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    ¿Quién dijo que faltaban ideas?

    En una palabra, los cuidacoches de Colonia serán, desde ahora, unos delincuentes comunes

    Uno de los temas que apasionan a la opinión pública y a los políticos de todos los partidos (además de otros, como si hay que cavar o no un túnel por debajo de 18 de Julio, si las 340 páginas del plan de seguridad del Ministerio del Interior son un tratado de seguridad pública que llenaría de admiración a Hans Kelsen o, de lo contrario, una acumulación de lugares comunes copiados de folletos viejos, sin ninguna operatividad práctica, o si las encuestas sobre la popularidad del gobierno son la prueba de que está fracasando o se trata de encuestas compradas por la oposición para atacar impunemente al gobierno) es el tema de los cuidacoches.

    A lo largo y a lo ancho del territorio nacional, las juntas departamentales analizan y discuten el tema, y —como primer caso concreto de una acción de fondo sobre el tema— toman medidas radicales.

    Tras varias sesiones en las que el debate llegó al extremo de llamar “aporofobia” (desprecio al pobre) a la discutida actividad, pasando por defenderla como servicio social para luchar contra el desempleo, por considerarla un caso de mendicidad compulsiva y agresiva y por la necesidad de terminar con ella, la Junta Departamental de Colonia propuso hace unos días prohibirla total y absolutamente, transformándola en un delito pasible de ser perseguido de forma judicial. Y la intendencia aprobó la iniciativa.

    En una palabra, los cuidacoches de Colonia serán, desde ahora, unos delincuentes comunes.

    La discusión fue tan acalorada que de ella surgieron las más diversas ideas para tomar en cuenta a los desprotegidos ciudadanos colonienses, quienes de ahora en adelante tendrán que ganarse la vida por otros medios. Una de ellas (y no es broma) fue la de transformar a los cuidacoches en guías de turismo. La idea proviene de la oficina del Ministerio de Desarrollo Social de Colonia, que está poco menos que en sesión permanente para buscarles a los muchachos del “gire despacio hacia atrás, así, así, ¡tanto no!, ahí frene” funciones de ciudadanos útiles en otros ámbitos sociales. Se trataría de reunirlos y darles unos cursos sobre la historia de Colonia, sus lugares históricos, y lanzarlos a la calle a orientar a los turistas, en vez de mangar a los automovilistas.

    Se comenta que la iniciativa ha sido recogida por otras intendencias departamentales, que ya se han puesto a pensar, primero, en prohibir la cuestionada actividad y, después, buscarles un ámbito laboral de utilidad y servicio.

    Se dice por ejemplo que la Intendencia de Artigas proyecta transformar a los cuidacoches en agentes comerciales internacionales, oficialmente autorizados. Se discute en la Junta Departamental cuáles serían los detalles de esta ingeniosa iniciativa, entre los cuales estaría la de fijar un monto máximo del bagayo (para no estimular el contrabando, actividad que horroriza a los artiguenses, sean del partido que sean). El tema es que haya, digamos, un monto máximo de 5.000 pesos semanales por persona, y que los nuevos agentes comerciales posean un chaleco reflectivo y un carnet de pase libre por las aduanas con su foto e impresión digital, y su bagayo a cuestas. Todo un alivio para los que de proseguir con su actividad de mendicidad agresiva cuidando coches, tras la eliminación de esta despreciable actividad, se transformen en delincuentes.

    En la Junta Departamental de Lavalleja, por ejemplo, se analiza la posibilidad de transformar a los cuidacoches en recolectores de cobre. Es sabido que esta lucrativa actividad no solo le reporta pingües ganancias a los que roban cables en instalaciones eléctricas, sino que incluso ha costado la vida de más de un audaz que se ha aventurado a extraer cobre de centrales eléctricas sin las necesarias precauciones.

    Pues bien. Prohibida la actividad de cuidacoches, se abrirá un registro para que los excuidacoches interesados aprendan cómo extraer cobre de los cables tendidos en el departamento. Obviamente, se limitará la actividad con un máximo de 5 kilos de cobre por mes, y será llevada a cabo por operadores con chalecos y calzado especiales aislados, para evitar descargas eléctricas. La Junta Departamental considera que de esta manera se legalizará una actividad hasta ahora clandestina y peligrosa, la cual además cooperará para que nuestro país, que no tiene ni un gramo de cobre en su territorio, siga siendo un importante exportador del preciado metal en el ámbito internacional. Búsquenlo en Google y van a ver.

    El problema más grave se centra en Montevideo, ya que los cientos o miles de cuidacoches muchas veces están registrados de manera oficial y cuidan con respeto los autos, pero muchas otras veces se trata de delincuentes que hacen que cuidan los coches y, cuando el dueño se va, le rompen el vidrio o le roban lo que hay dentro, otros más que exigen un pago previo en actos públicos como el deporte o los recitales, y al pobre que se niega al chantaje ni se imagine cómo encontrará su vehículo al retornar.

    Siguiendo la onda expansiva de derogar la actividad de cuidacoches, aquí la solución sería eliminar el registro de los que hoy están oficialmente registrados, ya que su actividad ha sido declarada clandestina, y prohibirles actuar a los cuidacoches clandestinos. Así se transformaría a los primeros en reparadores de vidrios de auto rotos, chapistas especialistas en reparar carrocerías rayadas o abolladas y gomeros expertos en pinchaduras de neumáticos, y seguirán ganándose la vida de forma digna. Los clandestinos seguro seguirán actuando, porque en Montevideo está prohibido tirar basura fuera de los contenedores, romper las veredas, “colgarse” de los cables de luz para la iluminación clandestina y hasta la de “afanar” las conexiones de la TV por cable, y sin embargo todo ello sigue ocurriendo como si nada. Por ello, la Junta Departamental analiza coordinar ambas actividades, de manera que quienes encuentren sus autos dañados puedan pedir que sean reparados por los excuidacoches legítimos, que ya no existirán más.

    Una realista aceptación departamental del pragmatismo resignado que afecta a la capital, donde los que cumplen con la ley son castigados por la impunidad de los que no lo hacen, y sin embargo, en el caso de los cuidacoches clandestinos, igual seguirán pidiendo una moneda “por haberle cuidado el auto”.

    Y no se te ocurra negársela.

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