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    miércoles 12 de junio de 2024

    Un topo en la coalición

    Nº 2225 - 18 al 24 de Mayo de 2023

    En su empecinada batalla contra el gobierno, en especial contra el presidente Luis Lacalle Pou, el general, senador y líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, utilizó el presunto y erróneo aserto militar de que la mejor defensa es un buen ataque. Lo hizo para defender a su esposa, la exministra de Vivienda Irene Moreira, cesada por entregar una vivienda del Estado al margen de las normas.

    Primero le solicitó que renunciara pero tras erráticas declaraciones públicas la renunció él mismo. Perdió la confianza del mandatario, quien le aplicó el artículo 174 de la Constitución, que lo habilita a despedir a sus ministros sin necesidad de expresar razones. Por lo tanto, contradecir su opinión es estéril.

    La decisión no admite la menor discusión. Por su formación castrense, el general y su esposa, por integrar este sistema político, deben saber que hay instancias institucionales, funcionales y éticas en las que el que manda, manda, y el que no, obedece, especialmente ante la Constitución. Pero el domingo 14 en una entrevista con Montevideo Portal Manini insistió en exponer su bélica posición: ni el presidente ni el papa “me dan órdenes a mí”.

    Desde el comienzo del lío, Manini respaldó a Moreira y cuestionó al presidente. Luego de haber sido renunciada le echó sal, pimienta y pólvora: lo acusó de mentir al sostener que la ministra no se ajustó a la normativa vigente. Lo cierto es que la decisión de Moreira fue manu militari con la engañifa argumental de tener un inexistente cupo discrecional.

    Manini lo calificó como un ataque dirigido porque Moreira pertenece a Cabildo Abierto. En buen romance dijo que la cesó en forma arbitraria. La exministra —que parece haber olvidado que es abogada y que vive en un Estado de derecho— no fue menos. Atribuyó su cese a una “operación de desprestigio”, como si desde que se fundó su partido en 2019 ella y su marido se hubieran distinguido por tener prestigio.

    Pero en esa entrevista de Montevideo Portal Manini culpa al Frente Amplio: “Todavía no nos perdonan que les hayamos sacado una cantidad de votos, que les significaron su derrota en el año 19. Aparte, no nos perdonan que nosotros cada vez, con más fuerza, estamos tratando de desenmascarar esa hipocresía cuando plantean soluciones que ni siquiera intentaron cuando estuvieron en el gobierno durante 15 años con las mayorías”.

    Mientras forjó sus carreras de militar y de licenciado en Historia Manini debió estudiar El arte de la guerra, la filosofía oriental de más de 2.500 años destinada a gestionar conflictos y ganar batallas. Tal vez la olvidó porque el militar y filósofo de la antigua China Sun Tzu su autor, no aconseja atacar para defenderse. El berrinche fue producto de su ADN, de su deformación profesional y de su filosofía política; lo condujeron a actitudes en las antípodas de lo que sostuvo cuando fundó su partido con el argumento de diferenciarse éticamente del resto.

    El español Jordi García Codina ha realizado un análisis del libro chino cuyo contenido le permitiría a Manini optimizar su gestión en lugar de armar un alboroto con amenazas de renuncia para luego arrugarse. Se quedó en el gobierno no por principios, sino para mantener su cuota de poder y evitar que 54 cabildantes perdieran sus cargos.

    De ese análisis queda claro que recomienda todo lo contrario a lo que hizo Manini, en especial reaccionar con cólera sin analizar de forma serena toda decisión. El iracundo que no lo hace se transformará en débil porque siempre saldrá victorioso el que sabe cuándo puede volar y cuándo no.

    A los cuestionamientos sociales que luego de lo ocurrido surgieron contra él y la exministra se añaden los internos con críticas duras de cabildantes y la erosión que se produjo dentro de la coalición de gobierno.

    Aunque Lacalle Pou y sus más cercanos seguidores se han mantenido dentro de los parámetros de lo políticamente correcto, nada será lo mismo. La semana pasada Búsqueda informó que fuentes políticas aseguran que hay un “antes y un después” de lo ocurrido. Las futuras instancias legislativas se encontrarán ante cráteres difíciles de superar.

    En el Partido Independiente el disgusto comenzó antes de este asunto. Su presidente y ministro de Trabajo, Pablo Mieres, desmintió a Manini cuando sostuvo que la reforma jubilatoria fue un acuerdo exclusivo entre él y Lacalle Pou. El Partido Independiente y los colorados fueron consultados, por lo que, remarcó Mieres, tras los mentirosos dichos de Manini “algo se quebró”.

    Manini también quedó enfrentado al expresidente Julio Sanguinetti, quien dejó clara su posición en su última columna de Correo de los Viernes, que tituló Horas de prueba y de grandeza. Remarcó la “inédita” situación de que luego de que el presidente decidió la remoción constitucional de Moreira tanto Manini como su esposa decidieron ignorarla y ratificaron lo actuado.

    El expresidente calificó a Cabildo Abierto como un partido “inestable” y consideró “rechinante” que “se proclame monopolista del interés general, atribuyendo intenciones espurias a todos quienes opinan diferente”.

    Esa proclamación, razona Sanguinetti, “hasta agravia en lo personal, y si nada se le ha contestado es nada más que como un sacrificio a la marcha del gobierno”.

    El funcionamiento de la coalición hasta las próximas elecciones será muy complicado. La semana pasada en Montevideo Portal Esteban Valenti lo definió con una metáfora: durmiendo con el enemigo. Será mucho peor porque los integrantes de la coalición ni siquiera podrán dormir. Deberán estar en permanente alerta porque tienen un infiltrado que el lenguaje popular conoce como topo.