N° 2004 - 17 al 23 de Enero de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAtado de remolacha en el Mercado Modelo: $ 40; en Tienda Inglesa: $ 89; ensalada de remolacha en restaurante Garzón: $ 1.490. Muchos acusan a Mallman de “ladrón”, pero en realidad es un “alquimista”; logra multiplicar por 20 el valor de la materia prima con creatividad, entorno y servicio.
Los precios en Punta del Este siempre serán más altos que en Montevideo por varias razones: es uno de los balnearios más exclusivos del mundo, en menos de 60 días tienen que facturar para cubrir los costos de todo un año y, además, tienen que pagar altos impuestos los 365 días del calendario.
Con los supermercados sucede algo similar. La gente se indigna y sale a pedirle a “papá Estado” que “controle los precios” o presione a los empresarios para bajarlos. Llaman al lobo para cuidar a las ovejas. No entienden que el mejor regulador de precios es el propio cliente, quien tiene la total libertad de elegir ciudades, comercios y productos acordes a cada bolsillo.
Lo que la gente no entiende es cómo se fijan los precios. Creen que es con base en los costos y sobre ese valor agregarle una ganancia “razonable”. Es lo que hizo Maduro en Venezuela y ya vimos cómo generó escasez de productos básicos, un mercado paralelo y una inflación de más de un millón por ciento anual.
A los socialistas les encanta entrometerse entre vendedores y compradores, regulando precios, calidades y cantidades. Tratan a los consumidores como si fueran tontos. Un libre mercado requiere un buen flujo de información y variedad de oferentes. Así, cada uno tomará sus propias decisiones de acuerdo a sus preferencias.
Los ciudadanos de Pueblo Garzón deberían levantarle un monumento a Mallman. Gracias a sus programas de televisión, a sus libros, su prédica y sus inversiones, puso al pueblo en el mapa turístico mundial, cuando su destino más probable era convertirse en un pueblo fantasma. Y las autoridades públicas deberían hacer algo similar y celebrar que estos emprendedores arriesguen su capital para agregar valor, contratar mano de obra y pagar impuestos, ¡muchos impuestos!
Quien tiene que bajar los precios no son los supermercados ni los comerciantes, sino el Estado. Es el Estado el verdadero ladrón. Nos cobra impuestos en forma compulsiva y no nos da casi nada a cambio. Nos cobra las tarifas de luz, gasolina y agua más caras de la región, para cubrir los desastres cometidos por sus propios jerarcas.
La mala temporada no es por culpa de los empresarios. Estos no son tontos. Si ven que a determinado precio no logran vender, van a bajarlos solos. No precisan del Estado para entender su negocio.
La razón de que hayan llegado menos turistas a Uruguay no fue el precio de la ensalada de remolacha, sino que la clase media argentina tiene menos ingresos al estar pagando los costos de era kirchnerista que Macri no se animó a revertir.
Los empresarios uruguayos no deberían siquiera reunirse con las autoridades públicas, cuando estas los convocan para hablar de “fijar precios”, armar “paquetes” promocionales, discutir “precios abusivos” y menos aún dejar que los rezonguen con “llamados a la responsabilidad”.
Si el gobierno quiere que vengan más turistas, que baje el costo del Estado, arregle las rutas y los puentes, elimine el monopolio de Ancap, no despilfarre el 50% de agua potable y mejore las medidas de seguridad. En definitiva, ¡hagan lo que tienen que hacer! Y háganlo bien.