N° 2013 - 21 al 27 de Marzo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQuizás fuera más justo que esta columna refiriera a la inusual circunstancia de que un equipo menor como Fénix aparezca liderando (invicto y en solitario) el Campeonato Apertura cumplidas las cinco primeras fechas. Y que se resaltara como corresponde la labor de su siempre polémico técnico, Juan Ramón Carrasco, que hoy parece haber logrado que su equipo conjugue el fútbol atildado que invariablemente pregona con una muy alta dosis de efectividad. Sin embargo, en un ambiente altamente polarizado como el nuestro, el último fin de semana dejó como saldo un hecho imposible de soslayar.
Aún para el más desprevenido de los aficionados, la sustentabilidad de Eduardo Domínguez como técnico de Nacional pendía de un hilo (y bastante delgado, como luego se vio). Y una nueva derrota el reciente fin de semana, en el torneo local —en el que aún no pudo ganar y aparece último en la tabla de posiciones—, precipitó que la dirigencia tricolor dispusiera su cese y su inmediato reemplazo por Álvaro Gutiérrez. Desandando, quizás tardíamente, un camino equivocado, que no debió transitar.
No era secreto para nadie que la penosa actuación tricolor en este arranque del Apertura hacía presagiar una definición como la que finalmente aconteció. El cese de Domínguez ya estaba en la mente de algunos directivos tricolores desde la semana anterior y si no se concretó fue por la valiosa victoria ante el Atlético Mineiro por Copa Libertadores, que dejó a Nacional inmejorablemente posicionado (seis puntos en dos partidos) para clasificar a la ronda siguiente de ese torneo. Pero el nuevo y posterior contraste ante Danubio fue lo que tensó la cuerda hasta romperla.
¿Fue lógica esa decisión? ¿Era este el momento oportuno para tomarla? No es fácil responder a estas interrogantes. En una columna anterior señalamos la inconveniencia —en la complicada situación deportiva que atravesaba Nacional, tras una temporada muy mala— de contratar un técnico extranjero que, por lo demás, no ostentaba antecedentes medianamente valiosos. Quienes optaron por Eduardo Domínguez debieron tener en cuenta que el principal problema con el que iba a lidiar era su desconocimiento del medio en el que debería trabajar. A lo que se sumaba el hecho de que, por acuciantes necesidades económicas del club, debería hacerse cargo de un plantel prácticamente nuevo y de relativa jerarquía, y con muy poco tiempo como para que esos futbolistas —recién llegados al igual que él— pudieran conjuntarse debidamente. Más aún cuando varios llegaron lejos de su mejor condición física.
Al momento de definir responsabilidades, no se sabe bien si fue de exclusivo resorte del ahora cesado la elección de las nuevas incorporaciones, aunque por allí aparece la difusa figura del manager Iván Alonso. Pero lo cierto es que lo que se ahorró en sueldos se perdió en poderío. Y en especial se notó en demasía la falta de algunos futbolistas experientes, capaces de respaldar a los promisorios juveniles ascendidos recientemente. Un análisis objetivo de estas cinco primeras fechas del actual torneo indica que, pese a los varios cambios de hombres y de esquemas tácticos, la defensa tricolor fue un colador y recibió goles en todos los partidos. A lo que se sumó en algunos de estos (y el último fue un claro ejemplo de ello) la falta de puntería de los atacantes, incapaces de concretar en goles ciertos pasajes de circunstancial superioridad en el juego; lo que hasta pudo haber evitado el adverso resultado final. En ese marco tan complejo la conducción de Domínguez fue errática, sin lograr con el discurrir de los partidos un rendimiento medianamente aceptable de su equipo, que fue dejando punto tras punto por el camino hasta quedar relegado a la cola de las posiciones del actual torneo, prácticamente sin chance de pelear por el título e incluso bastante comprometido en la tabla anual acumulada. Así las cosas, el único cuestionamiento que pudiera hacerse a la directiva es por qué su cese no se dispuso antes.
Lo curioso del caso es que esa pésima actuación en el plano local contrastó con un muy auspicioso comienzo en la actividad internacional, con dos victorias al hilo (una de ellas como visitante) que muestran a Nacional en el tope de su serie. Lo que le abre una muy interesante perspectiva en lo deportivo y también en lo económico, atento a los muy suculentos premios asignados por la Conmebol a los clubes que logran acceder a las siguientes etapas de la Copa Libertadores. Aunque por lo visto, este logro parcial no resultó suficiente para que el técnico argentino se mantuviera en su cargo.
En esa difícil encrucijada la decisión de ofrecerle la vacante a Álvaro Gutiérrez parece ser la más acertada. Es que su nombre ya había sido considerado por la flamante directiva tricolor a fin del pasado año. Y las razones por las que hoy resultó unánimemente elegido son exactamente las mismas que se barajaron en aquella oportunidad. Que es un “hombre de la casa”, como jugador primero, luego como técnico de las formativas y por último dirigiendo el equipo principal. Que supo salir campeón uruguayo en la temporada 2014-2015, ganando el Apertura casi con un puntaje perfecto (perdió solo tres puntos en 45 disputados) y con un saldo altamente favorable en los partidos clásicos. Y que además se encontraba en nuestro país y estaba inactivo, tras trabajar los últimos años en el exterior. Por lo que bien cabe preguntarse por qué razón, al momento de elegir al técnico para la actual temporada, el fiel de la balanza se inclinó hacia otro lado. Mirado retrospectivamente: un grueso error de la flamante directiva, que se ha pretendido relativizar diciendo que el cambio de técnico fue solo un “golpe de timón” para rectificar el rumbo.
La tarea que le espera a Gutiérrez no será sencilla. Deberá dirigir un plantel que no eligió y que presenta grandes carencias (aunque indulgentemente lo calificara como “rico y con muchas variantes”). Lo más positivo es que cuenta con varios prometedores futbolistas jóvenes, que pueden consolidarse bajo su experta batuta. ¿Su primer objetivo?: empezar a ganar en el Apertura, aunque no tenga chance de obtenerlo (no solo por la amplísima ventaja que ya le sacó Peñarol, sino porque hoy está también por debajo del resto de los equipos, a excepción de Defensor). En el mejor de los casos deberá resignarse a que sean algunos de estos los que le den pelea al eterno rival, apostar a que este sufra algún nuevo traspié —como en la fecha pasada— y aspirar a la pasajera satisfacción de alguna victoria clásica. De todos modos, su meta mayor deberá ser la actividad internacional, procurando seguir avanzando hasta donde más pueda en la Copa Libertadores, sabedor de que una exitosa campaña en ese plano servirá para disimular la muy factible falta de logros en el ámbito local.