Nº 2155 - 30 de Diciembre de 2021 al 5 de Enero de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSerá esta la última columna del presente año. Un 2021 que, por las razones harto conocidas, ha sido muy particular para la inmensa mayoría de las actividades, el fútbol entre ellas. Y, como ocurre habitualmente, el momento puede ser propicio para hacer un repaso o balance de lo ocurrido en dicho lapso. Algo que —por las antedichas circunstancias— ha presentado facetas muy singulares.
Respecto a nuestros clubes, los dos equipos grandes han tenido trayectorias casi inversas. En la actividad local, lo primero para señalar es la inédita circunstancia de que, en esta oportunidad, se definieron dos campeonatos uruguayos, el del 2020 y el propio del año en curso. En el primero, apenas disputadas unas pocas fechas del Apertura, este debió ser suspendido por la irrupción de la pandemia y recién pudo reanudarse en el mes de agosto, aunque en condiciones muy singulares: sin público en las tribunas y bajo un muy estricto protocolo sanitario impuesto a todos los protagonistas. Rentistas se quedó merecidamente con ese torneo tras ganarle la final a Nacional. Llegó luego el Intermedio, con Nacional y Wanderers como finalistas, aunque la definición debió postergarse hasta enero de este año y fue el tricolor el triunfador en la definición por penales. El Clausura fue obtenido por Liverpool, por lo que la instancia de semifinal se dirimió entre dos equipos chicos y Rentistas la ganó por penales, asegurándose la condición de finalista ante Nacional, que se había asegurado la Tabla Anual. El torneo uruguayo del año 2020 vino a definirse recién en abril del 2021, habiendo ganado el equipo tricolor las dos finales y obteniendo el Campeonato Uruguayo por segunda vez consecutiva. De más está decir que Peñarol fue el gran ausente en esas instancias definitorias, fracasando estrepitosamente en los dos primeros torneos del año anterior, aunque —ya con Larriera al frente del equipo— repuntó en el Clausura, escoltando al campeón Liverpool. Por otra parte, ese tercer lugar en la Tabla Anual también lo dejó fuera de la Copa Libertadores.
En un fútbol bipolar, como es el nuestro (más allá de que sendos equipos chicos obtuvieron los torneos cortos de la temporada anterior), el tema predominante de la afición fue la inocultable oposición entre el lógico anhelo tricolor por lograr el “trienio” y el opuesto interés aurinegro por impedirlo. En el casi inmediato arranque del torneo Apertura de este año, Nacional aparecía con un panorama más auspicioso que su eterno rival. Contrató a Alejandro Capuccio, laureado en Rentistas, para poner fin a la “calesita” de técnicos iniciada en el último tramo del año anterior, a lo que sumó el nombre rimbombante de Andrés D’Alessandro y a su menos notorio compatriota Leandro Fernández. Sin embargo, Capucccio no logró estar a la altura de lo que de él podía esperarse y fue cesado, quedando Ligüera como DT interino. La actuación del equipo fue apenas discreta y solo se sostuvo por la seguridad de Rochet en el arco y la implacable contundencia goleadora de Bergessio. Peñarol, en tanto, mostró a Mauricio Larriera mucho más afianzado en su renovado estilo de juego, basado en un prolijo y extendido trato de pelota en varios sectores de la cancha. Sin embargo, al equipo aurinegro le costó definir varios cotejos en los que fue claro dominador de las acciones, no pudiendo evitar que Plaza Colonia —con individualidades de valía y experiencia y un técnico muy capaz como Espinel— se alzara merecidamente con el primer título del presente año.
Por la paralela actividad internacional de la selección, esta vez no hubo torneo Intermedio y todo vino pues a definirse en el Clausura. Nacional (con Ligüera ya confirmado como técnico) siguió sin encontrar una formación estable y menos aún una línea de juego definida. Y para colmo de males se quedó sin Rochet, lesionado, con un D’Alessandro intrascendente, jugando apenas unos pocos minutos, y un Bergessio mal asistido por sus compañeros pero también lejos de exhibir la letal efectividad de otrora. En consecuencia, los resultados favorables escasearon y paralelamente fue mermando la sólida ventaja que tenía en la Tabla Anual. Y en tanto ello acontecía, en Peñarol el despliegue en cancha era ostensiblemente superior. Sin embargo —más por una inesperada defección aurinegra que por méritos propios—, a una fecha del final del torneo, Nacional tuvo en sus manos (y la dilapidó de un modo poco creíble) la inesperada chance de ganar el Clausura y, paralelamente, también la Tabla Anual. No le quedó pues otra alternativa que esperar en la última y decisiva fecha que una casi imposible victoria de Sudamérica frente a Peñarol le devolviera esa chance malograda. Y, aunque contra todo pronóstico ello estuvo a un tris de acontecer, un inimaginable y agónico doblete de Trindade le permitió al aurinegro llegar a la victoria y así quedarse muy merecidamente con el segundo torneo del año. Como lo dijimos en una columna anterior, no debió haber sufrido tanto, pues fue por lejos el mejor equipo del torneo. Y algo muy similar volvió a ocurrirle en el partido definitorio ante Plaza Colonia, el campeón del Apertura. Aunque hizo mucho más méritos que su rival, no pudo doblegarlo en los 90 minutos de juego, ni en el tiempo suplementario, por lo que la victoria y el título de campeón uruguayo le llegó agónicamente, en la “lotería” de la tanda de penales. Lo que había sido un mejor comienzo de Nacional a principios del año se transformó luego en un final triunfal para Peñarol. ¡Adiós al ansiado “trienio” tricolor y a arrancar la eterna cuenta de nuevo en la próxima temporada!
A esa merecida coronación local, debemos adicionarle lo hecho en el ámbito internacional, en donde el aurinegro arrancó dejando afuera a Nacional —en unas jornadas recordables por mucho tiempo— para acceder a la semifinal de la Copa Sudamericana, dejó por el camino a equipos de real fuste, como Corinthians, y tuvo alguna actuación como visitante que también habrá de recordarse. Es cierto que no pudo llegar a la final de dicho torneo, cayendo sin levante frente al poderoso Atlético Paranaense, pero igual superó por lejos lo muy poco que había realizado últimamente cada vez que debió salir a jugar al exterior en algún torneo continental.
Las consecuencias de esta disímil trayectoria entre ambos equipos grandes en el año que concluye son apreciables. Mientras Larriera aparece muy firme en la conducción del aurinegro, solo preocupado por que no se le vayan demasiados jugadores, Nacional volvió a cambiar de técnico (asumió Repetto en los últimos días) y la renovación es muy profunda, tanto que hasta su histórico goleador Bergessio ha debido armar las valijas y buscar un nuevo destino. Ahora habrá que ver cómo afrontan ambos los anunciados clásicos veraniegos (los que, pese a ser partidos amistosos, le han costado el cargo a algún técnico perdidoso).