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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa diplomacia uruguaya en el caso del Mercosur y Venezuela está mostrando un nivel de improvisación y falta de profesionalidad verdaderamente alarmante, ya convertido en tópico internacional. Pero aun, es la comidilla de gobiernos y gobernantes de la región. El exabrupto con que se descolgó el canciller Nin Novoa en una comisión parlamentaria acusando al gobierno de Brasil de querer “comprar el voto de Uruguay” puso a la diplomacia uruguaya en un nivel de bajeza pocas veces visto, precisamente allí donde las circunstancias requerían más que nunca de la discreción y el lenguaje sugerente.
Lo impropio y hasta grosero de las expresiones del ministro provocaron la inmediata respuesta del gobierno brasileño y la perplejidad de Argentina y Paraguay que, bien diplomáticamente, soslayaron el asunto. Pero quien no tardó en celebrarlo como un triunfo bolivariano fue el presidente Maduro: no solo se proclamó “estar en batalla” para defender el Mercosur, sino que también colmó de expresiones laudatorias a Uruguay y su presidente por “la fuerza moral” que demostraron. Cual bumerán, el exabrupto retornó convertido en laurel.
Conminado —y nunca mejor usado el verbo— de inmediato por Brasil a dar explicaciones, el gobierno uruguayo, una vez más, dio muestra de su pobreza argumental en el tema, despachándose con una declaración que abruma por su vulgaridad. Dijo la cancillería que “hubo un malentendido sobre la propuesta brasileña de realizar actividades conjuntas” y que “ahora ha quedado claro que la misma no guarda relación alguna con el traspaso de la presidencia”. Veamos qué quiere decir esto.
Quiere decir, en primer término, que la propuesta brasileña presentaba para Uruguay cierta ambigüedad interpretativa en cuanto podía vincularse con el traspaso de la presidencia en el Mercosur. Y que en la duda, el gobierno de Vázquez optó por prejuzgar intenciones y dijo “nos quisieron comprar el voto”, poniendo a Brasil en la picota internacional por lo censurable de su proceder, bien perfilado como abusivo. Diplomáticamente, un verdadero desastre, que no midió las consecuencias de todo tipo que, acusación tan tremenda, podría irrogar y que en algún momento han de llegar.
Viene a continuación un tramo de la declaración que no tiene desperdicio: “Ahora ha quedado perfectamente claro que la misma no guarda relación alguna con el traslado de la presidencia…”. O sea que, antes de la protesta, el ofrecimiento de Brasil se presentaba “oscuro”, por lo cual el gobierno uruguayo se inclinó por una interpretación maliciosa de los hechos, cuando bien pudo callar con mejor resultado para todos. Porque si ahora todo está “perfectamente claro” es porque antes no lo estuvo, circunstancia esta que en ningún caso autorizaba al canciller a proferir el exabrupto.
Severamente condicionado por la región en lo exterior y por los ermitaños del socialismo estadista, nostálgico del muro de Berlín, en lo interior, el presidente Vázquez agrega ahora a sus preocupaciones la amenaza siempre latente de ser alcanzado por la bocaza enorme de Maduro. Poco afecto a la exposición pública, espera que el toro pase de largo sin lastimarlo. No obstante, el bolivariano sigue firmemente instalado en el Mercosur, seguro de que nadie lo sacará y se proclama “en batalla” para defenderlo.
A estas alturas, bueno sería recordar que el verdadero origen de esta fritura internacional en la cual Uruguay está inmerso, se encuentra en la claudicación ignominiosa del entonces presidente Mujica, cuando Dilma Rousseff y Cristina Fernández le arrancaron su complacencia para suspender a Paraguay del Mercosur y despejar así el camino para el ingreso de Venezuela por la ventana.
Paraguay soportó estoicamente el oprobio de la suspensión sometido a la “vigilancia de la autoridad”, dio al mundo el ejemplo de unas elecciones libérrimas y recobró la plenitud de su soberanía, entonces hollada personalmente por el mismo Maduro. Ahora, firmemente plantado ante los insultos del autócrata y sus torpezas, da otro ejemplo de dignidad.
Dr. Jorge W. Álvarez