que les plazca.

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