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    Thanksgiving Day, ¿agradecerle a quién?

    N° 1793 - 04 al 10 de Diciembre de 2014

    Cuenta la tradición que el Día de Acción de Gracias se celebra en los Estados Unidos desde 1621, un año después que llegara el Mayflower para formar una colonia en Plymouth. Parece que ese primer año la cosecha fue muy mala y murieron muchos colonos, pero al siguiente, con la ayuda de los indígenas, las cosas mejoraron y para celebrar que se había terminado la hambruna, decidieron agradecerle a Dios por tales bendiciones.

    Pero en realidad no se trató de ningún “milagro divino” lo que permitió obtener una excelente cosecha, sino el abandono de un sistema socialista y colectivista, por uno que promovía el desempeño individual.

    En efecto, en el manuscrito “History of Plymouth Plantation”, William Bradford (gobernador de la colonia) cuenta que los colonos pasaron hambre y que muchos de ellos preferían robar antes que trabajar la tierra, puesto que no tenían estímulos para el esfuerzo individual, ya que “todas las ganancias y beneficios que fueran obtenidos a través del comercio, tráfico, transporte, producción, pesca o cualquier otro medio” debían ser compartidos con la colonia, y “todas las personas, en tanto miembros de la colonia, debían obtener su carne, bebida, vestimenta y todas las provisiones del stock común”. Es decir, regía un sistema socialista y esto era lo que provocaba escasez, hambre y muerte.

    Continúa Bradford su relato diciendo que “los jóvenes que eran más capaces y estaban en mejores condiciones para trabajar” se quejaban de ser forzados a “emplear su tiempo y fuerzas para trabajar para las esposas e hijos de otros hombres. (…) El hombre fuerte, talentoso, no obtenía en la división de víveres y ropas nada diferente del que era débil” o haragán.

    Pero a partir de la cosecha de 1623 las cosas cambiaron. Cuenta Bradford que ese año “en lugar de escasez ahora Dios les dio abundancia. (…) No hemos tenido pobreza ni hambrunas desde entonces”. ¿Es que acaso Dios se había apiadado de estos colonos y les “regaló” abundancia y riqueza? No. Lo que sucedió fue que el gobernador Bradford le otorgó a cada familia un lote de tierra y permitió que cada uno se quedara con el fruto de su esfuerzo y comerciara el resto. Este fue el “milagro”: la sustitución del socialismo por el capitalismo.

    Y este mismo espíritu inspiró a don José Gervasio Artigas cuando estableció el Reglamento para el Fomento de la Campaña y la Seguridad de sus Hacendados (más conocido como Reglamento de Tierras de 1815), que “obligaba“ a “los agraciados por el señor alcalde provincial (…) a formar un rancho y dos corrales en el término preciso de dos meses, los que cumplidos, si se advierte la misma negligencia, será aquel terreno donado a otro vecino más laborioso y benéfico a la provincia”.

    Lo que hay que celebrar en el Día de Acción de Gracias es el tener derecho a ganarse la vida de la forma honrada que uno quiera, sin pedirle permiso ni rendirle pleitesía a nadie. Es agradecer la posibilidad de valernos por nuestros propios medios y no tener que trabajar forzadamente para otros, sea una empresa o sea un tirano.

    No debemos agradecer nuestra ventura a las fuerzas de la naturaleza, ni a la del Estado, ni a las corporaciones, ni a un patriarca, sino a cada individuo en uso de su razón y sus facultades que, tomando sus propias decisiones, crea, innova y libera su espíritu emprendedor para crear riquezas para él y su entorno. A eso debemos decirle ¡gracias!

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