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    miércoles 12 de junio de 2024

    Se dio la lógica

    Nº 2196 - 20 al 26 de Octubre de 2022

    En un fútbol marcadamente bipolar, como es sin dudas el nuestro —por más que ciertos equipos chicos se las hayan ingeniado para ganar últimamente algunos torneos cortos—, la reciente y anticipada coronación de Nacional en este Torneo Apertura no puede llamar a sorpresa. Como tampoco lo sería si, en unos pocos días, logra también el título de campeón uruguayo, a cuya definición ante Liverpool, ganador del Torneo Apertura, llegará con una fuerte ventaja por haber ganado también la Tabla Anual.

    ¡Cabe hacer un poco de memoria! El comienzo de Nacional en el certamen que acaba de ganar fue desafortunado, pues perdió sorpresivamente ante Deportivo Maldonado (curiosamente, el día anterior al arribo al país de Luis Suárez, quien a la postre habría de ser determinante para su obtención). A ello, habría luego de sumarse —ya con el concurso del gran goleador— la penosa eliminación en la Copa Sudamericana ante el modesto Atlético Goianiense. Sin perjuicio de ello, el equipo de Repetto fue sumando varias victorias al hilo en el Clausura, acechando al entonces puntero River Plate. Y en una de nuestras columnas sostuvimos que el tiempo de trabajo que su técnico ya había acumulado le había permitido al fin encontrar una formación bastante estable, sin perjuicio de las imprevistas transferencias de Marichal y Ocampo, que pudo disimular con un plantel parejo y de buen nivel. A lo que se sumaba, obviamente, el aporte en ascenso de Luis Suárez.

    Por su parte, Peñarol, que también había tenido un mal debut en el Clausura perdiendo ante Fénix, debió soportar la inmediata e intempestiva renuncia de su técnico Larriera, quien —visto a la distancia— pareció percibir prematuramente lo que después habría de suceder. Es que el aurinegro había traído un montón de jugadores, pero sin el nivel adecuado para paliar, aun parcialmente, el vacío enorme producido por el anterior éxodo de sus mejores futbolistas. Leonardo Ramos, sustituto de Larriera, con un anterior pasaje en el club, debió manejarse con un núcleo de jugadores que no había elegido y que en su gran mayoría tampoco conocía. A diferencia de su antecesor —que privilegiaba la tenencia de balón y el fútbol por ambas puntas—, el recién asumido optó por un juego más vertical y directo, pero sin conseguir siquiera una dosis mínima de eficacia para lograr concretarlo en la red adversaria. Probó distintas fórmulas partido a partido, sin conseguir el resultado esperado.

    Así las cosas, promediando el torneo, el clásico, el primero a disputarse en el remozado Gran Parque Central, vino a poner las cosas en su justo término. Aún con la cautela propia de tantos años de periodismo —en cuanto a que lo que se suponía en lo previo luego no se reflejaba en el resultado del partido—, Nacional revalidó esa tarde su condición de favorito, y no solo se quedó con la victoria, sino que impuso una neta y concluyente superioridad ante su eterno rival, que bien pudo haberse plasmado en un resultado final más abultado. El golero aurinegro postergó la caída de su arco hasta casi el final del primer tiempo y, en el arranque de la segunda mitad, el antológico gol de Luis Suárez inclinó definitivamente la balanza para el lado tricolor. Habrá de recordársele durante mucho tiempo por su intuición de ir acompañando, sin tocarlo, un balón que le llegó desde un profundo saque de banda y tomar contacto con él recién en la cercanía del área para clavarlo en un ángulo del arco aurinegro. Resultó ser, la de esa tarde, sin duda alguna, la exhibición de mayor nivel de parte del notable goleador celeste y una suerte de anticipo de la real diferencia existente entre un equipo y otro, que luego se iría consolidando en el resto del torneo.

    En la columna siguiente a ese clásico ya me permití señalar que Nacional apuntaba a “pelear por el Clausura” (competía por entonces por la punta con otros equipos), al tiempo que aventuraba que la chance de Peñarol en ambos torneos —incluida la Tabla Anual— “debe darse por liquidada”. No solo por estar ya muy lejos de su eterno rival, sino porque eran varios los equipos chicos que, a esa altura, lo superaban en puntaje. Y hasta avizoraba que, de no elevar su nivel —y con las menguadas armas de que disponía— “hasta puede peligrar su acceso a alguna de las tradicionales copas continentales”.

    Los hechos posteriores confirmaron los pronósticos. Avanzado el torneo Nacional se situó al tope del Clausura, y otro tanto —aunque con un holgado margen ante sus más cercanos perseguidores— ocurría con la Tabla Anual. Sin embargo, en la última columna referida a ese tema (en la primera semana del mes en curso y a solo cuatro fechas para su culminación) se mencionaba la racha de varios partidos en que Nacional no podía ganar, con un bajón muy pronunciado respecto a su rendimiento anterior. Empero, sus dos escoltas más cercanos, River y Deportivo Maldonado —en especial el primero—, se encargaron a su turno de dilapidar su chance, dejando un montón de puntos por el camino. Tanto que con dos victorias consecutivas —la última ante un Cerrito ya descendido— y un rendimiento apenas satisfactorio, Nacional se quedó con el Apertura a falta de una fecha por disputar. Y también con la Tabla Anual, lo que le da un plus cuando deba definir el título de campeón de la presente temporada ante Liverpool, ganador del Apertura (le basta con un triunfo en la serie final). Tuvo el plantel más completo y un técnico que supo sacar el mejor provecho de sus dirigidos. Y, “de yapa”, a un Suárez desequilibrante, aunque esté aún lejos de su mejor condición física.

    En lo que hace a Peñarol, tocó fondo, y no solo en su rendimiento dentro del campo de juego. Perdió un montón de puntos —la mayoría en su reducto del Campeón del Siglo— pagando tributo a la absoluta falta de criterio, al momento de conformar el plantel para la presente temporada. Ninguno de los futbolistas que incorporara tuvo un rendimiento medianamente aceptable. Y, aunque echó mano a varios promisorios juveniles, Ramos no pudo encontrar una integración más o menos confiable. Y para colmo de males, su último empate ante River le dejó anticipadamente servido el campeonato al tricolor. A una fecha del final aparece ubicado en el séptimo puesto, a 12 puntos del campeón. Y en la Tabla Anual la diferencia con el ganador Nacional es de… ¡20 puntos! A esta altura ya quedó afuera de la próxima Libertadores y deberá contentarse con jugar la Copa Sudamericana. O —como un flaco consuelo— apostar las pocas fichas que aún le quedan para ganar la devaluada primera edición de la flamante Copa AUF Uruguay. Y lo más preocupante aún es que la “barra brava” aurinegra ha anunciado públicamente que ¡ya no banca más!