N° 2003 - 10 al 16 de Enero de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl movimiento Un solo Uruguay le sigue dando en el clavo con mensajes claros, directos y sin ambages: “Más producción…, menos costos”, “Más respeto…, menos soberbia”, “Más trabajo…, menos impuestos”, “Más gestión…, menos corrupción”, “Más realidades…, menos promesas”.
Este “movimiento”, liderado por voluntarios y sin estructura organizacional, ha logrado movilizar a más uruguayos y captar la atención del público como nunca antes lo había logrado ninguna cámara empresarial (salvo excepciones puntuales).
¿Por qué surge el movimiento Un solo Uruguay, cuando muchos de sus miembros son, a su vez, miembros o socios de cámaras ya existentes? ¿Por qué no canalizan sus reclamos a través de estas instituciones, muchas de ellas centenarias?
Es que las cámaras empresariales generalmente dicen “gregre” porque les cuesta decir “Gregorio”. Nunca dieron la batalla cultural por la defensa del libre mercado y el capitalismo, por la sencilla razón de que muchas empresas son hijas del Estado prebendario y de la política de sustitución de importaciones.
Tan es así que la “Memorias de actividades y Balance” de la Cámara de Industrias (y nada menos que en la primera página) nos recuerda su misión y agrega el artículo 50 de la Constitución de la República, que reza: “El Estado orientará el comercio exterior de la República protegiendo las actividades productivas cuyo destino sea la exportación o que reemplacen bienes de importación. La ley promoverá las inversiones destinadas a este fin y encauzará preferentemente con este destino el ahorro público ”.
Por otro lado, han elaborado una serie de buenos y fundados documentos técnicos proponiendo la apertura comercial, la mejor gestión del Estado, eliminar los monopolios que gozan las empresas públicas o flexibilizar las relaciones laborales, que son básicamente propuestas de cuño liberal. Pero no lo hacen con la convicción, constancia y firmeza que tales propuestas requieren para que sean entendidas, aceptadas e implementadas.
Para muestra basta un botón: antes de fin de año pasado “la Confederación de Cámaras Empresariales (CCE) envió una carta al presidente Tabaré Vázquez en la que le piden que baje el precio de los combustibles un 20%” ya que “afirman que el gasoil en Uruguay es 22% más caro que en Argentina, 28% más que en Brasil y 44% más que en Paraguay”. Como ven, una propuesta “timorata”. No piden cerrar Ancap, terminar con el oligopolio de tres distribuidoras o demandar por responsabilidad civil a los directores que dejaron un tremendo déficit por su pésima gestión. Esa carta terminará en la papelera y la nafta seguirá a $54,95. No lo duden.
Y como si esto fuera poco, comunican mal, muy mal. Los dirigentes empresariales pueden ser muy buenos empresarios y muy buenos gestores de sus organizaciones gremiales, pero son pésimos comunicadores. A diferencia de los dirigentes del PIT-CNT, los dirigentes empresariales parecen niños que recién están empezando a balbucear.
Por todo esto (y seguramente algún otro factor más que se me escapa), el movimiento Un solo Uruguay convoca tanta atención y, sobre todo, tanto entusiasmo.
Creo que si las cámaras empresariales hubieran hecho mejor su trabajo, el movimiento Un solo Uruguay no existiría. Pero por suerte existe para cubrir ese enorme agujero que dejaron.