Nº 2138 - 2 al 8 de Setiembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos remeros uruguayos tuvieron un excelente desempeño en las recientes Olimpíadas en Tokio, corriendo entre los seis mejores del mundo. Fuimos el único país latino en la final; compitieron de igual a igual con “países de primera” como Alemania, Bélgica, Italia o Irlanda y lo hicieron con un barco similar al resto. La diferencia estuvo y está en lo que marca el artículo 8 de nuestra Constitución: los talentos y las virtudes.
Ahora bien, ¿se imaginan ustedes si al barco de estos dos remeros le cargáramos una bolsa de 50 kg de cemento Portland de Ancap? ¿Y una estación meteorológica vetusta del Inumet? ¿Y de paso subimos a dos empleados públicos para que “controlen” a los remeros o les den “apoyo”?
Nada de esto es ficticio. Es real. Tanto los remeros olímpicos como los comerciantes pyme (que salen a “remarla” todos los días) cargan en sus barquitos el lastre de las pérdidas millonarias de Ancap, del Inumet, del Fondes, de la regasificadora, del Antel Arena, de los trámites burocráticos y de miles de empleados públicos innecesarios.
Con este lastre encima, no solo no vamos a poder competir con Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos o Alemania, sino que tampoco podremos hacerlo con Paraguay, Estonia, Georgia y también nos pasarán países africanos como Ruanda, Kenia o la diminuta isla de Mauricio.
Estos países han entendido que el empresario no es un “explotador”, sino un “benefactor” de la sociedad (al arriesgar su dinero, ofrecer servicios de mejor calidad y precio y generar empleo y pagar impuestos mientras trabaja de sol a sol) y por ello han establecido buenas reglas para facilitar su actividad.
El pasado martes 31 tuve el placer de compartir con el doctor Gerónimo Frigerio (abogado argentino, especialista en desarrollo, con vasta experiencia internacional y autor del libro Simple) un webinar sobre el rol del empresario en la sociedad y la importancia de hacerle simple su labor, desde la apertura de una empresa, la contratación de trabajadores (y su despido), así como el registro de derechos de propiedad o la rapidez en aprobar un permiso de construcción.
Estos datos los lleva el Ranking Doing Business del Banco Mundial, donde Frigerio participó en su armado, y varios años después, en el 2020, escribió el libro Simple, donde detalla con precisión milimétrica los cambios que tiene que hacer Latinoamérica para entrar en una senda de crecimiento sostenido, facilitando la creación y desarrollo de las mipymes.
Estas micro, pequeñas y medianas empresas son más del 90% de las empresas registradas, contrataran actualmente al 60% de la mano de obra y son las que van a contratar más en el futuro cercano, porque las empresas grandes van a ir más por la automatización y robotización que la escala de una mipyme no permite y por eso tiene que contratar gente, no máquinas.
Frigerio habla de generar “el efecto triple cero”: cero tiempo en abrir una empresa, cero costo y cero papeleo (que todo sea por el celular). Lamentablemente, esto no es así. Y tiene consecuencias: las malas (o caras) regulaciones hacen que casi el 50% de las economías latinas se muevan en la informalidad, porque volverse formal implica costos de abogados, escribanos, contadores, pérdidas de tiempo por la burocracia y pago de altos impuestos que inviabilizan la rentabilidad. Por eso vuelan debajo del radar.
Que Uruguay mejore en este ranking no depende más que de nosotros mismos. Pero eliminar burocracia, controles absurdos o impuestos altos no será fácil. Hay una casta de políticos, empresarios y sindicalistas que viven a la sombra de esta enredadera.
Por eso quienes tienen que reclamar estos cambios serán los propios empresarios y la sociedad civil que entienda su rol clave para el futuro. Porque el futuro no es mañana, ¡es ahora!