Nº 2080 - 16 al 22 de Julio de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara competir internacionalmente, Uruguay debe elegir una estrategia acorde a su tamaño y capacidad de producción. Difícilmente pueda ser un líder en precios, ya que demanda grandes volúmenes de producción y costos bajos. Por lo tanto, debe diferenciarse por algún atributo que le permita atender mercados de nicho, dispuestos a pagar un mejor precio por cada unidad vendida. Para eso, la innovación es clave.
Por tal motivo es muy bueno celebrar el Premio a la Innovación que lanza PwC (PriceWaterhouseCoopers) celebrando sus 100 años, junto con semanario Búsqueda, marcando “una manera de contribuir al estímulo e incentivar el desarrollo y la importancia de la innovación en nuestra sociedad”, con el “objetivo de reconocer a las empresas uruguayas que invierten en la generación de valor, en mejoras de procesos para reducir costos y elevar la calidad de sus productos y servicios, en nuevos manejos de los recursos y en la introducción de nuevas prácticas y tecnologías para una relación más amigable con el medio ambiente”.
Innovar no es simple. Existe una resistencia natural del ser humano a realizar cambios en sus rutinas. Y más difícil lo es cuando la situación actual es buena o, al menos, no es negativa. Pero lo cierto es que el mundo avanza e innova continuamente, lo que demanda que personas, empresas y países tengan una suerte de “radar de la innovación” para darles seguimiento a diferentes iniciativas.
La innovación no solo puede ser en el producto (que es la más visible), como cuando aparece el iPhone, el auto eléctrico, las impresoras 3D o la comunicación 5G. También se innova en la mejora de procesos, en cambiar el perfil de clientes a los que atiendo, en mejorar la experiencia del cliente en el punto de venta, en el canal de distribución, en la tecnología aplicada o en los servicios que acompañan al producto principal
La innovación puede ser tan disruptiva como Uber, Airbnb, Mercado Libre o PedidosYa (que son casos esporádicos) o puede ser un proceso incremental, de un paso a paso de mejora que se va dando por aproximaciones sucesivas. Es ver a la innovación más como un proceso que como un destino.
Así lo ve también Andrés Oppenhemier en su libro Crear o morir, donde menciona los cinco secretos para la innovación, siendo el primero de ellos el lograr una “cultura de la innovación”, donde no se tema el temor al fracaso, donde las nuevas ideas no sean desechadas al inicio y se acepte asumir riesgos controlables, dando mayor participación y facultades al personal calificado.
El autor sostiene —con razón— que hay que “glorificar la innovación” para “convertir a los innovadores en héroes populares”, tal como tenemos a un Messi, un Neymar o un Luis Suárez como héroes futbolísticos.
La gloria que reclama Oppenheimer para emprendedores e innovadores debe ser materializada en premios, que puedan verse, exhibirse y envidiarse (en el buen sentido de la palabra: “Emulación, deseo de algo que no se posee”.
El ambicionar estos premios motiva la sana competencia y atrae a empresas de todo tipo, sector y porte. En este ámbito sí pueden competir el grande con el chico, casi en igualdad de condiciones, porque la innovación no es patrimonio de la fortaleza. Si no lo creen, pegúntenle a Goliat cómo perdió con David.
Ojalá que estos premios se establezcan en todos los ámbitos: en las escuelas, liceos y universidades, dentro de las empresas, en la academia o en las artes. El solo hecho de participar de estas iniciativas ya es un éxito en sí mismo.
Felicitaciones a PwC y Búsqueda por la iniciativa. Otra buena manera de predicar con el ejemplo.