• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Tiranía de la suave tutela

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2185 - 4 al 10 de Agosto de 2022

    No sin abuso de ingenio pero con mucha exactitud, Bastiat caracterizó al Estado como una ficción basada en última instancia en una acumulación de oportunismo cobarde y errores peligrosos sobre las finanzas sostenibles. Se refería no al Estado necesario y mínimo que permite edificar la libertad y seguridad personal sin otro límite que la libertad y seguridad del prójimo, sino al Estado de bienestar o socialista o simplemente omnímodo de cualquier signo, que termina siendo el lugar común de la política en uso. Este tipo de Estado, signo del discurso central de la modernidad que abarca por igual a marxistas, demócratas no liberales, oportunistas sin más registro que sus apetitos, se apoya abierta o subrepticiamente en la clásica postulación que planteó Hegel en sus cursos de Filosofía de la Historia, en la Universidad de Berlín: “Solo en el Estado el hombre tiene existencia real. Toda educación apunta a que el individuo no permanezca subjetivo, sino que se vuelva objetivo en el Estado. (...) Todo el valor que tiene el hombre, toda la realidad espiritual, la tiene únicamente por el Estado. (...) La naturaleza del Estado es la unidad de la voluntad general objetiva, la voluntad subjetiva se releva en la medida en que renuncia a su especificidad”.

    Frente a este empuje debemos reconocer que las fuerzas de la libertad son débiles; el mayor número invariablemente se encuentra en el bando del mayor mal. Hoy y en los tiempos de Hegel (aunque quizá hoy más que nunca) se verifica una suerte de alineación universal que recorre el espectro de la oferta política desde las formulaciones más cautas o timoratas de las derechas hasta las perversiones más afinadas de la izquierda. Y asimismo se ha demostrado con creces —asesinándole la ilusión a más de un incauto— que la venerada democracia representativa no puede hacer absolutamente nada al respecto, porque está visto que la representación no cura sino que en todo caso parece avivar, estimular, esta carencia. Toda la optimista apuesta por clases mejor formadas, por una cultura que favorezca el conocimiento o el pensamiento crítico fue un gran fiasco, pues cuando se trata de cuestiones de distribución los representantes del pueblo generalmente “mejor educados” no votan más racionalmente que la mayoría menos educada del pueblo. Un aumento de la racionalidad política a través de la representación y a través de la “iluminación política” a través de un sistema educativo dominado por el Estado es una noción idealizada de los intelectuales que creen en la primacía de una política inspirada por ellos. Lo bueno de la tragedia es que no hay sorpresas; el fracaso lo tenemos asegurado.

    El Estado del bienestar ha sido y es el veneno lento que se ha llevado los mejores esfuerzos de varias generaciones donde sea que se ha enquistado. En el origen de esta maldición sostenida tenemos dos fuentes: una que se quiere torcida y otra que superficialmente podemos simplificar como bien intencionada. La raíz de la peor versión es el deseo del Estado autoritario de gobernar sobre sujetos obedientes y dóciles, que no solo confían en los servicios del Estado del bienestar sino que resultan tan patológicamente dependientes que ya no es exagerado hablar de una adicción. La adicción se caracteriza por el deseo dañino de siempre exigir más y más y los síntomas de abstinencia ocurren bajo la forma de violencia o resentimiento cuando el flujo que sostiene el vicio se queda sin fondos.

    La otra fuente del Estado de bienestar es quizás la más peligrosa, por parecer más benévola. Supone que la mayoría de las personas necesitan temporalmente protección y orientación, y que deben ser conducidas gradualmente a un estado de mayor libertad a través de la maternal asistencia del Estado. Esta variedad “emancipadora” del Estado de bienestar es increíblemente atractiva porque se presenta bajo la apariencia de una libertad favorable a las personas y a los sueños que se le fueron inculcando.  Los graves fracasos de esta suave tutela en la dirección de la libertad se explican por el hecho de que se ha hecho muy poco del bien y se ha producido un daño tal vez irreparable en la estructura moral de las personas, a las que se las convenció de su incapacidad para construir destino si no es con la ayuda de la administración, con el corazón generoso de los gobernantes, con el concurso de los votos, con la legitimación constante de la elite política y sus privilegios.

    // Leer el objeto desde localStorage