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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSueño de un País de Primera. (Una historia casi real). Yo tenía el sueño de vivir en un País de Primera, quería saber cómo era. Al fin, cuando lo descubrí, fue tal mi alegría que se me dio por hablarlo con todo el mundo y así fue que me puse a charlar con un amigo:
—¿Te enteraste que hemos llegado a ser un País de Primera.
—¡No! ¿Y qué es eso?
—Pues, por ejemplo, si tenés una deuda que no la podés pagar, se puede pedir a Rentas Generales que la pague.
—¡Ajá! ¡Qué bueno! Pero, pensándolo bien, no cambia mucho, porque le quedo debiendo a Rentas Generales y mis balances serán tan desastrosos como antes.
—Sí, pero vos no estás teniendo en cuenta que vivís en un País de Primera, porque ahora Renta Generales condonará tu deuda y ya no debés más, y lo más importante es que aquí nadie ha perdido nada. Claro, esto es por el nuevo descubrimiento de nuestro autóctono “master en todas las disciplinas” que descubrió que si el Estado perdona una deuda es solo un movimiento contable ¡y nadie pierde! ¡Aleluya! Genio de los genios, gracias. Claro que en eso del endeudamiento, en un País de Primera tenemos etapas. Si necesitás plata para comprar algo, hasta 13 millones de dólares, lo podés hacer directo en el BROU con eso que llaman fideicomiso (que no sé bien lo que es). Ahí necesitás un aval, pero es poca cosa ya que se puede arreglar con una llamadita telefónica del ministro al presidente del BROU. Ahora, si necesitas más ahí se complica un poco; hasta 800 millones de dólares se puede arreglar, pero debés contar con 16 senadores y 50 diputados que te apoyen. No, ellos no van a poner la plata, solo levantan la mano. Alguno protesta y se sacude para aliviar su conciencia pero, ¡igual vota! No te preocupes. Así, de esta forma, se perdonan todas las deudas y con un simple movimiento contable ¡todos felices y nadie debe nada!
—‘Ta bien, pero, ¿qué pasa con los que estaban al día en todo? ¿Con los que no deben nada? ¡Se van a calentar!
—Ah, pero vos me estás hablando “de los nabos de siempre”. ¿Sabés una cosa? Esos que se embromen por alcahuetes, por pagadores. ¿Quién los mandó estar al día? ¿A quién se le ocurre?
En eso, cuando estaba en lo mejor de mi charla proclamando mi adhesión al País de Primera, siento un fuerte sacudón y la voz chillona y desaforada de mi mujer que me decía: “bajate de la cama, despertate que me estás volviendo loca con tanto ademán”. Y de un almohadonazo me despertó, a la vez que me decía “Prudencio, andá a abrir el almacén que te están esperando tres repartidores para cobrar y hoy vence la luz y el IVA”. Y así volví a la realidad. El País de Primera existe ¡pero no es para mí! Y como el del tango, dije: “ya no habemos más guapos…todo acabó”.
Prudencio Paganini
Localidad del Valle del Nabo
Departamento de Pago Largo
Transcripción y copia: Luis E. Marziotte
CI 3.293.519-4