Nº 2179 - 23 al 29 de Junio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodos los partidos tienen asesores de primera línea que no necesitan aguas de mala calidad o contaminadas para darles de beber a sus seguidores y marcarles un rumbo. La historia partidaria uruguaya está cimentada en el trabajo de sus dirigentes, pero también en el de especialistas y académicos que contribuyen a su desarrollo. Por eso sorprenden algunas manipulaciones perversas en el Frente Amplio (FA) para falsear la realidad e inducir en error a los incautos. Veamos por qué.
Con su arrogancia pisoteada por la derrota en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid, en mayo de 2021, el conductor de partidos de la izquierda radical, Pablo Iglesias, renunció a la política partidaria luego de conducir a su partido, Unidas Podemos, a un estrepitoso fracaso en esa instancia.
El éxito de su breve historia política se apoyó en carisma, dialéctica fluida y golpes a políticos tradicionales, fundamentalmente del Partido Popular (PP). Se convirtió en un entrevistado central para todos los medios, pero las candilejas lo cegaron. Su vanidad lo convenció de que podía vencer al gobierno capitalino del PP de centro derecha. Para ser candidato renunció a la vicepresidencia segunda del gobierno nacional del socialista Pedro Sánchez, donde había recalado en 2019 porque el mandatario necesitaba sus votos legislativos.
En las urnas de Madrid ese Titanic político chocó con el iceberg del voto: el PP de Isabel Díaz Ayuso logró 44,73% y Unidas Podemos 7,21%. Más duro fue que lo superara la ultraderecha de Vox con 9,13%. Cubierto de moretones se victimizó y cuestionó la “deshumanización” del sistema político que él mismo integró. Y eso ocurrió hace apenas un año.
Su fracaso fue seguido por la deserción de varios dirigentes y anunció su exilio partidario: “Más allá del afecto y del cariño, es evidente que hoy, y estos resultados lo dejan claro, no contribuyo a sumar. No soy una figura que pueda contribuir a ganar en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento dentro de dos años (…). Cuando tu papel en la organización se ve limitado y moviliza lo peor de los que odian la democracia, uno tiene que tomar decisiones”. La única democracia existente es la suya y la de su partido. Huyó y se cortó la cola de caballo que durante años había utilizado como símbolo de revolución juvenil. Ahora, a los 43 años, usa el mismo corte de pelo que sus criticados políticos de “la casta”.
El paso del tiempo le dio un baño de realidad. En enero de 2014, cuando fundó su partido, arengó a sus seguidores con una metáfora antidemocrática: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”. Después realizó una gira para saludar en América del Sur a presidentes afines. Elogió vivamente al expresidente José Mujica porque “ha demostrado que se puede ser un presidente sin disfrutar de privilegios que se arrancan a los ciudadanos. Puede ser un presidente teniendo un salario normal, un estilo de vida normal. Lo contrario a lo que ven los ciudadanos de mi país en la casta”.
Parecía mantenerse fiel al ejemplo de Mujica, pero el dulce pica los dientes. En 2012 había descalificado al ministro de Economía, Luis de Guindos, por la compra de una vivienda: “¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 660.000 euros en un ático de lujo?”. Pero seis años después, en 2018, compró un chalé de lujo en la exclusiva zona madrileña de Galapagar. La vivienda de 268 metros, 2.000 metros de terreno y casa de invitados le costó 450.000 euros. Realizó reformas que aumentaron su valor. La hipoteca anual era de 64.412 euros. En 2021, tras su fracaso electoral, la vendió en 600.000 euros. Más tarde sus empleados domésticos denunciaron que él y su expareja, la ministra de igualdad Irene Montero, los obligaban a realizar trabajos ajenos a su contrato.
Todo esto y más, como el oscuro financiamiento de su partido, fue ocultado por el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira. En abril se reunió con Iglesias en Madrid y al regresar le anunció a El Observador que lo había invitado para participar “en dos o tres actividades”. Definió el futuro encuentro como “un intercambio valioso” que permitiría “colocar al FA discutiendo con líderes políticos importantes”.
¿Intercambio valioso? ¿Líder político importante? ¡Parece broma! Pereira ocultó los antecedentes de Iglesias al proponerlo para disertar sobre temas en los que es un fracasado. Hizo como el avestruz, ya que la invitación no surgió del FA sino de sus apéndices partidarios, la Fundación Liber Seregni y el Instituto República y Democracia, cuyos dirigentes también ignoran la desastrosa historia de Iglesias. “Medios, política y lucha ideológica” fue el tema de una conferencia en La Huella, y en El Galpón fue “Comunicación política y redes sociales en la era de la posverdad”.
Por obra y gracia de Pereira, el fracasado político español se convirtió en ¿consejero, asesor, orientador? del FA de cara a las elecciones de 2024. Su intervención irritó a algunos asesores históricos del FA, para quienes la historia de Iglesias no tiene nada rescatable porque todo ha sido mentira. Para los militantes de base, en cambio, ingenuos ignorantes de su historia real, es un símbolo.
Ni Iglesias ni Pereira conocieron al ensayista y crítico estadounidense H.L. Mencken. En el caso contrario se podría pensar en que fueron los inspiradores de una de sus más conocidas reflexiones: “Un demagogo es aquel que practica doctrinas que sabe que son falsas, a personas que sabe (o cree) que son idiotas”.