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    miércoles 12 de junio de 2024

    Proteger la cerveza nacional

    Nº 2197 - 27 de Octubre al 2 de Noviembre de 2022

    Fabricas Nacionales de Cerveza comenzó a importar latas de Norteña y Pilsen desde Argentina por la sencilla razón de que los costos de producir en Uruguay han “ido en constante aumento, al punto que hoy cuesta dos veces y media más elaborar un litro de cerveza en Uruguay que en Argentina y Brasil”, según declaraciones de la empresa a El Observador.

    La reacción del sindicato no se hizo esperar y emitió un comunicado que vale la pena analizar para entender dónde está la “grieta ideológica” que divide a socialistas y estatistas de republicanos pro libre mercado.

    Desde el PIT-CNT dicen tener “profunda preocupación” porque “se está sustituyendo producción nacional por importación”, lo que podría afectar la cantidad de “mano de obra ocupada en la planta de Minas”. Esto es un error. Tanto las personas como las empresas decidimos si nos conviene autoabastecernos de todo nosotros mismos (no “importar” nada) o tomar una decisión más inteligente y dedicar nuestro tiempo para lo que somos eficientes y contratar el resto fuera. A mí me encanta cortar el pasto de mi casa, pero debo decidir si invierto ese tiempo y recursos en el jardín o en hacer algo que me agregue más valor.

    Estos son los pies de barro de la teoría de sustitución de importaciones promovida durante décadas desde la Cepal de Raúl Prebisch, quien antes de morir (al igual que Eduardo Hughes Galeano y sus venas abiertas de América Latina) reconoció su garrafal error y el daño que hizo con su teoría. Hoy la Argentina de los Kirchner sigue aferrada a este fracaso y ya vemos cómo le va.

    Es cierto que los bajos precios actuales en nuestro vecino país están totalmente distorsionados por la propia intervención del gobierno peronista en la economía, pero la solución no pasa por, como pide el sindicato, establecer “políticas públicas de protección a la industria nacional”.

    ¿Y por qué habríamos de proteger una industria determinada? Unos sostienen que como las empresas uruguayas son chicas no pueden competir con otras más grandes de la región y menos aún con multinacionales, por lo que si no se las “protege” con aranceles, subsidios, cuotas de mercado o similares, esas empresas no podrían sobrevivir y menos aún crecer.

    Otros creen que es mejor “hacerlo todo en casa”, no importa si el producto final es más caro o de peor calidad. Por lo tanto, con al afán de proteger unos cientos de puestos de trabajo, obligamos a 3 millones y medio de ciudadanos a pagar más, resintiendo el poder de compra de esa persona que —no olvidemos— también es trabajador y también es uruguayo.

    Pero todos estos argumentos no son ciertos, ya que Uruguay es muy competitivo en varios rubros, como alimentos, software, logística o servicios, y podría serlo mucho más haciendo exactamente al revés de lo que proponen los estatistas: abrir la economía al mundo (y despegarnos del Mercosur), achicar el costo del Estado, eliminar y simplificar regulaciones, flexibilizar el mercado laboral y bajar impuestos.

    En el citado comunicado, el PIT-CNT también la emprende contra el genuino deseo de obtener ganancias. Dicen que, dada la diferencia de tipos de cambio, “las empresas se sienten atraídas a incrementar sus ganancias”, comprando en lugares donde sea más barato. ¿Pero acaso no hacemos todos lo mismo? ¿Qué hace doña María recorriendo la feria? ¿Por qué no compra los tomates en el primer puesto que encuentra? O mejor aún: ¿por qué María no dedica varias horas a la semana a cultivar sus propios tomates? Además, si la empresa no gana buen dinero, ¿cómo hace para pagar los mejores sueldos que el sindicalismo se pasa demandando? ¿Cómo hace para invertir en nuevos equipos y mantenerse competitiva?

    Los sindicalistas también se quejan de “las multinacionales”, como los más avaros entre los avaros, pero todos mueren por trabajar allí porque ofrecen las mejores condiciones laborales del mercado. Y como para no hacerlo, cuando suelen tener entre el 70% y el 95% de market share en sus respectivos sectores. De esa “posición dominante” nunca escuché al PIT-CNT quejarse.

    Esta absurda discusión debería estar finiquitada desde hace añares, pero no lo está. Entre otras cosas porque nuestro sistema educativo no explica cómo funciona una empresa y muchos creen que es soplar y hacer botellas; la inmensa mayoría de la gente jamás emprendió nada y no tiene idea de lo que es mantener el negocio a flote; los empresarios tampoco comunican bien su rol y los políticos…, bueno, son casi todos keynesianos, por lo que les encanta poder meter su rabo, aunque transformen el paraíso en un infierno.

    Uruguay tiene mucha tela para cortar y ser más competitivo, pero pocos se animan a ponerle el cascabel al gato donde hay que ponérselo.