N° 2072 - 21 al 27 de Mayo de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 857 de Antel está fuera de servicio. Ya no responde más a las llamadas de burócratas, sindicalistas, políticos, ni gerentes privilegiados. Ahora atiende la sensatez, quien responde con austeridad. Por eso despidieron a su novel presidente al pretender presupuestar a 857 personas, cuando el país demanda achicar el gasto del Estado.
Resulta difícil esperar otra actitud de quien se considera “de la casa”, ya que hace 25 años trabaja en el ente, al que ve como “un milagro de las telecomunicaciones” y desea que “esta empresa sea más grande, más sólida, más fuerte y esté creciendo orgánicamente en ese ecosistema”.
El presidente Luis Lacalle Pou fue muy claro y contundente cuando les comunicó a todos los nuevos jerarcas públicos que debían moverse con extrema austeridad, ya que recibió un país peligrosamente endeudado, que gasta más de lo que recauda y donde han ingresado miles de empleados públicos innecesarios.
Uruguay tiene que hacer de una buena vez por todas “la madre de todas las reformas”: la reforma del Estado. La misma implicará cerrar reparticiones sin sentido, focalizar los recursos en las actividades absolutamente esenciales y reducir la cantidad de “relaciones contractuales” que ya superan las 300.000. Y esto incluye a los 857 candidatos a enquistarse en el Estado por los siglos de los siglos. No amén.
Pero esta reforma no puede quedar en manos de quienes viven o han vivido del Estado. Como bien dice la letra de la canción criolla El Corralero: “Como pretende que yo / Que lo crie de potrillo / Clave en su pecho un cuchillo / Porque el patrón lo ordenó”. El “patrón” Luis Lacalle Pou ordenó ser austeros. El presidente de Antel no lo fue. Demostró no estar a la altura de las circunstancias y fue inmediatamente despedido.
El mensaje enviado fue contundente: el verdadero liderazgo se centra en principios y con esos principios no se transa. De nada valen las amistades, los parentescos, las presiones políticas o sindicales. Esto hace la diferencia entre países, organizaciones, familias o personas que entienden que tienen un propósito, una misión y un sentido a darles a sus acciones.
Si bien cesaron inmediatamente al presidente de Antel, deberían seguir igual suerte todos los gerentes que acompañaron con su firma esta nefasta resolución.
Y allí habrá que evaluar —con cautela, pero con igual firmeza— a los gerentes de recursos humanos, jurídica, finanzas u operaciones, para ver qué argumentos utilizan para incrementar la ya abultada plantilla de 7.000 empleados de Antel, con estas nuevas incorporaciones.
No es momento de seguir regalando privilegios. “Se acabó el recreo” ya no es una frase de campaña. Es una realidad. Enhorabuena.