N° 1769 - 19 al 25 de Junio de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa historia se repite una y otra vez. Un emprendedor, motivado por el deseo de llevar adelante su idea o urgido por las necesidades del momento, se lanza a comerciar un producto o servicio para así ganarse la vida.
Su negocio crece en base a un “10% de inspiración y 90% de transpiración”, pero llega un momento en la vida de la empresa o del empresario que ese método —hasta entonces exitoso— tiene que ser complementado. El esfuerzo, la tenacidad y la intuición deben dar espacio al método, al conocimiento y a la capacitación. En definitiva, deben “profesionalizar” la gestión de la empresa.
El diccionario de la Real Academia define a un “profesional” como aquella “persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación”. Personalmente me gusta decir que un profesional es quien actúa con conocimientos y los aplica de forma metódica. Esta definición deja afuera a muchos “profesionales” universitarios, quienes carecen de conocimientos o de método (o de ambos), y permite encuadrar al electricista, al obrero de la construcción o al kiosquero de la esquina, que sí saben lo que hacen y son metódicos en su ejecución.
Profesionalizar la gestión de la empresa pequeña o familiar es una tarea que encuentra más excusas que verdaderos obstáculos para realizar el cambio.
“No tenemos dinero”. Suena paradójico: siempre tenemos tiempo para corregir las cosas mal hechas pero nunca encontramos tiempo para corregir las causas que las provocan. Con el dinero sucede algo similar: como no dedicamos tiempo a profesionalizar la gestión, la empresa pierde dinero y oportunidades, como una vieja cañería deja escapar el agua sin que nadie lo perciba.
“Nos está yendo bien”. Y es cierto. Los números cierran. La “cuenta de almacenero” (ingresos menos egresos) es positiva. ¿Para qué cambiar? Esta no es una conducta ni proactiva, ni emprendedora. Los estudios iniciados por David Mc Clelland en la Universidad de Harvard determinaron que lo que más motiva a un emprendedor es la satisfacción por el logro, más que por el dinero. Y los comportamientos asociados a ese logro son “actuar antes de ser forzado por las circunstancias” procurando “hacer las cosas mejor, más rápido o más barato”.
“Los de afuera son de palo”. Existe la arraigada creencia que lo “fatto in casa” es mejor que cualquier sugerencia que venga de afuera; por eso no están dispuestos a escuchar otras posibilidades. Los estudios muestran que los equipos de alto desempeño, cada vez que dan su punto de vista, escuchan el punto de vista del otro, en una relación 1 a 1. En cambio, en los equipos de bajo desempeño la relación es 30 comentarios internos vs. 1 punto de vista externo.
Pero la principal barrera a la profesionalización de la Pyme o la empresa familiar no es objetiva sino subjetiva. Allí juega el ego, el temor al cambio, el no querer salir de la “zona de comodidad” o no poner arriba de la mesa conversaciones difíciles sobre los roles y desempeño de los familiares.
Sea como sea, la realidad es muy tozuda y nos impone los cambios a su tiempo, no a los nuestros. Por eso, esta frase tomada del Tao te King chino: “Ejecuta lo que es difícil cuando aún es fácil, realiza lo grande mientras es todavía pequeño”. Pero hazlo.