N° 1988 - 27 de Setiembre al 03 de Octubre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi renunciaste al empleo para emprender tu negocio. Si no dormiste noches enteras. Si trabajaste sábados y domingos. Si no tuviste vacaciones. Si arriesgaste todo para ser independiente. Lo siento. Fue en vano. La empresa no es tuya. “Es un bien social y no es solo del patrón”. Así piensa el PIT-CNT a través del Instituto Cuesta Duarte, su centro de estudios dedicado a “realizar el apoyo técnico a los trabajadores organizados… para su mejor desempeño en… la lucha de clases1”.
Su presidente, el dirigente de Fuecys Milton Castellanos, declaró la semana pasada a Búsqueda: “El sueño de todo empresario es que de las puertas para adentro de su empresa manda él solo. Que la empresa es una extensión de su casa. Pero una cosa es su casa y otra la empresa. La empresa es un bien social, no es solo un bien privado del patrón”.
Esta cantarola es la misma que cantaba Daniel Viglietti en A desalambrar: “Yo pregunto a los presentes| Si no se han puesto a pensar| Que esta tierra es de nosotros| Y no del que tenga más.| A desalambrar, a desalambrar| Que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel| De Pedro y María, de Juan y José”.
Comparto con Castellanos que la empresa cumple una “función social”, pero no en los términos socialistas, sino en términos capitalistas. Dice Peter Drücker en su libro La gerencia: “La empresa existe para realizar aportes fuera de sí misma, para atender y satisfacer a quienes no son sus miembros. El hospital no existe para bien de los médicos y las enfermeras, sino de los pacientes. La escuela no existe para provecho de los docentes, sino de los alumnos. La administración que olvida este hecho administra mal”.
Y Ronald Reagan sostenía que “la mejor política social es tener un empleo”. Pero muy a pesar del PIT-CNT, son los empresarios (sus enemigos de clase) los que crean empleos genuinos. El Estado no crea empleos. Las ONG “compañeras”, no crean empleos. Y menos aun, los sindicatos.
Para que un “patrón” sea exitoso bajo un régimen capitalista, es necesario que “sirva al prójimo”. Si los consumidores no consideran que el producto ofrecido por la empresa les resulta útil, no lo comprarán. Son sus decisiones libres y voluntarias las que determinan el éxito o fracaso de las empresas. En cambio, bajo el socialismo, el éxito o fracaso depende de la voluntad del mandamás. Y casi siempre son fracasos.
El emprendedor es el factótum del éxito del negocio. Es él quien genera las ideas o las elige; no los empleados. Es él quien arriesga su dinero, prestigio y garantías; no los empleados. Es él quien organiza el trabajo, decide a qué mercados ir y con cuáles productos. Por eso toma él las decisiones. Como en su casa. Porque su empresa es su casa.
Con sus aciertos todos se benefician: los clientes, quienes reciben el producto que necesitan. Los proveedores, que cobran sus insumos. Los empleados, que mantienen sus salarios. El Estado, que percibe sus impuestos. Y por supuesto, también el empresario.
Y cuando se equivoca, todos ellos pierden también. Pero, ¿acaso se evitarían los fracasos gestionando la empresa en forma “colectiva”, con directorios integrados por accionistas, empleados, clientes, proveedores y funcionarios estatales? El intento más cercano a este disparate se llama comunismo y ha sido el mayor fracaso económico, social y moral de la historia y del presente.
Estas nefastas ideas a quienes más perjudican es a los trabajadores dependientes. Donde mejor viven los empleados es en sociedades donde rigen los principios liberales de la libre competencia, la defensa irrestricta de la libertad, la propiedad individual y la búsqueda de la propia felicidad.
Hay que defender estos principios a capa y espada. En todo momento y en todo lugar. Y los empresarios deberían estar en la primera fila de esta batalla cultural. Pero, para solaz de sus “enemigos de clase”, no lo están.
(1) http://www.cuestaduarte.org.uy/el-instituto/item/2-acerca-del-cuesta-duarte