N° 2050 - 12 al 18 de Diciembre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAplicar políticas de Estado en las relaciones exteriores es una obligación de cualquier gobierno; el presidente electo Luis Lacalle Pou dijo estar dispuesto a cumplirla. Diferente es asumir pacíficamente que un partido, a través del Estado, haya armado un batallón de diplomáticos-militantes mientras proscribía a otros.
El Partido Nacional acaba de frenar en el Senado las venias de los embajadores para Italia (Raúl Pollak) y Gran Bretaña (Valeria Csukasi). El Poder Ejecutivo tiene discrecionalidad para proponer embajadores. La cuestión es otra. El diputado blanco Pablo Abdala, integrante de la Comisión Permanente, destacó en El Observador que durante una transición esas designaciones requieren “pausa y reflexión”.
Abdala lo fundamentó: la decisión del gobierno saliente “condiciona al próximo”. Habría que “mantener a estos funcionarios durante cinco años o tomar (después) otra decisión (sacarlos del cargo y regresarlos a Montevideo), lo que no sería deseable”.
Las venias de Pollak y Csukasi parecen destinadas a naufragar. El artículo 168 de la Constitución establece: “Si la Cámara de Senadores o la Comisión Permanente no dictaran resolución a los sesenta días el Poder Ejecutivo prescindirá de la venia solicitada”. La de Pollak ingresó a la Comisión Permanente el 16 de octubre y el plazo vence este domingo 15. La de Csukasi ingresó el 31 de octubre y vence el 30 de diciembre. Si el Poder Ejecutivo las reitera las deberá considerar la nueva Cámara de Senadores que asumirá el 15 de febrero con mayoría de los partidos coaligados.
Tanto Pollak (director de Asuntos Políticos de la cancillería) como Csukasi (directora de Asuntos de Integración y Mercosur) son diplomáticos de carrera pero también militantes frenteamplistas.
Pollak ha sido ejecutor de la estrategia exterior del gobierno de respaldo a Venezuela y a su presidente, Nicolás Maduro. Basta con revisar su Facebook y su Twitter. Cuando a comienzos de este año 21 diplomáticos retirados cuestionaron públicamente la política del gobierno sobre Venezuela, Pollak volvió a ser su instrumento. Dirigió una carta a los integrantes de AFUSEU (el gremio de los diplomáticos) para que respaldaran una embestida contra esos críticos formulada por su correligionario Bruno Faraone, embajador en Austria, también militante impune en redes sociales.
Lo más reciente ocurrió cuando el presidente Tabaré Vázquez calificó con las máximas notas a Matías Estathiou, un funcionario del grado más bajo del escalafón diplomático que cumplía funciones como su secretario personal. Integrantes de la Junta consideraron que era imposible calificarlo por su escaso tiempo que desempeñó en su cargo. Pollak dio su conformidad y argumentó —convenientemente se lo hizo conocer a Vázquez— que no tenía la facultad de contradecir al presidente de la República.
Con Vázquez apretando el acelerador, Estathiou pasó de cero a 100: desde la semana pasada es el nuevo cónsul uruguayo en Chicago. Los cónsules y otros diplomáticos de menor jerarquía no requieren venia. Basta el dedo. El gobierno los ha distribuido en el mundo en función del interés de sus integrantes o de los compromisos sectoriales.
Csukasi se ha desempeñado con eficiencia en tareas técnicas de negociaciones comerciales en Ginebra y en Bruselas. Cuando el ministro Rodolfo Nin Nova la designó directora le cometió las negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea. Paradoja: ahora la propuso como embajadora en un país que, debido al Brexit, abandonará la Unión Europea.
Aunque conocida por sus pares como afín al Frente Amplio no lo había manifestado explícitamente. A mediados de octubre decidió hacer méritos y apostar a su futuro. Intervino como expositora en un acto con disfraz académico de la campaña política de Mario Bergara y del Frente Amplio. La presentación decía: “Mario Bergara Senador” y los nombres de la fórmula presidencial Daniel Martínez y Graciela Villar. Asistieron Nin Novoa, los ministros Víctor Rossi, María Julia Muñoz y Liliam Kechician, el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, y el excanciller Enrique Iglesias al que Bergara le vendió gato por liebre. Clara militancia partidaria de Csukasi con el respaldo de Nin Novoa.
Hay asuntos en que las comparaciones no son odiosas. A mediados de 2018 Nin Novoa destituyó como director de Relaciones Internacionales al embajador de carrera Álvaro Moerzinger. Le imputó estar “haciendo política”. Había participado de una reunión privada con un grupo de especialistas que confeccionó el documento Aportes para una estrategia de política exterior destinado a Lacalle Pou. El ministro lo acusó en un comunicado de violar el estatuto del servicio exterior.
No es el único caso. Los exembajadores de carrera Agustín Espinosa y Juan José Arteaga denunciaron que el ex director general de la Secretaría de la cancillería Carlos Amorín los proscribió para actividades académicas en el Instituto Artigas de Servicio Exteriores. Ambos eran firmantes de la carta de los 21 y han tenido destacada actividad académica particular.
Amorín avaló en mayo un concurso fraudulento para que ingresara al servicio exterior el hijo de Ana María Bombau, embajadora en Panamá desde 2014, quien pasó de funcionaria administrativa a diplomática por su adhesión al Movimiento de Participación Popular. Cuando el escándalo estalló en El Observador Amorín se dio vuelta como un panqueque: “Yo no fui”. Sin mencionarlo le atribuyó la responsabilidad al embajador frenteamplista Alberto Guani, director del Instituto Artigas.
El gobierno le retribuyó a Amorín ese y otros favores prestados al proponerlo como embajador en Naciones Unidas. De mirar para el costado en una trampa concursal pasó a la elite diplomática mundial.
Hace algunos días Ernesto Talvi aseguró que cuando sea ministro de Relaciones Exteriores no quiere un ministerio de la “venganza”, (…) tenemos que cerrar la grieta política y la social” (Búsqueda Nº 2.045).
La pureza de un deseo ante una realidad compleja. Una cosa es venganza y otro una revisión auditora de los destinos y ejercer su derecho para la limpieza. Durante los gobiernos de los últimos 15 años el servicio exterior se preñó de militantes del partido de gobierno con diversa jerarquía.
Está claro que Talvi va a caminar sobre un terreno minado tanto adentro del Palacio Santos como en países de los cuatro puntos cardinales del globo y en los organismos internacionales. Alguien debe regalarle un GPS para evitar las zancadillas.