N° 2042 - 17 al 23 de Octubre de 2019
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En 2011, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) concientizó a la opinión pública al respecto con un informe según el cual una tercera parte de los alimentos producidos en el mundo nunca se consume. Este dato —y la investigación que lo sustenta— siguen siendo ampliamente citados.
Fue hace 8 años. Desde entonces, la FAO ha trabajado arduamente en programas piloto y en comprender mejor cómo reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, según el compromiso reflejado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3.
Hemos desarrollado el Índice de Pérdida de Alimentos, que permitirá a los países medir la cantidad de alimentos perdidos después de la cosecha y durante el almacenamiento, transporte y procesado, pero sin incluir la venta al por menor, durante la cual la pérdida se convierte formalmente en desperdicio.
El Informe sobre El estado mundial de la agricultura y la alimentación (SOFA 2019) de este año está dedicado a la búsqueda de formas concretas y viables de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, en vez de limitarse a denunciarlos.
Hay un nuevo porcentaje: 14%. Es la estimación actualizada de las pérdidas de alimentos a escala mundial.
Esta cifra no debe compararse con la de 2011, ya que hemos perfeccionado nuestra metodología, ahora incluye factores como el valor económico y la nutrición. Demuestra que las pérdidas de micronutrientes son desproporcionadamente elevadas en relación con el volumen de alimentos perdidos.
Además, el desperdicio de alimentos no está incluido en la estimación de las pérdidas, y sabemos que esa cifra puede ser muy alta.
Un dato sorprendente del SOFA demuestra la urgencia de abordar causas: hay más pérdidas de alimentos en lugares donde el hambre es mayor. El no acceso a los alimentos y que estos no sean asequibles —y no la disponibilidad per se—, es una de las principales causas de la desnutrición.
En la práctica, es aconsejable formular políticas públicas destinadas a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos con objetivos amplios, relacionándolas con los recursos naturales y el cambio climático. La agricultura representa una huella importante en cuanto a uso de agua y tierra, y en emisiones de gases de efecto invernadero: cualquier cosa que produzcamos y no comamos, tiene un impacto ambiental negativo más allá de nuestra alimentación.
El SOFA señala que allí donde el hambre y la presión sobre los recursos naturales son importantes, lo más eficiente es intervenir en una fase temprana de la cadena alimentaria, mientras que la mejor estrategia para rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero es reducir el desperdicio en la industria y la venta al por menor.
El nuevo Indicador de Pérdida de Alimentos de la FAO, además de ser útil para que los Estados miembros y las partes interesadas rindan cuentas, está también diseñado para que los países puedan hacerse una idea más clara de su situación. Identificar cuellos de botella en la cadena de valor y puntos críticos de las pérdidas puede permitir intervenir con mayores resultados. Se necesitarán inversiones en almacenamiento y logística pero también incentivos y estudios coherentes e integrados.
El objetivo de la FAO es apoyar el cumplimiento de los compromisos de sus Estados miembros y mejorar la vida de las personas. Es hora de actuar y en particular de adoptar medidas viables en relación con el ODS 12 y la meta de reducir la pérdida de alimentos y rebajar a la mitad el desperdicio para 2030. Queda mucho por hacer, pero también muchos beneficios colaterales que obtener.
(*) Subdirector general para el Departamento de Desarrollo Económico y Social de la FAO.