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    Trabajo y materias primas

    Sr. Director:

    Ignorar el mercado laboral es no entender de justicia social. Del mercado de trabajo se dice que la tasa de desempleo abierto es baja y que hay gente que gana poco como si no fueran las dos caras de la misma moneda. Si creemos que alcanza con una baja tasa de desempleo nunca tendremos una estrategia de desarrollo que logre mejorar la distribución del ingreso y terminar con la segregación social. Ello porque poco desempleo y bajo ingreso a menudo van juntos: si en una familia nadie gana ni cerca de lo necesario para que la familia sobreviva, entonces todos sus miembros tienen que trabajar en lo que puedan, aun en actividades de pésimo rendimiento, con tal de ayudar a “parar la olla”. En el Uruguay de hoy son los trabajadores mal pagados los que explican la baja tasa de desempleo abierto.

    No podemos seguir exportando solo bienes primarios sin procesar o con mínimo procesamiento. Ganan los dueños de la tierra que ha quintuplicado su valor y el monto de su arrendamiento, y también quienes trabajan tierras arrendadas con valores antiguos. También hay mejores empleos que nunca para ingenieros agrónomos, veterinarios y otros técnicos asociados a la modernización, así como muchos otros trabajadores agropecuarios. En las áreas urbanas donde viven y trabajan casi todos los uruguayos, ha habido notables beneficios para los que proveen las maquinarias e insumos para la modernización, y empleo para un grupo de empresas y su gente del área de servicios asociados a la creciente exportación agropecuaria: actividades de logística, financiamiento, comercio exterior, etc.

    Pero la encuesta de hogares del INE muestra que más de la mitad de nuestros trabajadores no han logrado insertarse en la bonanza primario exportadora porque la inmensa mayoría de lo que se exporta sale con nulo o casi nulo procesamiento. Así, la gran mayoría de los trabajadores del sector urbano privado solo consiguen trabajar en actividades de pequeño comercio y pequeños servicios que les procuran muy bajos ingresos y entonces explican tanto el estancamiento socioeconómico urbano como la brecha creciente entre los que encuentran espacio en el modelo y los que no, factor que agrava la violencia e inseguridad.

    Ignorar las consecuencias del tipo de esquema económico sobre el mercado laboral y, a través de este, sobre la distribución del ingreso y el bienestar, explica por qué hemos pasado de ser la excepción en un continente injusto a donde estamos hoy.

    Todos sabemos que un país chico necesita exportar. No pensar en el mercado laboral impide darse cuenta que se trata de exportar trabajo uruguayo.

    Para ello hay que invertir en la infraestructura exportadora, empezando por terminar con el mito de hacer un “puerto de aguas profundas” donde no hay protección contra el oleaje en pleno océano Atlántico (1). Hay que profundizar los actuales puertos y sus accesos, resolver cómo transportar a ellos bienes exportables sin destrozar las carreteras pensadas para que circulen vehículos más livianos, tener una banda ancha que sea “ancha” de verdad, terminar con la energía y el combustible más caros de la región, reducir la relación costo/productividad de nuestros salarios en términos de dólares y, muy especialmente, terminar con la pobreza franciscana de nuestras inversiones en los temas sociales: educación, salud, seguridad.

    Todo eso se puede iniciar si de verdad la inversión pública se financia con ahorros privados, la mayor parte de los cuales están en las AFAP, que están dispuestas a participar en el esfuerzo.

    Como ello reduciría el gasto público en varios puntos de por ciento del PBI se desvanecería el fantasma inflacionario y se reduciría el tamaño de la progresiva devaluación necesaria para reconstruir la competitividad perdida.

    Puede que no sea fácil, pero es de vida o muerte.

    En los proyectos público-privados (PPP) el potencial inversor no deberá lidiar con una burocracia que supone que él “viene a robarse la plata”. Y, como se hizo en Brasil entre 1999 y 2002, hará falta una unidad no burocratizada de promoción de exportaciones que empiece por mostrar a los potenciales exportadores qué se demanda en los países Tal y Cual, continúe por ayudarlos a adaptar su producción a los patrones allí demandados, y termine por apoyarlos con crédito y crear una “marca país” válida para promocionar la exportación de bienes industriales y servicios de alta calificación como ya se está haciendo esencialmente en las zonas francas.

    Lo demás se nos daría por añadidura.

    (1) Sí se puede hacer un tal puerto; pero el costo de las obras deja fuera de todo plan factible. No es por nada que no existe un solo puerto en el mundo que haya sido construido a partir de una playa arenosa y rectilínea: ¿a alguien se le ocurrió hacer el puerto de Montevideo en Rocha, o en la Costa de Oro o en Carrasco, o desde el principio se fueron al fondo de la bahía?

    Jaime Mezzera