Esquela del Padre de la Patria. Habíamos participado en la peregrinación hasta la Fortaleza del Cerro de Montevideo en la noche del viernes de Semana Santa de 2011. Una tenue e intermitente llovizna acompañó la concurrida marcha.
Esquela del Padre de la Patria. Habíamos participado en la peregrinación hasta la Fortaleza del Cerro de Montevideo en la noche del viernes de Semana Santa de 2011. Una tenue e intermitente llovizna acompañó la concurrida marcha.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la cima se despejó el panorama; iluminados barrios trabajadores, el puerto luciente, la ciudad brillante por las luminarias.
El frescor que dejaron esas tenues garúas más las invocaciones de la concurrencia, nos regalaron un místico goce.
El volver fue distinto. Caminando el descampado que rodea la Fortaleza, nos vimos sorpresivamente muy solos entrando en calles de este pujante barrio descansando ya en silencio, el que forjó los hoy dormidos frigoríficos para la pecuaria que recuerda el Escudo de la Patria.
Llegamos al fin de la calle Grecia, contentos de la visita y con ansias de ver de día ese estoico mirador patrio, y todo su contorno. Y así fue.
Visitando la Fortaleza de Montevideo el sábado 14 de abril pasado tuvimos una maravillosa vista de la ciudad y su ampliado puerto, y una muy grata recorrida interna de las murallas y su rosario de cañones sobre ruedas de madera dura calzadas en acero.
Está abierto al público el excelente museo; sus cuadros, láminas, banderas, cartas del prócer, de caudillos, de los generales. Hay una valiosa colección de armas de todo calibre, señeras de las guerras en las campañas de cien y más años atrás.
Sentir tan valiosa historia y, en eso, ver encuadrada una esquela de puño y letra de 196 años atrás, fue como un toque de aldaba golpeando la realidad: “Los males se perpetuarán si cada ciudadano no se manifiesta interesado en la defensa del país y si no hacemos un esfuerzo digno de nuestra grandeza y propio de unos pueblos que aman su libertad. Es llegado el caso que la Patria demande los mayores sacrificios a sus hijos”. Al Cabildo de Montevideo, 7 de diciembre de 1816.
Saluda a Ud. muy atentamente,
Ing. Agr. M.A.Ag.Ec. Gregorio Soler
CI 703.359-7