• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Sobran los motivos

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2205 - 22 al 28 de Diciembre de 2022

    Una mujer joven está parada sobre la caja de una camioneta en medio de una manifestación, se arranca el velo que la cubre y lo agita sobre su cabeza, lo arroja al suelo. Es joven, viste jeans ajustados, tiene el pelo oscuro y largo y una tijera en la mano derecha. Corta la melena, muy corta, mientras la multitud grita y aclama el gesto. Estamos viendo una imagen de la revolución femenina que sucede ahora mismo en Irán, el fuego cuya chispa encendió la muerte de Mahsa Amini, una kurda de 22 años que murió tras ser detenida por la Policía de la Moral en Teherán, por violar la ley que exige que las mujeres se cubran el cabello.

    Muchos afirman que esta revolución es el resultado de la llamada “guerra híbrida” que Occidente libra con el país. El canciller de Irán, Hosein Amir Abdolahian, dijo que Estados Unidos y otros países han alentado los disturbios y agregó que “buscan crear el caos en Irán”. Según el ministro, el objetivo de la Casa Blanca es obligar a Teherán a hacer concesiones en la renegociación del acuerdo nuclear de 2015, denominado Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), por el que se le había dado al país un alivio en las sanciones económicas a cambio de frenar su programa nuclear.

    El concepto de guerra híbrida, además de complejo, es relativamente reciente en su formulación. Podemos decir que se trata de un conjunto de acciones hostiles contra un rival geopolítico, aprovechando sus vulnerabilidades y con el objetivo de debilitarlo desde adentro. Se realiza a través de acciones combinadas: presión diplomática, ciberataques, manipulación de la información a través de medios y redes sociales, presión económica, financiación de insurgencias o terrorismo, incluso de migraciones dirigidas. Algunas versiones dicen que países prooccidentales difundieron al mundo la idea de las manifestaciones pacíficas en Irán, aunque en varias ciudades los disturbios fueron violentos, y que se impulsa una agenda de “cambio del régimen” religioso por uno laico, con el fin de presionar al gobierno en el PIAC.

    El Ministerio de Inteligencia y la Organización de Inteligencia del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán emitieron una declaración conjunta señalando que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés) de Estados Unidos “desempeñó el papel principal” en fomentar los disturbios, en estrecha colaboración con los servicios de espionaje del Reino Unido, de Israel y de Arabia Saudí.

    Tal vez la acusación no sea un despropósito, no sería la primera vez que las presiones obligan a un país renuente a suscribir cláusulas de un tratado. Pero ¿la financiación exterior de las protestas haría menos válidos los motivos que las originan? La asimetría de los derechos de las mujeres, la falta de libertades, los encarcelamientos, las ejecuciones. Porque lo cierto es que van dos meses de revueltas, hay 416 muertos a noviembre, de acuerdo a la cifra divulgada por Iran Human Rights, y habría miles de detenidos sin juicio ni condena. Si pensamos que Occidente y sus aliados financian una guerra híbrida contra Irán, habrá que plantearse también que la estrategia estaría concitando adhesiones de los propios iraníes, tal vez demasiadas, y no es difícil imaginar por qué. Sobran los motivos.

    No faltan ejemplos de la injusticia del sistema, y solo mencionaremos algunos, sin ánimo taxativo.

    Las mujeres iraníes necesitan el permiso de su padre o marido para viajar, tener pasaporte, estudiar o trabajar, y este permiso puede ser revocado en cualquier momento.

    Tienen vedado el acceso a 80 carreras que se imparten en 30 universidades distintas. La lista de carreras limitadas al sexo femenino va de Ingeniería a Física Nuclear e Informática, pasando por Literatura Inglesa, Arqueología y Negocios.

    Hay segregación entre los sexos obligatoria en el transporte público, las playas, las piscinas, los bares, los restaurantes y las celebraciones.

    Tienen prohibido cantar y bailar en público y presenciar fútbol. No pueden aparecer en anuncios publicitarios.

    Valen, por ley, la mitad que un hombre en caso de accidente o muerte.

    En una corte, el testimonio de una mujer también vale la mitad que el de un hombre, porque “las mujeres son muy emocionales y pueden cambiar rápidamente de opinión”.

    Si van acompañadas de un hombre, su interlocutor se dirigirá a él.

    Heredan la mitad que sus hermanos varones.

    No pueden usar tatuajes, extensiones de pestañas, bótox, uñas acrílicas (sí, parece que dichos adornos estarían especialmente legislados).

    Los datos relativos a vestimenta y largo del cabello ya los conocemos: pelo, brazos, piernas, ni hablar del resto del cuerpo, son considerados pecaminosos para la Sharia o ley islámica, aunque en la práctica y en las grandes ciudades como Teherán adolescentes y jóvenes están desconociendo y desafiando expresamente las prohibiciones. Ignoramos si tal relajamiento de las normas obedece a que el gobierno es más permisivo de lo que suponemos o a que la Policía de la Moral ya no tiene recursos para enfrentar tal cantidad de disidentes. Si se tiene en cuenta la cantidad de condenados a muerte, 11 según Amnistía Internacional, y a los dos ya ejecutados, todos acusados de “enemistad con Dios”, nos inclinamos por la última.

    ¿Ha habido entonces injerencia externa en la rebelión de las mujeres iraníes? ¿El dinero norteamericano o británico o israelí financia la revolución de los velos? Es difícil saberlo, la guerra híbrida es también una guerra en la que el atacante no aparece frontalmente y, por eso, resulta difícil de identificar. De todas formas, sea por obra de un complot externo o de una revolución espontánea, están cayendo algunas de las restricciones impuestas en los albores de la revolución. Dicen que hoy en Irán se ve maquillaje y esmalte de uñas, que hay velos y gabardinas de colores, cabelleras al viento, que hasta se tolera que las mujeres anden en bicicleta (!).

    Asimismo, con cabello al viento y quizá con más maquillaje las mujeres siguen siendo ciudadanas de segunda en la República Islámica de Irán, siguen sometidas a una legislación medieval que valora a las personas de acuerdo con su sexo y, con financiación de Occidente o sin ella, les sobran los motivos para continuar en el camino y conquistar los derechos arrebatados: heredar en condiciones de igualdad, valer lo que vale un hombre, regir su propia existencia.

    // Leer el objeto desde localStorage