Nº 2152 - 9 al 15 de Diciembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Trust only those who stand to lose as much as you” (Confía únicamente en aquellos que se exponen a perder tanto como tú) es un dicho anónimo al que se recurre en forma frecuente en cursos sobre liderazgo y trabajo en equipo. Es una afirmación muy certera, surgida de la sabiduría popular, que reconocemos como imprescindible para la vida laboral y también la personal. Por eso no confiamos en lo inmaculado del Estado, como nos quieren vender algunas corrientes ideológicas.
El dicho nos vino a la memoria al definir el abordaje del editorial de esta semana. El punto de partida fue la información brindada por Búsqueda en su última edición, referida a la decisión del Directorio de Ancap de reclamar al expresidente de esa empresa Raúl Sendic que devuelva parte del dinero gastado en decenas de compras que efectuó con la tarjeta de crédito corporativa mientras fue su titular, y por las cuales ya fue condenado por peculado a nivel judicial.
Pero no nos queremos quedar solo en el caso Sendic. Esta es una buena oportunidad como para explorar la posibilidad de llamar a responsabilidad a todos los jerarcas de gobierno que de una manera u otra han participado en el dispendio de los recursos del Estado. La lista sabemos que es bien extensa, incluyendo a dirigentes de distintos partidos políticos, y probablemente sea imposible inventariarla.
El problema es que muchos integrantes de los distintos gobiernos actúan como si los dineros del Estados fueran de todos y de nadie. Los manejan sin responsabilidad y sin tener en cuenta que todos los uruguayos pagarán por sus desatinos, a diferencia de lo que ocurre en el sector privado, donde los fracasos van derecho al bolsillo de los directamente involucrados.
El tema es muy relevante, pero es muy difícil lograr un cambio en este terreno cuando se trata del Estado y eso ocurre en gran parte del mundo. Da un poco de impotencia reconocer que la naturaleza de nuestras instituciones gobernantes son así, sin la responsabilidad final y real sobre las consecuencias de malos manejos de las finanzas.
Esa falta de responsabilidad personal es esencialmente la que deriva en un gasto público por encima de los ingresos, lo que a su vez nos obliga a endeudarnos y, como dice el liberal de moda en la vecina orilla, Javier Milei, recurrir al “robo” de aumentar impuestos llevando a niveles insoportables de carga fiscal al sector productivo.
Lo explicaba Milton Friedman en una de sus últimas presentaciones públicas: “Si tienes un emprendimiento en el mercado privado y fracasa, la única manera de seguir adelante es buscar en tu propio bolsillo, con lo cual tienes un fuerte incentivo para cerrar el proyecto”. En cambio, “si comienzas un emprendimiento similar en el sector público y fracasa, tienes una mucho mejor alternativa, en lugar de sacarlo de tu bolsillo lo sacas de un bolsillo mucho más profundo, el de los que pagan impuestos, de los contribuyentes. Puedes convencer al gobernante de que es una cuestión de escala que se soluciona con más presupuesto y normalmente lo consigues”.
El economista liberal ganador del premio Nobel creó con base en eso un nuevo aforismo: “Si un emprendimiento privado fracasa, se cierra. Si un emprendimiento del gobierno fracasa: ¡Se expande!”. Desafió además a los que dudan a que busquen un ejemplo opuesto.
Las formas del gobierno están construidas así, nunca tendrán las urgencias del sector privado. Saludamos a aquellos gobernantes que actúan con seriedad, acotan el gasto todo lo posible, y cumplen con el mandato constitucional y sus leyes. Pero no son todos, ni mucho menos. Los demás se abrazan al Estado, que no está hecho para que le brindemos nuestra confianza, volviendo al refrán del principio. Por eso, lo mejor sería acotar a ese mismo Estado a su mínima expresión necesaria. Así nos evitaríamos muchos de estos problemas.