N° 1909 - 09 al 15 de Marzo de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana se conocieron los datos oficiales del comportamiento de la economía brasileña para el año 2016, que mostraron una caída del PBI del 3,6%, luego de la contracción de 3,8% que el país experimentó en el año 2015. Es la primera vez desde el bienio 1930-1931 (donde hubo contracciones del 2,1% y del 3,3% respectivamente) en que la economía de Brasil sufre dos años consecutivos de caída del PBI, al tiempo que el retroceso acumulado de 7,2% es el mayor desde que se llevan registros. Según “Folha de São Pablo”, en términos absolutos el PBI del año pasado volvió al nivel que tenía en el tercer trimestre de 2010.
En términos per cápita, 2016 marcó el tercer año consecutivo de caída del PBI, con bajas de 0,4%, 4,6% y 4,4% respectivamente en 2014, 2015 y 2016. Dado el desastroso comportamiento del último bienio, en los siete años transcurridos de la actual década el PBI per cápita de Brasil ha mostrado un crecimiento de tan solo 2,5%, algo así como 0,35% promedio anual.
El sombrío panorama que está atravesando la economía brasileña, que incluye también un nivel récord de desempleo con casi 13 millones de personas desocupadas así como un nivel récord de quiebras empresariales, difícilmente vaya a tener un cambio significativo en el corto plazo, más allá de que en términos relativos este año 2017 va a ser mejor que los dos anteriores y probablemente mostrará un ligero crecimiento. Al cierre del viernes 3 de marzo, la encuesta de expectativas que semanalmente realiza el Banco Central de Brasil (BCB) mostró que los analistas estaban esperando un crecimiento del PBI de 0,49% para este año 2017, aunque dada la caída algo mayor del nivel de actividad en el cuarto trimestre del año pasado, probablemente esa previsión se revise a la baja en las próximas semanas. En todo caso, lo que es claro es que nadie espera una recuperación significativa del crecimiento en este año, donde fuerzas contrapuestas seguirán creando una situación de poco dinamismo.
En sentido positivo, la recuperación que en los últimos meses han mostrado los precios de las materias primas, la estabilización del crecimiento de China y la confirmación de una mayor expansión en el Área Euro son factores que deberían ayudar a apuntalar la recuperación del crecimiento de las exportaciones brasileñas. Si efectivamente la Reserva Federal adhiere a su plan de subir de manera gradual la tasa de fondos federales en EEUU (el miércoles 15 habrá algo más de información al respecto, cuando se anuncie la decisión del FOMC y Janet Yellen brinde la conferencia de prensa trimestral que acompaña el anuncio y la presentación de las nuevas proyecciones económicas), en principio habría que descartar tanto una reversión fuerte de los flujos de capitales hacia los mercados emergentes en general y a Brasil en particular, como una nueva apreciación importante del dólar en los mercados internacionales, al menos en lo que resta del 2017. Eso también daría “oxígeno” al sector externo brasileño y a la economía en general.
Desde el punto de vista interno, la fuerte caída que ha experimentado la inflación, que en los 12 meses a febrero se ubicó levemente por encima del 5% en la medición de mediados de mes del índice IPCA, le da al BCB margen para continuar bajando las tasas de interés domésticas, lo que también debería ayudar a reactivar el crédito interno y el consumo. Frente al 12,25% actual, el mercado espera que la tasa Selic termine el año 2017 en el 9,25%, según la última encuesta de expectativas del BCB.
El gran freno que sigue teniendo Brasil para volver a crecer es esencialmente político, y tiene su origen en las derivaciones del gigantesco escándalo de corrupción que ha salpicado a prácticamente todo el espectro de partidos. De hecho, las declaraciones del último “arrepentido” de la empresa Odebrecht por la llamada operación “Lava Jato” conocidas en estos días implicarían directamente al actual presidente Michel Temer, por haber recibido financiamiento ilegal para la campaña del 2014 cuando acompañó a Dilma Rousseff en la fórmula presidencial que terminó ganando en esas elecciones. La base de apoyo de Temer, que fue débil desde el comienzo, podría erosionarse todavía más dependiendo de cómo siga evolucionando este tema, haciendo muy difícil que se puedan tomar tanto las medidas necesarias para reducir el déficit fiscal así como las medidas de ajuste estructural para devolverle competitividad y dinamismo a la economía brasileña a mediano y largo plazo. Una recuperación sustancial de la inversión en este contexto, luce como una utopía.
En definitiva, lo mejor que puede esperase para este 2017 es que la economía brasileña se estabilice y quizás muestre un ligero crecimiento, teniendo en cuenta el muy elevado nivel de incertidumbre política y a nivel del sector externo (evolución de la situación de China, políticas que vaya a aplicar el gobierno Trump, ritmo al cual la Fed va a subir las tasas de interés, etc.). La población brasileña seguirá esperando por el “país del futuro”, como lo ha venido haciendo durante décadas.