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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay, grosso modo, dos formas de hacer política: una, basada en los aparatos, cualesquiera sean estos, partidarios o sociales, y otra que se basa en tener plena confianza en la inteligencia del pueblo. (Prefiero no hablar de “la gente” porque con esta expresión se engloba cualquier cosa, desde un delincuente de cuello blanco hasta un muchacho pobre que pichulea como puede).
No es novedad que, lamentablemente, la forma que predomina es la primera. Esta, por definición, es autoritaria y casi no deja espacio para la libertad. Un ejemplo de esto es que hay partidos —de izquierda y de derecha— y organizaciones sociales que muchas veces se atreven a decir que “dejan en libertad de acción” a sus adherentes, como si se trataran de cuasi esclavos que marchan tras las órdenes de sus dueños.
También es común escuchar expresiones tales como “fuiste al partido” o “fuiste al sindicato” como si estos fueran el lugar donde funcionan o actúan los dirigentes y administrativos. No. Radicalmente, no. Por lo menos a nivel sindical la organización existe y vive en cualquier lugar donde haya un trabajador o una trabajadora dispuestos a reunirse para hablar de sus condiciones de labor. Si no es así, tarde o temprano se estará frito y la organización se resecará, perderá afiliados y su poder de convocatoria se reducirá al núcleo por lo general cerrado de sus “militantes”. Por supuesto, quienes defienden y practican una política de “aparatos” suelen hacerlo con una condición indispensable: ellos (o ellas) son sus dirigentes y autoridades, y “bajan” a las bases sus directivas dejándoles espacio solo para que militen a mansalva.
Para quienes nos inclinamos por posturas más claramente democráticas, nos resulta mucho más afín aquello del subcomandante Marcos: el “mandar obedeciendo”. La puja entre estas dos posturas se ha instalado fuertemente en los dos últimos meses en el movimiento sindical, lamentablemente, a veces muy permeable a lo que sucede en el Frente Amplio. Como en él hay oposición o dudas con respecto a plebiscitar aspectos de la “reforma” jubilatoria, esas posturas se trasladan al interior de la Convención del PIT-CNT, que termina enredándose entre ser independiente o un mero brazo sindical de dicho Frente.
Pero miremos un poco al lado nuestro y vayamos a lo mejor de nuestra historia en los últimos 50 años. ¿Con qué aparato contó Milei para dar el batacazo que dio en las PASO de Argentina? ¿Con qué aparato contó Manini Ríos para obtener tres senadores? A la salida de la dictadura, ¿qué aparatos hicieron posible el triunfo del No en el plebiscito del 80 y el enorme Río de Libertad de 1983? El pueblo siempre es y debe ser el pueblo el protagonista esencial.
Pero hablemos de jubilaciones y pensiones. ¿Con qué aparato o aparatos contaron los jubilados y pensionistas cuando promovieron el plebiscito de 1989, que resultó victorioso nada menos que con el 82% de los votos de la ciudadanía? Invito a los más veteranos y veteranas a que hagamos un poco de memoria. Yo en aquel año era delegado por el edificio sede en ATSS, estaba afiliado al Partido Comunista y formaba parte de su sección sindical. Pero no fui protagonista como no lo fuimos la inmensa mayoría de los militantes frenteamplistas porque el Frente Amplio se oponía a la papeleta con la que algunos pocos jubilados, jubiladas y pensionistas promovían la reforma constitucional. Por su parte, fue público y notorio que el PIT-CNT no apoyó esa iniciativa. Y la inmensa mayoría del Partido Colorado y del Partido Nacional también se oponían.
¿Cómo nació la iniciativa? La causa estuvo en la política de ajustes de pasividades que llevó adelante el primer gobierno del doctor Julio María Sanguinetti, que había terminado usando dichos ajustes como “variable” del sistema, otorgando “aumentos” sin otro criterio que la “caja”. Lo que fue sorprendente es que la reacción surgiera de un pequeño grupo de jubilados y pensionistas que mayoritariamente eran del propio Partido Colorado. (Debe tenerse en cuenta que la Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay —Onajpu— no existía).
Ese pequeño grupo de jubilados y pensionistas “sueltos” tomó la iniciativa, redactó la papeleta y se largó contra viento y marea a juntar firmas. Así, mientras los partidos se oponían o balconeaban el creciente movimiento, la enorme “masa” de los mal llamados “pasivos” no dejaba de hacer colas en los locales del Banco de Previsión Social (que entonces tenía sus propios locales de pago en todo el país) para sumar su firma a la enorme cantidad de papeletas que estaban disponibles a veces en una simple mesita con uno o dos promotores de la iniciativa.
Pero los varones y las mujeres de los aparatos decían: “No tienen futuro: si nosotros no ensobramos la papeleta, van derecho a una derrota”. Sin embargo, ya en los primeros meses del 89 jubilados, jubiladas y pensionistas de todos los partidos advertían que no iban a votar a quienes no tuvieran en sus sobres de votación las papeletas por el Sí a la reforma. ¿Qué hicieron los aparatos? Se tuvieron que comer sus palabras y empezaron a ensobrar desesperadamente porque se dieron cuenta de que los revolcones electorales podían llegar a ser muy grandes.1
¡Hasta los militantes de Jorge Batlle (uno de los más ruidosos opositores a la iniciativa) estaban en la explanada del BPS a los gritos de “aquí la lista de Jorge Batlle con la papeleta de los jubilados incluida”!
Diariamente hablo con personas de todos los partidos que me preguntan si ya está “la papeleta por las jubilaciones” para firmar. ¿Quién puede asegurar ahora que el plebiscito por la reforma jubilatoria va camino a un fracaso? ¿Cuántos de los que votaron la reforma terminarán encontrando sus explicaciones para apoyarlo? Personalmente, estoy ansioso por ver los sobres de los distintos partidos con la papeleta adentro el último domingo de octubre del año que viene. (Por las dudas no se lo cuento a nadie para que la gente del aparato del partido que no tengo no se entere: no sea cosa que me reten).
Adolfo Bertoni
CI 3.289.304-5
Expresidente de ATSS
1) Justo es decir que el MLN fue el único sector del Frente Amplio que no ensobró, manteniendo su definición política, comandada entre otros por el entrañable compañero Andrés Cultelli, referente de la asociación de Lezica y Colón.