N° 1712 - 09 al 15 de Mayo de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana se conocieron los datos de la séptima Encuesta de Expectativas Empresariales de la Consultora Deloitte, que mostraron un significativo deterioro de la percepción de los empresarios sobre la economía local. En efecto, los resultados de la encuesta mostraron que en abril el 60% de los empresarios consideró que la situación económica estaba peor que hace un año, mientras que en setiembre del año pasado tan sólo el 37% opinaba que ese era el caso.
Además, también las perspectivas para el próximo año mostraron un deterioro importante, ya que el porcentaje de empresarios que espera un deterioro de la situación económica (66%) y del clima de negocios (58%) en los próximos 12 meses, aumentó en más de 10 puntos porcentuales en relación a los resultados de la encuesta del mes de setiembre de 2012.
Como comentáramos hace algunas semanas al analizar los resultados de una encuesta de la empresa Cifra que mostraba un deterioro importante de la percepción de los uruguayos en general respecto a la economía del país, existen sobrados motivos para el incremento del pesimismo que sistemáticamente se comienza a observar en las diferentes mediciones de expectativas que se hacen en el país, tanto a nivel global como de empresarios o consumidores.
En primer lugar, es claro que el “viento de cola” que nos ha impulsado desde el año 2004 es cada vez menos potente y a nivel regional directamente se ha tornado negativo, tanto por el escaso crecimiento que muestra Brasil como, sobre todo, por la situación del mercado cambiario en Argentina y el cúmulo de restricciones comerciales que ha impuesto dicho país. Por más que afortunadamente la dependencia que tenemos de la región es mucho menor que la que teníamos en el 2002 o en 1982, el impacto del descalabro de la situación argentina se hará sentir con mucha fuerza en los próximos meses, no tanto a nivel financiero pero sí a nivel de la economía real, particularmente en sectores como el turismo y la construcción, a la vez de que se potenciarán más los problemas de los sectores manufactureros que tradicionalmente tenían en Argentina un mercado más o menos importante.
A su vez, desde el punto de vista interno es cada vez más evidente que el gobierno hace poco y nada para tratar de adaptar al país al cambio negativo que se observa en el contexto regional y externo en general. La situación en materia de competitividad es un desastre (salvo para el complejo agroexportador que se sigue beneficiando de altos precios internacionales de los alimentos) por el exorbitante aumento de los costos internos de producción; se han perdido los márgenes que en algún momento hubo en materia fiscal por el incesante incremento del gasto público (aunque en términos estructurales, los famosos “espacios fiscales” sólo existieron en la imaginación de los miembros del equipo económico del actual y del anterior gobierno); la inflación se mantiene permanentemente por encima de las metas oficiales y la respuesta de política económica para mantener la suba de precios por debajo del 10% no hace sino exacerbar el problema de la pérdida de competitividad; la indexación de la política salarial (y las presiones para hacer subir los salarios más bajos) es otro factor que complica el necesario ajuste de la competitividad; y, para colmo, el ciclo político (y el hecho de que una parte no menor del gobierno quiere aumentar mucho más el gasto público y dar un giro más “a la izquierda” de la política económica) lleva a que sea muy difícil pensar en que se vaya a rectificar el rumbo en materia de manejo de las políticas fiscal, salarial y monetario-cambiaria, más allá de que las mismas son insostenibles a la luz del nuevo escenario regional e internacional.
Sobran por tanto motivos como para que exista un mayor pesimismo a nivel general respecto a la marcha de la economía y seguramente la tendencia al deterioro se irá acentuando en los próximos meses, tanto porque el contexto externo será cada vez más desfavorable, como por el hecho de que la falta de medidas correctivas por parte del gobierno lo único que va a hacer es acentuar los desequilibrios que se están generando a nivel de los precios relativos, de la estructura del gasto y de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Todo lo cual requerirá de ajustes mucho mayores al inicio del próximo gobierno.