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    Sin rumbo ni credibilidad

    N° 1858 - 10 al 16 de Marzo de 2016

    Las cámaras empresariales tienen muy poco peso en la sociedad uruguaya. Parecen un cero a la izquierda. No marcan la agenda del debate nacional en casi ningún tema. ¡Y vaya si tienen temas donde opinar con propiedad!

    En cambio, sus archirrivales del PIT-CNT tienen claro lo que quieren hacer y lo hacen: darles cada vez más poder a los trabajadores e imponer la sociedad socialista mediante la lucha de clases (la vieja retórica marxista).

    Los representantes de los empresarios no tienen un plan de largo plazo para defender el mejor sistema para el desarrollo de la actividad empresarial genuina: el libre mercado. Han preferido invertir su tiempo en hacer lobby para buscar beneficios, prebendas, protecciones, negocios con Venezuela y Ancap, o conseguir el tan ansiado “préstamo blando” del BROU.

    Y así les va. La imagen del empresario en Uruguay es mala. Y no por culpa de los empresarios mismos (cuya inmensa mayoría gestiona pequeñas y medianas empresas que luchan honestamente por su lugar en el mercado), sino de las cámaras que los representan ante la opinión pública.

    La mayoría de sus directivos son muy malos comunicadores; no tienen un plan a largo plazo para defender el rol del empresario en la sociedad ni la perseverancia para seguirlo; les encanta codearse con quienes estén en el poder, pero también les temen. No sea cosa que por criticar al gobierno los dejen afuera de esa atractiva licitación o reciban la siempre incómoda visita de los inspectores de la DGI. Por eso callan. O como les gusta definirse a ellos mismos: “Tenemos un perfil bajo”. Por esto mismo, nadie los conoce ni son referentes para ningún ciudadano.

    Las cámaras empresariales siempre han jugado en sus propias canchas, cada una atendiendo su juego, como Antón Pirulero. Son pocas las veces que se las ve juntas y, cuando lo hacen, lo hacen mal. Una de esas pocas veces fue cuando se juntaron para postular por un canal de TV digital. Perdieron 5 a 0. Y como no tenían muy claro para qué querían tal canal, abandonaron rápidamente el proyecto de tener un medio para comunicarse con la sociedad y así “poder explicarle a doña María y don José, qué es una empresa, qué es un empresario y que no somos los malos de la película”, como bien me decía un ex dirigente.

    Pero el PIT-CNT no bajó los brazos ante tal iniciativa y ahora salen con un programa en VTV con la finalidad de “dar una imagen distinta a la de la central que se pelea con el gobierno” (Búsqueda Nº 1.856), ya que “al PIT-CNT le preocupa particularmente la situación ‘paradójica’ de tener una ‘baja aprobación social’ al mismo tiempo que alcanzan el nivel más alto de afiliación en la historia, con cerca de 450.000 trabajadores sindicalizados”.

    A las cámaras empresariales parece no importarles nada de esto; y si les importa, han demostrado ser muy inoperantes en hacer algo útil al respecto. Dudo que la cantidad de socios haya aumentado pero no dudo de que su imagen pública haya caído. Luego se quejan (como en su último comunicado “conjunto” del pasado 19 de enero) del aumento injustificado de las tarifas públicas, donde manifiestan: “Las gremiales empresariales han planteado insistentemente durante los últimos años la pérdida constante de competitividad en la actividad productiva privada, sustento de la economía de nuestro país. La situación denunciada lejos de revertirse se agudiza año a año”.

    Esta es la demostración más cabal de su fracaso. Nadie les leyó el comunicado. Ni se los leen “durante los últimos años”. A pesar de que lo “han planteado insistentemente”. Nadie los toma en cuenta. No tienen credibilidad social porque no han trabajado para tenerla. Así que a pagar las cuentas monopólicas de luz, agua y teléfono, más bien calladitos.

    Como dice Friedrich Hayek: “Los políticos son como corchos en el agua y el agua es la opinión pública. Ningún político va a tener éxito en cambiar las políticas estatistas, hasta que el público esté convencido de que hay una mejor alternativa”.

    Los empresarios no tendrán ninguna chance de que Uruguay recorra la senda de un menor estatismo, de menores tarifas públicas, de menor “costo país” y de mejores políticas liberales para abrirnos al mundo, si no logran explicar convincentemente las bondades del mercado, de la empresa y del empresario.

    No basta con sacar un comunicadito cada tanto o colgar un documento académico en la web, que ni sus propios socios leen. Tendrán que remangarse para remar por los próximos veinte años. Tendrán que darles a sus socios los argumentos lógicos para rebatir los argumentos irracionales de los enemigos de la empresa y del libre mercado. Y tendrán que hacerlo en cada empresa y con cada empresario; como bien lo hacen sus rivales del PIT-CNT. ¿Tendrán la convicción para hacerlo? ¿Tendrán el coraje?

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