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    Realismo bienvenido

    N° 1823 - 09 al 15 de Julio de 2015

    Más allá de que, como era de esperar, durante la campaña electoral del año pasado, tanto el entonces candidato presidencial Tabaré Vázquez como todo el Frente Amplio señalaran a los cuatro vientos que todo estaba bien con la economía uruguaya y que no iba a haber necesidad de aplicar ningún ajuste, la tozuda realidad ha mostrado que inevitablemente el tercer gobierno consecutivo de izquierda en nuestro país ha debido comenzar haciendo precisamente lo que unos meses atrás había dicho que no iba a hacer.

    Al ajuste fiscal “encubierto” en la última variación de las tarifas públicas (particularmente de los combustibles), siguieron incesantes apelaciones a la “prudencia” en los pedidos de gastos de cara al próximo Presupuesto quinquenal. Y, en los últimos días, se pasó a topear la inversión de las empresas públicas. En materia de política salarial, el Poder Ejecutivo envió pautas que, en esencia, plantean una tímida desindexación de los salarios nominales, extendiendo de uno a dos años la aplicación del correctivo por inflación en caso de que la suba de precios exceda las metas oficiales.

    La conducta del equipo económico liderado por el ministro Danilo Astori, evidentemente con el respaldo explícito e implícito del presidente Tabaré Vázquez, muestra un realismo que resulta muy bienvenido, más allá de que, en nuestra opinión, cuantitativamente los anuncios de ajuste fiscal y desindexación salarial realizados se quedan bastante cortos respecto al objetivo de comenzar a corregir los desequilibrios acumulados en la época de bonanza y adaptar mejor la economía uruguaya a un contexto regional e internacional menos favorable.

    No haber ahorrado nada durante los 10 años previos de bonanza y haber pulverizado un superávit primario de 4% del PBI heredado al inicio del año 2005, lleva a que sea necesario “apretarse el cinturón” ahora, cuando el menor dinamismo económico va a enlentecer el crecimiento de la recaudación en un contexto donde el gasto público aparece básicamente como rígido a corto plazo. Haber generado incrementos salariales disociados de la productividad en muchos sectores de actividad lleva a que, o bien se deban desindexar los salarios, o bien se deba aceptar un incremento muy significativo del desempleo. La expansión del gasto público y de los salarios nominales, junto con el uso de la política cambiaria como herramienta para contener la inflación, llevó a un fuerte proceso de aumento en los costos internos de producción medidos en dólares, que resulta imposible de sostener ahora en función de la caída de los precios de exportación y del cambio negativo en el contexto externo.

    Aunque insuficiente, el realismo que parece mostrar el equipo económico ha generado tensiones más o menos importantes hacia el interior del Frente Amplio, así como con el movimiento sindical. También, lógicamente, ha provocado críticas significativas de la oposición, que en la última campaña electoral había advertido acerca de lo insostenible de la situación y de que no se iban a poder cumplir las promesas electorales que estaba realizando el entonces candidato Vázquez. Es obvio que nadie en el equipo económico puede hacerse el desentendido respecto a lo que ha pasado, porque básicamente ha sido el mismo equipo en los últimos 10 años, como así también todo el Frente Amplio es responsable de la situación en la que estamos, ya que no hay “herencia maldita” de otro partido a quien echarle la culpa.

    Pero más allá de la inevitable “pirotecnia política” que se está dando y que seguramente aumentará en intensidad a medida que se vayan acercando las cruciales instancias de negociación presupuestaria y la nueva ronda de consejos de salarios, es importante que todo el mundo entienda que no hay otro camino que el que, aunque insuficiente, está intentando señalar el equipo económico. La época de vacas gordas ya fue y no se guardó nada para cuando la abundancia llegara a su fin, como ocurre en la actualidad.

    Objetivamente, es imposible pensar en que podamos volver a tener al menos en este período, un contexto externo tan favorable como el que se dio en promedio durante los dos anteriores gobiernos del Frente Amplio.

    Por eso, si no se baja de manera mucho más fuerte el gasto público y si no se logra una desindexación más significativa de la política salarial, vamos a tener una desaceleración mucho más fuerte de la economía, una contracción mucho más violenta del empleo en relación a la que ya se viene observando en los últimos meses y un deterioro aún más significativo de la confianza, tanto de los empresarios como de los consumidores, todo lo cual va a comprometer no solo la performance de la economía en este 2015 sino en los años venideros.