Nº 2129 - 1 al 7 de Julio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn nuestra habitual columna, aparecida en la última edición de Búsqueda, nos referíamos a la necesidad de que en el partido que Uruguay debía jugar esa misma tarde ante Bolivia, pudiera mejorar el muy discreto rendimiento que había exhibido en los dos encuentros anteriores, y así dar un paso decisivo para su clasificación a la segunda ronda de la actual Copa América. En rigor, lo que más se le reclamaba al equipo dirigido por el Maestro Tabárez era un manejo del balón más consistente y efectivo en el sector central del terreno, trocando el toque lateral y poco comprometido que había prevalecido en aquellas jornadas, por una asistencia más precisa y profunda hacia nuestros dos encumbrados hombres de ofensiva, para que estos contaran con mayores chances de gol ante la retaguardia del equipo adversario. Y precisamente ese cotejo ante el representativo del altiplano, lucía particularmente propicio para ello, en virtud de que no parecía ser un rival de demasiado poderío (de hecho vino a resultar el único eliminado de este grupo).
Consciente de esa falencia en el desempeño de nuestra selección —que no fue la única pero sí la más notoria—, el técnico le dio esta vez una conformación distinta a la zona del medio campo, juntando a De la Cruz y a De Arrascaeta (este con la facultad de moverse por todo el frente ofensivo) para abastecer a Suárez y a Cavani, y ubicando a Nández en la zona derecha de la retaguardia, pero con la indicación precisa de proyectarse a la ofensiva por su banda, toda vez que pudiera. Precisamente por ese andarivel llegaron los primeros anuncios positivos en el sentido que se requería, sumándose luego los ya mencionados volantes ofensivos y también Valverde y Vecino que jugaban unos metros más atrás. Bolivia no tuvo entonces más alternativa que refugiarse en su última zona, a medida que se hicieron más asiduos y certeros los envíos buscando a nuestros dos cotizados artilleros. Pero, inesperadamente, ni Cavani ni Suárez estuvieron esa noche en el nivel acostumbrado, y no pudieron capitalizar siquiera alguna de las varias chances claras de gol que se les fueron presentando ante el arco boliviano. Y se dio la paradoja de que, cuando el gol finalmente llegó (próximo ya al cierre del primer tiempo), lo fue por la vía de un despeje desafortunado de un defensa rival, que venció su propia valla.
En el complemento la superioridad celeste siguió siendo ostensible, aunque no tan intensa como en la etapa inicial. Y ahora con Bentancur y Torres en cancha, el fútbol siguió inclinado hacia la meta boliviana, bien que reiterándose las dificultades para traducir en el tanteador esa neta superioridad. Tanto que el gol que aseguró la victoria llegó recién en el último cuarto de hora del partido, con un excelente desborde del juvenil aurinegro, certeramente culminado por Cavani. Y esa llamativa falta de contundencia impidió que Tabárez pudiera darles ingreso a algunos futbolistas de refresco, para preservar las energías de otros que acusaban cierto desgaste en sus físicos, para así poder enfocar del mejor modo la seguidilla de partidos que tendría por delante el equipo, si efectivamente clasificaba a la instancia siguiente del certamen.
Fue luego el turno de Paraguay (tradicionalmente un rival duro) y se esperaba con lógica que este cotejo sirviera para asentar definitivamente los progresos observados en los dos partidos anteriores, respecto al muy bajo rendimiento celeste en la reciente fecha de las Eliminatorias y en el mismo debut en la Copa América ante Argentina. Y ello fue lo que efectivamente ocurrió, aunque —cabe decirlo desde ya— otra vez sin la contundencia esperada.
Frente a un adversario con muchas bajas —y que dio la sensación de que salió a la cancha con la tranquilidad de que, cualquiera fuera el resultado, ya estaba en la ronda siguiente— nuestro equipo mostró en la primera media hora de juego su mejor nivel en mucho tiempo a esta parte. Aún con la sorpresiva (aunque explicable) ausencia de Suárez, la producción bien aceitada de los hombres del medio campo, muy en especial de De la Cruz y De Arrascaeta, hizo que la pelota circulara en forma fluida en todo el frente de ataque, y con una profundidad desacostumbrada, generándose así claras situaciones de gol. Pero, otra vez, no existió una culminación adecuada de esas vistosas jugadas ante el arco guaraní, desperdiciándose varias oportunidades. El gol recién llegó a los 20 minutos y como consecuencia de un penal a Nández que el juez brasileño decretó sin auxilio del VAR y que Cavani ejecutó desde los 11 pasos. Paraguay un tuvo siquiera un amague de reacción, por lo que el dominio celeste se mantuvo hasta el final de esa primera etapa, aunque sin que ello se reflejara en el tanteador.
En el inicio del período final Tabárez excluyó a Godín, algo sentido (Coates lo suplantó en muy buen nivel), y minutos después mandó a Nández a jugar por el centro en lugar de Vecino, dándole ingreso a Cáceres en el lateral. Y en el promedio de esa etapa incluyó a Suárez y a Torres con el aparente propósito de cerrar definitivamente el partido. Hubo un par de buenos encuentros entre ellos, pero Suárez volvió a fallar en la definición, en clara muestra de que no atraviesa su mejor momento físico-futbolístico. Uruguay fue mermando en su juego con el paso de los minutos, y aunque Paraguay hizo poco para dar vuelta al partido, casi en el epílogo una riesgosa infracción de Giménez al borde del área generó la inquietud de que lo que debió haber sido una tranquila victoria por goleada, se transformara en un empate con sabor muy amargo.
Ya estamos en la segunda ronda y como segundos en nuestro grupo. Hemos ido de menos a más. Criteriosamente, y tras varias pruebas, Tabárez parece haber mejorado la generación de fútbol desde la media cancha al área rival (lo exhibido en el primer tiempo ante Bolivia está entre lo más destacado de los últimos tiempos). Pero ocurre que, paradojalmente, se ha encontrado con que nuestra tradicional y temible dupla goleadora hoy aparece lejos de su mejor forma física y futbolística, sin culminar el juego que ahora les está llegando como nunca. Si Suárez y Cavani (los preferimos juntos) recuperan su verdadero nivel, podemos estar por encima de Colombia y seguir adelante en el torneo. Como pocas veces antes, tenemos una amplia rotación de futbolistas de similar valía para encarar estos partidos decisivos y pelear por la conquista del título en disputa. Es indiscutible que nuestro equipo ha elevado claramente su rendimiento inicial… ¡y que aún hay cosas por mejorar!