N° 2026 - 27 de Junio al 03 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConforme avanzamos en el calendario, los uruguayos deberemos afrontar la tarea de elegir a quienes dirigirán los destinos del país por los próximos años.
Los partidos hacen sus esfuerzos por presentar con distinto grado de éxito sus propuestas para convencer a los electores de contar con su favor. Aquí empiezan algunas diferencias. Salvo el oficialismo, que cuenta con las cartas vistas porque domina el aparato estatal, el resto solo puede suponer lo que va a encontrar si llega al gobierno.
En términos generales, abundan las propuestas generalistas y que le tiran a todo. En principio, uno estaría de acuerdo con casi todo porque es un decálogo de buenas intenciones. ¿Quién no quiere más y mejor seguridad, educación y salud?, ¿quién no está de acuerdo con tener una Justicia eficiente y un sistema penal que eduque a las ovejas descarriadas?, ¿quién puede estar en desacuerdo con mejorar la competitividad de las empresas y apostar a la innovación como motor del crecimiento?
El asunto es cómo y con qué eficiencia se logran esos resultados. Si nos ponemos a analizar la historia reciente de Uruguay, ya hemos transitado por esas aguas llenas de promesas venturosas. Y hoy llegamos a la realidad donde hay situaciones diferentes en el sector agropecuario, que deberían darnos algunas pistas de qué prometer y qué no.
Lo que ocurre en la producción agropecuaria no es muy diferente a lo que pasa en la economía en general. Un país donde coexisten diferentes sistemas y éxitos o fracasos diversos. En Uruguay existe el mundo público que jamás se achica, siempre se agranda y vive en una realidad paralela. Del otro lado, los privados soportan solos todo el peso del ajuste.
En el agro es igual: hay sectores que marchan sobre ruedas y otros que se hunden en el pozo cada año un poco más. La forestación florece de la mano de una inteligente ley forestal que tuvo la visión de mirar muy lejos y lograr la economía de escala para existir en el mundo. Y eso trajo a las inversiones que para instalarse pidieron sus condiciones y Uruguay se las dio, a partir de exoneraciones de todo tipo. La ganadería funciona por su excelente inserción internacional y costos competitivos (por ahora), junto a una demanda pujante. Todo lo demás hace agua en distinto grado, con la mirada más o menos atenta del gobierno de turno, que hace poco por dar una visión estratégica al asunto del desarrollo agropecuario.
Naturalmente es poco práctico declarar al Uruguay agropecuario una gran zona franca para de esa forma ganar la competitividad que necesita el sector para salir adelante. Es simplemente cómo poder crecer de forma sostenible, sin vestir a un santo desvistiendo otro.
Sin perjuicio de que al que le toque gobernar no la va a tener nada fácil, espero que por el bien del sector las propuestas sobre cómo apuntalar a los sectores que tienen mayores dificultades en el agro se hagan mucho más concretas. Es justo decir que el sector no siempre tiene buena prensa o al menos es fácil de descalificar con argumentos simples. La sociedad uruguaya no se tiene que olvidar que al sector agropecuario se le perdonaron varias veces sus deudas y se lo trató con indulgencia mientras que en otros sectores de la economía nacional la regla era diferente.
A una sociedad que en los últimos 15 años tiene la tendencia a insistir que hay que repartir antes que crear bienestar, es difícil explicarle cómo una persona que vive en el campo y que tiene un patrimonio enorme en dólares no logra sacar de ello el sustento para mantener a su familia. En un país donde mucha gente sobrevive con ingresos de 15.000 a 20.000 pesos por mes es lógico que esas cosas no las entienda la mayoría.
Lo que me interesa que me respondan los que ganen el domingo 30 es cómo vamos a resolver el problema financiero de la agricultura, cómo le vamos a entrar al asunto del manejo de suelos de forma integral, cómo le vamos a poner el pie en el acelerador a la inserción internacional de nuestros productos y cómo haremos más barata la logística. Preguntas simples y respuestas concretas.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.