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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDe don José Hernández:
El trabajo es la ley
porque es preciso adquirir.
No se “espongan” a sufrir
una triste situación,
sangra mucho el corazón
del que tiene que pedir.
Debe trabajar el hombre
para ganarse su pan,
pues la miseria en su afán
de perseguir de mil modos
llama a la puerta de todos
y entra en la del haragán
Por estos días, y luego de recibir algunos “mensajes” incoherentes y “desnorteados” —se escribe desnortados—, por no decir de contenido tóxico, me pareció de recibo y de oportunidad que, sin nombrar al emisor de los mismos, comentara algunos de ellos, en un intento de analizar tanta cizaña sembrada, vaya a saber con qué fines… aunque uno lo presume.
El susodicho vocero de las contradictorias manifestaciones afirmó hace unas semanas que nosotros, los uruguayos, teníamos patente reconocida de ser medio holgazanes y que al laburo le sacábamos el cuerpo siempre que podíamos. Más o menos ese fue el palabrerío utilizado por esa figura folclóricamente equivocada de por vida, como tantos otros de sus confundidos seguidores.
Después, pasadas unas cuantas jornadas y olvidando sus repudiadas declaraciones (clamor emitido por los que doblamos el lomo para ganar el sustento), elaboró y difundió lo que produce su trasnochado intelecto, ya de facultades visiblemente agotadas si es que alguna vez las tuvo. Y más o menos afirmaba, con su despectivo e injurioso vocabulario, su desdén por aquellos que, por juntar algún dinero, trabajaban en más de un laburo… y bla, bla, bla.
No puedo dejar pasar por alto el ultraje gratuito a todos aquellos que no tienen la oportunidad de contestar como yo puedo hacerlo, luego de haber sido malamente tildados o encasillados por este “filósofo” mareado y carente de los callos que las herramientas del trabajo honesto han formado en nuestras manos en el correr del tiempo.
A mí no me hizo callos el gatillo, por decir algo… los tengo de la azada y de la mancera de un arado Oliver Nº 7.
Y cuando escribo sobre herramientas de trabajo como esas y tantas otras, por la enorme diversidad de oficios honrosos, me acuerdo de mis padres, de profesión docentes, que volviendo de la escuela donde sembraban para las mentes infantiles la mitad del día, en la otra mitad sembraban la fecunda tierra de un pequeño campo arrendado para dar futuro a sus cinco hijos.
¿Qué habría sido de nuestro destino si en ese pasado mis ejemplares progenitores no hubieran tenido dos ocupaciones?
Y al igual que el maestro y la maestra, como les decían los vecinos a mis sacrificados padres, los hay, gracias a Dios, aún, miles de uruguayos que se desloman en varios trabajos para darle a sus hijos un futuro alejado de la miseria, de la droga y del manipuleo vergonzoso y explotador de algunos líderes que sueñan con sojuzgar, embrutecer y esclavizar a sus pueblos.
¡No es, no señor, por codicia, que se laburan 12 o 14 o 16 horas por día! Es para progresar dignamente y dejar una oportunidad superior a los descendientes de cada uno. Es para ofrecer un ejemplo de vida alejada del ocio, de los vicios, del delito.
Yo sé, claro, que para entender mi comentario, hay que tener bien definida dónde está la frontera que separa dos mundos tan diferentes como el suyo y el mío.
Mas, como la Historia nos ha enseñado a lo largo de los siglos, la escoba barre.
Yamandú Rodríguez Velázquez
CI 3.883.119-2
Coronilla (Rocha)