El informativo de la noche estaba por terminar, y Fortunato no podía creer que todavía no se había quedado dormido, como de costumbre.
El informativo de la noche estaba por terminar, y Fortunato no podía creer que todavía no se había quedado dormido, como de costumbre.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos avisos de los candidatos a la Intendencia lo tenían patilludo, y las noticias, desde que Mujica se semirrefugió en su feudo del Cerro Norte y ya no opina de todo lo que sabe y de lo que no sabe, están de lo más chauchas.
El informativista, cerca del cierre anunció que, tras el informativo, el canal estrenaría una nueva serie de producción nacional con un nuevo súperhéroe, que haría las delicias de los telespectadores de todas las edades.
—“¡Qué horario para estrenar una de superhéroes, con lo bueno que sería que la pasaran en horario infantil!” —pensó para sus adentros Fortunato, y aprovechando que todavía no tenía tanto sueño, aunque ya empezaba a parpadear, se quedó a ver de qué se trataba.
Después de todos los anuncios promocionales de rigor, arrancó la peli.
Las primeras imágenes lo desconcertaron a Fortunato, porque tuvo la impresión de que el informativo empezaba de nuevo.
El senador Pablo Mieres saliendo de su despacho en el Palacio Legislativo, impecablemente vestido, como siempre, dirigiéndose al estacionamiento donde tenía su vehículo particular, al que sube y se dirige hacia el norte de la ciudad.
—“¿Qué es esto?” —se preguntó Fortunato restregándose los ojos —“¿estoy soñando ya, o sigo despierto?”.
Mieres se va a aproximando a la Avenida Garzón, cerca del archifamoso Corredor Garzón, foco de críticas, autocríticas, comentarios, y, sobre todo, de terribles accidentes.
Ve desde su auto en marcha cómo, a pocos cientos de metros, un grupo de peatones se apresta a cruzar, y la descoordinación de los semáforos, unida a la falta de visibilidad, determina que dos autobuses, que circulan en sentido contrario, van a aplastar a los peatones, y seguramente luego chocar de frente entre sí.
El senador Mieres detiene su auto. Se baja y se mete en una casilla telefónica. Una vecina lo ve mientras él se empieza a quitar la ropa, prenda por prenda, y ella se toma la cabeza porque cree estar frente a un pervertido exhibicionista.
Pero no. Debajo del traje gris, camisa celeste y corbata al tono, aparecen un uniforme y una capa violeta, con una “S” amarilla en medio del pecho.
Mieres sale de la cabina, alza su brazo centroizquierdo con el puño apretado, y levanta vuelo al grito de “¡Superpaul al servicio de la Humanidad!”.
La gente se arremolina junto al Corredor Garzón, mientras el superhéroe agarra en un apretado abrazo a los peatones que iban a ser atropellados, los deposita sobre la vereda, y vuelve a interponerse entre los dos autobuses, frenándolos con su súper fuerza, evitando así la trágica colisión que se venía.
Fortunato ya no sabía si soñaba o aquello era de verdad una nueva serie de aventuras.
Pero Superpaul no estaba para perder el tiempo.
Levanta nuevamente vuelo, hasta llegar a uno de esos basurales gigantes que Novick exhibe, y que Lucía y el Pelado ignoran o esconden.
Baja a toda velocidad sobre las toneladas de desperdicios, y las comprime con fuerza entre sus potentes brazos de acero, transformándolas en abono orgánico en cubos, de uso inmediato en la fertilización de suelos agrícolas.
Las gaviotas que revoloteaban junto a las montañas de basura le hacen escolta, mientras Superpaul se aleja en busca de nuevas acciones útiles para la Humanidad.
Era ya la “hora pico”, y la Rambla estaba imposible de transitar, llena de automóviles que se acumulaban en interminables filas, lentamente movilizadas por unos perezosos semáforos semi incoordinados. Mucho nervio, bocinazos, insultos, impaciencias acumuladas, y frustración entre los automovilistas.
Superpaul se lanza desde el aire hacia el pavimento, eligiendo un cruce en el que no estaban pasando vehículos, porque estaban frenados por una luz roja.
Se introduce en el subsuelo, y con su fuerza y poderes incontenibles, genera una vía subterránea pavimentada e iluminada, y paralelamente crea unas rampas de desvío, con lo que los automovilistas comienzan a descender al nuevo túnel de circulación, descomprimiendo situación en la superficie.
¡Superpaul había duplicado la capacidad vial de la Rambla!
Los automovilistas descendían de sus vehículos y lo vivaban, lo aplaudían, y él desde el aire, con su capa violeta al viento, los saludaba y marchaba rumbo a otra súper tarea.
Al verlo llegar, una cantidad de hurgadores que extraían basura de contenedores al lado de sus carritos con sus cansados y famélicos matungos, gritaron “¡es un pájaro! ¡No!, ¡es un avión! ¡No!, ¡es Superpaul!” —y daban gracias al cielo por la aparición del gestor de las causas nobles.
Superpaul tomó uno por uno a los caballos de los carritos, y les implantó alas iguales a las de Pegaso, aquel mitológico equino volador. Gracias a eso, los carritos desaparecieron de la circulación vial, trancando calles y avenidas, y, con sus enormes bolsas llenas de basura, volaron por encima de las cabezas de todos los ciudadanos, llevando los desperdicios a los vertederos, sin interrumpir más el tránsito.
Tras eliminar varios asentamientos, construyéndoles viviendas con sus súper poderes a sus humildes moradores, Superpaul volvió al sitio donde había dejado estacionado el auto. Se volvió a vestir con traje y corbata dentro de la casilla telefónica donde habían quedado sus ropas, y se subió al auto, partiendo raudo para no llegar tan tarde a un encuentro con Iván Posada y los cuatro afiliados del Partido Independiente de Flor de Maroñas.
A pocas cuadras de haber arrancado, lo detienen unos inspectores municipales, por exceso de velocidad.
Como esta historia ya la había vivido, el senador Mieres le pide al inspector que se identifique.
—“Cómo no, señor, aquí está mi carnet. Soy el agente Braulio Kripto Nita” —dijo el chancho.
—“¡Zás! ¡Soné otra vez!” –murmuró el senador. “Contra este no puedo usar mis superpoderes…”.
A esa altura Fortunato ya dormía, y no pudo avisarle a su esposa que había un nuevo superhéroe en nuestro firmamento.