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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn el transcurrir de nuestras vidas distintas situaciones, hechos y personas nos van influenciando, y vamos transitándola con recuerdos que nos provocan gran placer y suma alegría.
Ramón fue una de esas personas que me han marcado: lo conocí cursando Economía, él como profesor, yo como estudiante, en la Facultad de Derecho en el año 1972.
Economía Política, para un estudiante de Derecho, significaba una materia que llamábamos de “relleno”, árida, no jurídica, que tratábamos de cursarla y salvarla cuanto antes. Ramón hablaba simple, sabiendo a quien se dirigía, impulsándonos a conocer nuevos conceptos, haciéndonos comprender el significado de la materia.
El libro de cabecera para estudiar era Economía, de Paul Samuelson, pero Ramón nos pedía que incluyéramos en la lectura otros autores, desconocidos para noveles estudiantes, que él nos provocaba a leerlos, y con su carácter, paciencia y conocimiento, nos fue introduciendo en la Economía poniendo, cada uno de nosotros, mayor interés en sus clases. En esos precisos días nos permitió conocer el despertar fundacional de Búsqueda, sus famosos cuadernos, inicio del exitoso semanario actual.
En el año 1980, ya graduado de escribano, y como antesala de la posibilidad de ingresar al Estudio Jurídico que Ramón integraba, un socio de ese Estudio y amigo común, me invita a jugar al Tennis los sábados a la mañana, en el Montevideo Cricket Club; allí me reencontré con el profesor y otros profesionales y amigos. Solo jugué unos pocos fines de semana... y tiempo después, al cruzarnos en la Ciudad Vieja, me recrimino mi falta a los sábados tenísticos. Aun recuerdo su sonora carcajada, cuando le espeté: Ramón, ¡no me gusta el Tennis!
Nos cruzamos en distintos eventos sociales, y siempre charlábamos con amabilidad de distintos temas, hasta que ya años después, cuando el Dr. Sanguinetti me nombra Director de Zonas Francas, Ramón me invita a tomar un café interesado en el tema.
Varias veces nos reunimos en esos años, él siempre preguntándome qué era lo que estaba haciendo, hacia dónde iba nuestra planificación, brindando sus consejos y sugerencias, todas de índole económica, con prudencia y sabiduría, con un fin principal: la libertad económica, el fin de los monopolios públicos, etc., y en lo mío, como hacer para que las Zonas Francas sirvieran de vínculo para abrir las fronteras del cerrado comercio nacional, atrayendo inversiones extranjeras y ayudando a la economía nacional.
Continué cerca de él, siempre a través de sus claros, sencillos, sólidos y esperados editoriales (y columnas), en Búsqueda Semanario, de los que aún hoy guardo.
Escribía mejor de lo que se expresaba verbalmente; le costaba hablar con claridad, ya que sus ideas se atropellaban con sus palabras.
Fue un hombre bueno.
Haría bien Búsqueda en repetir los memorables editoriales, para recordar la vigencia de sus ideas, y que las nuevas generaciones sepan quién era y cómo había luchado por sus ideales de libertad.
Quedan conmigo lindos recuerdos de un ser excepcional. Hago llegar mis saludos a sus hijos, expresándoles que siempre recordaré a su padre, el “profe”.
Álvaro Mastroianni Bernasconi