N° 1768 - 12 al 18 de Junio de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodos recordamos la comedia protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan titulada “Tienes un e-mail”, donde ella, dueña de una pequeña librería de barrio, ve amenazado su negocio ante la llegada de una gran cadena de librerías que se instala al lado de su local. Odia el estilo gerencial del director, pero sin saber que es él, mantiene una relación sentimental vía e-mail.
Similares enredos —pero en este caso no tan amorosos— están saliendo a luz con la publicación de los primeros e-mails intercambiados entre “el caballero de la derecha” y el dueño de Cosmo, que seguramente terminarán involucrando a varios personajes del gobierno nacional en el tristemente afamado “Plunagate”.
Esto debe llamarnos a tres reflexiones. Primero, el uso de los medios informáticos en la empresa (e-mail, mensajes de texto, comentarios en redes sociales, etc.), separando lo que es estrictamente laboral del uso personal que podamos darle a tales instrumentos.
Son pocas las empresas que establecen claras políticas sobre el uso de los medios de comunicación corporativos y esa carencia de pautas claras termina siempre en problemas. ¿Debe ser sancionado el empleado que usó el mail corporativo para enviar un correo con imágenes porno a sus amigos? ¿Puede ingresar a Facebook en la media hora de descanso, pero usando el computador de la empresa? ¿Corresponde descontarle las llamadas que hizo a la novia con el celular corporativo pero sin superar el límite de minutos que tenía asignados?
Un segundo tema atiende a la seguridad y privacidad de nuestras comunicaciones. Hoy en día, en un mundo híper conectado, prácticamente nada —tarde o temprano— escapa al conocimiento público. Sea por acción, por omisión o por descuido, nuestros más sagrados secretos pueden salirse por una hendija de nuestras ventanas informáticas.
Si bien hay que cuidar ciertos “secretos” empresariales, lo mejor es no tenerlos. Una cosa es guardar bajo tres llaves la fórmula mágica de la Coca-Cola y otra bien distinta es mantener ciertos indicadores de la empresa “pretendidamente” ocultos a los ojos de empleados o clientes. En Uruguay es un “secreto a voces” lo que ganan los empleados, pero el dueño quiere que esos datos no los conozca nadie. Paradójicamente, el MTSS exige tener la planilla de trabajo “exhibida” al público, donde figura nombre, cargo y sueldo, “a efectos de poder ser consultada por sus trabajadores”. Lo mismo sucede con los índices de satisfacción de clientes, quienes se expresan libremente en las redes sociales, pero la empresa no lo mide con encuestas fidedignas. Y ni hablemos de los resultados financieros. Un tabú del tamaño del monte Everest.
A esto se agrega el temor a la informática. Como la mayoría de los responsables en las empresas Pyme (y no tan Pymes) no entienden de tecnología, por eso mismo le temen y terminan postergando la incorporación de herramientas informáticas en la empresa o implementando soluciones muy ineficientes.
El tercer punto, y seguramente el más importante, es el que refiere a la integridad. Los individuos y las empresas que actúan con transparencia, con dignidad y que son personas de buenas costumbres, no tienen de qué preocuparse si los miran tras bambalinas. Verán lo mismo en el fondo que en el frente. Hacen lo que dicen y dicen lo que piensan. No les molesta que lean sus mails, ni que les tomen fotos mientras almuerzan en un restaurante.
Cuando de profesionalizar la gestión de una organización se trata, no hay dudas de que hay que contar con personas capacitadas, darles la estructura y el soporte logístico y tecnológico adecuado, pero por sobre todas las cosas, hay que darles integridad, valores firmes y un claro propósito.
Esto es tarea de los auténticos líderes. Los que no temen al enviar ni al recibir un e-mail.