N° 1837 - 15 al 21 de Octubre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas historias del esclavo Esopo han sobrevivido como valores internalizados en nuestra civilización y también como fuente de ese género mal abusado en ciertas épocas que dio en llamarse la fábula, es decir, una ficción cuyos actantes pertenecen al grato reino animal aunque tienen abundantes defectos de los humanos y algunas de sus raras virtudes. La obra en la que George Orwell cuenta la sórdida lucha por el poder y los arrebatos y ademanes totalitarios de la Revolución rusa y de sus principales actores —texto que bien podría reproducirse aquí y ahora y también sería una denuncia y un retrato fiel de la miseria moral e ideológica del socialismo en uso, porque no faltan cerdos y sobran ovejas— es el último eslabón de una cadena cuyo centro dominante ha de ser, fuera de toda duda, Le Roman de Renart, un delicioso e infinito poema de aventuras que tiene al inveterado zorro como protagonista de las más audaces trampas y celadas que una mente sagaz y sutil pueda concebir para obtener bienes indebidos, comidas oportunas o favores involuntarios del incauto prójimo.
Por lo general, los animales de la literatura reflejan no solamente cualidades y vicios humanos, sino también realidades sociales. El zorro es la encarnación de la situación fronteriza, representa en la Edad Media el límite de la casa rural con el campo y el bosque, y a la vez es un símbolo de desafío para los señores, que por más fuerza que ostenten pocas veces pueden poner a salvo su granja de la famosa capacidad del zorro para sortear todas las trampas y encerronas. Como bien se expresa en el libro de Jacques Le Goff Hombres y mujeres de la Edad Media (Fondo de Cultura Económica, que distribuye Gussi), “Renart es todavía más fascinante porque tiene un enemigo y porque el duelo es fundamental en el comportamiento medieval. El enemigo es Isengrin, el lobo: el animal siempre temido y muy desacreditado. Renart lo ridiculiza y lo humilla hasta el punto de tomar a la loba como amante. Finalmente, en el mundo medieval de los animales, organizado como un reino a imagen de los hombres, Renart tiene un comportamiento ambiguo con el rey León, de quien a veces es vasallo y a veces usurpador. El Roman de Renart, donde culmina el prestigio del personaje, es la continuación de una epopeya animal: Ysangrinus, escrita hacia 1150 y precisamente consagrada al lobo Isengrin, quien aparece como el tío de Renart. El Roman de Renart es una obra única en la historia de la literatura porque fue compilada por los clérigos, y más adelante por historiadores de la literatura, a partir de conjuntos de fragmentos más o menos independientes escritos por múltiples autores y en épocas diversas, aproximadamente entre 1170 y 1250, y donde cada conjunto se llama “rama”. Se trata de Vulpes vulpes, el zorro rojo, cuyo color había sido ya denunciado por la Biblia como el del traidor. Sitiado sin éxito por el rey Noble el León en su castillo subterráneo de Maupertuis (“la mala apertura”, que designa el acceso hacia lo terrible), comete miles de fechorías y engaños, seduce a la leona y pretende usurpar el trono real. Tras ser herido de muerte, es enterrado con magnificencia, pero resucita. Temido y admirado, Renart se convierte en la Edad Media en un personaje tanto de la sociabilidad popular como del cálculo político” ( página 402).
Escrita en verso y ordenada en branches (ramas), esta pieza consta de dos recopilaciones que suman una serie de episodios diversos donde Renart muestra hasta qué punto la inteligencia influida por el hambre y conducida por la ambición puede llegar a prodigar una luz que bien es capaz de asombrar a los sabios. El Roman, de autores anónimos, es una parodia literaria, como buena obra procedente de la incipiente burguesía, se venga en la ficción de ciertos gestos y limitaciones de la aristocracia burlándose de las canciones de gesta, de las obras que celebran el honor y la límpida moral de la caballería, su crítica del poder en la parodia de los grandes señores y de los reyes improvisando jugadas para hacerse más ricos, es por momentos cruel y cuesta pensar en el milagro de que la obra no conociera el fuego apenas se publicó. Derivación inevitable de ello es la pintura despiadada de la condición humana, algo que nos evoca inmediatamente los desencantos del capitán Lemuel Gulliver, que luego de recorrer mundo comprendió que la única amistad sincera que podía cultivar era con los caballos. Y, para completar el proyecto, tenemos que junto con las dolencias estructurales de la flaqueza humana vienen acopladas sus necesarias invectivas acerca de las dolencias sociales, tales como la hipocresía universalizada sin distinción de clases y horarios de ejercicio, el afán de figuración, el desmedro de las virtudes, el elogio de la riqueza a cualquier precio, el castigo de la humildad.
Renart es uno de los personajes más polémicos de la literatura; porque si bien encarna lo que naturalmente debería condenarse, es muy difícil no tenerle simpatía, no sucumbir a la fascinación de su realismo cínico y sin piedad.