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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace algunas semanas el Sr. Presidente Mujica informó que nuestro país estaba realizando las gestiones correspondientes para recibir a niños huérfanos sirios refugiados en Libia. Éstos se encuentran allí como consecuencia de la guerra civil que se libra en diversos territorios de Siria y que ha obligado a gran número de familias a huir hacia territorios más seguros.
En principio se habló de un número de 100 niños, pero como es habitual en nuestro presidente cuando habla sobre algo debemos esperar la variable, el complemento o la acción en contrario de lo expresado; a los pocos días manifestó que era de interés del gobierno uruguayo que junto con los niños huérfanos también vinieran familiares y personas mayores acompañándolos sin especificar el número.
Con nuestro Sr. Presidente habitualmente tengo más puntos de desencuentro que de contacto, pero en esta oportunidad que estamos hablando de niños víctimas de guerra, apoyo esa iniciativa, pero quiero también expresar algunas puntualizaciones que yo y otros ciudadanos creemos que es importante tener en cuenta.
Desde que el hombre existe ha habido guerras. Las primeras habrán sido con palos, piedras u otros elementos, intentado matar y destruir a sus enemigos y con ellos arrasar sus culturas. En la medida que el tiempo trascurrió los instrumentos de guerra se fueron transformando en más sofisticados, más mortíferos y con capacidad de causar mayores daños a mayor número de personas, pero pese a su modernidad tienen el mismo original defecto de las primeras armas: luego de disparadas no discriminan, destruyen, hieren y matan indistintamente, y desde siempre los grandes damnificados fueron quienes eran más indefensos, los más pobres, los más débiles, las mujeres, los viejos, los enfermos y sobre todo los niños; por esa razón todo lo que se haga para ayudarlos tiene mi apoyo.
Ahora bien, creo que es necesario precisar qué tipo de ayuda daremos y a quiénes alcanza. Para los niños no habría inconveniente: el Estado dispone de organismos que pueden hacerse cargo y estoy seguro de que muchos ciudadanos habrán de colaborar diligentemente para que esos niños puedan recuperarse prontamente dejando atrás las malas experiencias vividas. En cuanto a la posibilidad de incorporar personas mayores a ese contingente de niños, los uruguayos debemos saber con precisión a quiénes vamos a recibir, qué antecedentes tienen, qué profesiones, especialidades o en qué actividades se han desempeñado para poder insertarlos en nuestra sociedad; por supuesto será importante saber si pueden ser portadores de enfermedades que puedan ocasionar problemas mayores. Y sobre todo analizar de qué forma incorporarlos cuando provienen de grupos formados con filosofías diferentes, creencias religiosas y sistemas sociales tan diferentes al nuestro.
Es importante que los funcionarios que representan a nuestro Estado les hagan saber que se van a integrar a una sociedad donde no existen discriminaciones sociales, de género, ni de religiones; y sobre todo, informarles que las mujeres tienen los mismos derechos y obligaciones que tienen los hombres; que ellas pueden elegir con quien casarse sin que nadie se los imponga, que no están obligadas a vivir en reclusión ni ocultarse bajo velos y que pueden circular solas por las vías públicas, pasear por parques o playas, andar en bicicletas, manejar vehículos, practicar deportes, estudiar lo que quieran o aquello por lo que sientan vocación, reír y divertirse igual que cualquier otro ciudadano, sin que nadie las moleste ni las tache de inmorales por hacerlo. En una palabra, serán totalmente libres.
Es importante, además, que sean distribuidos en diferentes departamentos, ciudades y barrios, que les permitan incorporarse en forma más rápida, más natural y más efectiva, que impida la creación de “guetos” que los hagan sentir como naciones dentro de otra nación que no sienten suya.
Uruguay siempre ha recibido inmigrantes de diversas partes del mundo y sus descendientes no son menos uruguayos que otros. Esperemos que esta experiencia también resulte positiva para quienes llegan y para quienes los habremos de recibir.
Arturo Sica
CI 919.704-0