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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn su columna en El País del domingo 13 de noviembre próximo pasado, el Dr. Pedro Bordaberry, como ya nos tiene acostumbrados, hace gala de su erudición, fino sentido del humor y agudeza al observar los vaivenes del acontecer político nacional e internacional. El título de la columna “Dos caras” se refiere a la novela Misericordia, de Benito Pérez Galdós, y la parroquia de San Sebastián con sus dos altares mirando uno hacia los barrios bajos y el otro hacia el señorío mercantil, semejando las dos caras que algunas personas tienen. Dos caras parecen tener muchos que más que decir la verdad de lo que piensan dicen lo que algunos quieren escuchar. De esa forma se quieren asegurar votos y apoyos, dice don Pedro. Más adelante agrega: “El peligro es sustituir los principios y convicciones por la necesidad de contar con apoyos y votos”.
Por lo reciente, quizás un acontecimiento quedó en el tintero del Dr. Bordaberry, me refiero a que el 11 de noviembre el Poder Ejecutivo solicitó el beneplácito al Gobierno presidido por Nicolás Maduro de enviar al exintendente de Tacuarembó Eber da Rosa como embajador de Uruguay ante Venezuela, país donde la misión diplomática oriental se ha mantenido sin ese representante desde 2015 y su máxima figura es la de un encargado de Negocios. La otra cara de esa noticia, cual dios Jano, la tiene que el 15 de febrero de 2020, al término de una sesión de la Cámara de Diputados, el entonces presidente electo, Luis Lacalle Pou, dijo que no estaba dispuesto “a que en la asunción esté el dictador [Nicolás] Maduro”. Un senador por el Partido Nacional integrante de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Senadores dijo este viernes que la intención del Poder Ejecutivo de nombrar a un embajador en Caracas por primera vez en siete años “no es por afinidad ideológica, es por tratar de aumentar los mercados uruguayos”. Habría que recordarle a ese senador lo que dijo Artigas, nuestro héroe máximo: “No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad”. Acudo nuevamente a lo escrito por Bordaberry: “El peligro es sustituir los principios y convicciones por la necesidad de contar con apoyos y votos. Faltan a la verdad yendo por el atajo de decir lo que otros quieren escuchar y no aquello de lo que están convencidos es lo mejor. Por ese camino al llegar al gobierno se fracasa al no hacer lo que se prometió”.
La crítica puede no ser agradable, pero es necesaria. Ella cumple la misma función que el dolor en el cuerpo humano. Ella pone atención al mal estado de las cosas. Sir Winston Churchill.
Roque Gallego Curbelo