N° 1798 - 08 al 14 de Enero de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAcaba de finalizar el 10º Salón Inmobiliario de Punta del Este, (SIPE) organizado por la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU), en un excelente marco de expositores, proyectos, público e inversores.
Es que Punta del Este no para de crecer. Este balneario, que reúne lo más selecto del jet set regional (y cada vez más del internacional también), ya no es visto como ese antro de ”cajetillas” y ricachones, sino que es visto como un dinámico lugar para captar turismo de alta gama, inversores inmobiliarios y hasta familias enteras que deciden radicarse a vivir en uno de los lugares más hermosos del mundo.
No dejó de llamarme la atención (pero haciendo una lectura muy positiva del hecho) el ver reunidos bajo el techo del oligarca y cuasi pernicioso Casino Conrad, a lo más destacado de la dirigencia de la “izquierda dura”, departiendo gustosos la jornada con millonarios, con empresarios y con uno de los representantes más ilustres del “capitalismo salvaje” yankee: el hijo de Donald Trump. Y está muy bien que así sea. Y esto mismo destacó el arquitecto Ricardo Weiss, reconociendo que, aun en la discrepancia, se pueden tender puentes para construir algo positivo.
Entre los discursos en la inauguración y las ponencias de varios de los expositores durante los tres días de actividades, hubo un común “hilo conductor”: Uruguay es un país caro, tiene que bajar costos operativos y mejorar sustancialmente la productividad de la mano de obra y la mejora en el management directivo.
El vicepresidente Danilo Astori dio un panorama general sobre su visión a futuro desde el rol que asumirá como ministro de Economía a partir del 1º de marzo, destacando tres ejes estratégicos: un crecimiento inclusivo, la apertura al exterior y sobre todo una apuesta a la calidad y la productividad. El arquitecto Ariel Cagnoli (presidente de APPCU) dijo sin pelos en la lengua que los costos de construcción son muy altos y que la mano de obra ha bajado su productividad. Le parece muy bien que los trabajadores vivan mejor de su trabajo, pero que agreguen valor, que sean productivos, y lo mismo se exigió a sí mismo y a sus colegas empresarios. El doctor Ignacio de Posadas habló sobre los riesgos que enfrentan las democracias al no poder cubrir las (no siempre sensatas) expectativas que los ciudadanos esperan de ellas y alertó sobre la necesidad de un mayor involucramiento de la gente en comprender en profundidad los asuntos ciudadanos, tener una sociedad civil vigorosa y remarcó la necesidad de contar con una “fuerte presencia empresarial”. Aproveché a recoger este último guante y mi ponencia fue sobre la necesidad de tomar conciencia de que las nuevas tecnologías van a reemplazar mucha mano de obra que no agregue valor; que las máquinas o el software sustituirán las manos de los empleados, pero no sus mentes, y que los empresarios tienen la capacidad y hasta el deber de liderar este cambio.
Si Uruguay eleva sus miras, escucha con atención a los empresarios argentinos que destacan como enormes virtudes nuestra seriedad, nuestro mercado más libre que el de ellos y los peligros del socialismo estatista, seguramente todas las encrespadas aristas que separan nuestras visiones internas se pulan como piedras brutas y logren encajar unas con otras. Las oportunidades son enormes. No las desaprovechemos.