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    Torre de Babel

    Por Lector

    Sr. Director:

    En el relato del libro del Génesis, Yahveh castiga a los hombres por su soberbia, confundiéndoles el lenguaje, de manera que no pudieran entenderse.

    Pues, tal parece que los hombres nos la estamos arreglando solitos para no entendernos. En este caso, la confusión no viene por el lenguaje (que es una consecuencia), sino por el pensamiento (y por el emotivismo que lo está desplazando).

    Lo que sigue se basa en una entrevista periodística. No interesa el nombre de la persona. Lo relevante es conocer qué piensa, a partir de cómo ve la misma realidad que nosotros vemos.

    Para ella, el corazón de toda realidad humana es la existencia de “la contradicción capital-trabajo, (…) una contradicción que puede explicar todas las otras desigualdades que existen (...)”.

    En la humanidad hay “un modelo de acumulación capitalista” con un elemento fundamental: el “modelo patriarcal”.

    A su vez, “la acumulación capitalista se basa en el tráfico de personas” en “el racismo y la colonia”.

    No sorprende, entonces que, cuando se le pide a esa persona que describa cómo se identifica y cómo identifica al partido en el que milita, lo hace por la negativa (frontal y cargada): “antioligárquicos y antimperialistas”, “antipatriarcales y antirracistas”. Cuando le preguntan sobre el feminismo, responde que todavía no lo tiene claro. En ese tema, falta “dar la discusión” y para ello, “tiene que haber una propuesta transfeminista”, pero que no sea “construir un feminismo transexcluyente”, ni tampoco, “un feminismo blanco, liberal, hegemónico...”, tampoco “abolicionista”. Como que también hay que discutir el “punitivismo feminista”. Todo clarísimo.

    Pero sigue: todo ese smorgasbord debe analizarse en el marco de “una posición contrapuesta entre el capital y el trabajo”, que “para adentro de los feminismos de izquierda están interesantes...”.

    Hay más, pero lo anterior es suficiente para preguntarnos: ¿cómo hace esta persona para mirar la realidad, para captarla? Claramente no sigue el proceso común de percibir hechos y luego razonar a partir de ellos, inductiva o deductivamente.

    Su realidad se construye dialécticamente a partir de premisas asumidas (¿repetidas?) como obvias y necesarias. De ahí, quizás creyendo que siguen a Marx (dudo que sepan de Hegel), se zambullen en su hobby preferido, la discusión, para concluir proclamando síntesis dogmáticas.

    El caso tomado parece pasado de alambicado, pero no difiere en sí de muchas cosas que oímos frecuentemente. Por ejemplo, las que se proclaman al ocupar liceos (los docentes) o de pretender doblegar al directorio de un ente (últimamente OSE y Ancap), para que arrugue de asumir la obligación de manejar la empresa, haciendo inversiones necesarias o terminando con las absurdas que pierden plata a chorros. Por similares carriles se niegan realidades, como la necesidad de adaptar la edad de retiro al mundo real o las distorsiones que genera el mecanismo de negociar salarios y condiciones de trabajo, en períodos fijos, por ramo de actividad y con participación del gobierno (siempre imaginativa en temas de porcentajes y fechas a medida, disquisiciones sobre las relativas fortalezas empresariales y las diferencias entre lo transable y lo no transable). Todo el combo entretenidamente acompañado de paros, huelgas, proclamas y acusaciones, con términos de los que fascinan a la entrevistada.

    Todo eso habla de una realidad distinta a lo que uno ve, pero que es aceptada como dogma de fe por muchísima gente, mucho babeliano.

    ¿Cuántos creen que vivimos en una selva neoliberal, bajo un gobierno que privilegia lo financiero, fogonea al mercado salvaje, favorece la desigualdad, hace la vista gorda a la delincuencia y descuida la salud de la gente, al tiempo de hambrear a los docentes y a los jubilados?

    No pocos.

    ¡Qué difícil!

    ¿Cómo llegarle a quien, cuando mira, no ve lo que ve la gente normal: algunos altos, otros medianos y otros bajos; algunos más ricos, otros no tanto y otros que la pasan mal? Solo ve petizos, miserables e indigentes, aplastados y aprovechados por capitalistas, neoliberales, traficantes de personas, machistas, racistas, oligarcas e imperialistas. Todo bajo un gobierno que, si hace algo, lo que hace es insuficiente o tardío. Salvo las cosas que son, a la vez, tardías e insuficientes.

    Gobernar Babel: muy difícil.

    Ignacio De Posadas

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