Nº 2122 - 13 al 19 de Mayo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs bien sabido que el legendario duelo entre Peñarol y Nacional es un sello propio y distintivo del fútbol uruguayo. Si uno mira alrededor, advierte que, por ejemplo, en la vecina Argentina aparte de la añeja rivalidad entre Boca Jr. y River Plate, existen también otros equipos de gran poderío y respaldo popular que alternativamente han hecho que esa hegemonía dual no tenga ribetes tan marcados. Otro tanto ocurre en Brasil, donde la competencia entre los mayores equipos no se da en una sola ciudad (tal como acontece en Montevideo), sino que se extiende a otras varias de su vastísimo territorio. Y al momento de medir fuerzas en una competencia continental, esa diferencia de tamaño y de población entre los diversos países tiene un peso indiscutible. Por lo que es casi un milagro que, ante tamaña desigualdad, igualmente nuestro país haya podido conseguir tantos títulos en los torneos de clubes a nivel continental.
Claro que —ya lo dijimos en alguna columna anterior— esos logros hazañosos se dieron solo en el siglo pasado, en donde Peñarol antes que nadie, y más tarde Nacional, lograron ganar en varias oportunidades la Copa Libertadores. En lo que va del actual, solo una vez (en el año 2011) el equipo aurinegro llegó a jugar la final de dicho torneo, la que perdió ante el Santos de Brasil. En tren de buscar alguna explicación para ese vuelco tan marcado entre una época y otra, creemos que han incidido de modo significativo los cambios que —puramente por razones económicas— la Conmebol ha introducido en los reglamentos de los torneos que organiza. En especial, su decisión de que en ellos participen no solamente los campeones o subcampeones de cada país, sino también otros muchos equipos que no tienen esa condición. Frente a los siete campeones que disputaron la primera Copa Libertadores, en 1960, ganada por Peñarol, son varias decenas los que toman parte de las actuales ediciones. Y ello con el agravante de que Argentina y Brasil tienen reglamentariamente asignados un número mayor de representantes que el resto de los países. No es casual, entonces, que sean equipos suyos los que lideran hoy, casi en exclusividad (Peñarol es una de las contadas excepciones) los distintos grupos de los dos torneos continetales.
Ante este panorama no parece razonable la exigencia de que Peñarol o Nacional (y menos aún algún equipo de los “chicos”) puedan lograr los éxitos de otrora, cuando hoy deben medir fuerzas, no solo con el campeón o vice de los demás países del continente, sino también contra un diversificado y extenso lote de equipos de grandes ciudades y de probado nivel deportivo. Lo que, empero, no ha impedido (la excepción que confirma la regla) que algún equipo sin historia haya accedido últimamente a algún título continental.
Ahora bien: al entregar la columna anterior desconocíamos el resultado del choque entre Nacional y Universidad Católica, jugado el pasado miércoles en Santiago. Aunque sí acotamos que el equipo tricolor estaba “obligado a rescatar” al menos un punto, para sobreponerse a su flojo inicio en su grupo clasificatorio. Sin embargo, ello no ocurrió y quedó último en su grupo y con su futuro en esta Libertadores seriamente comprometido. Fue flojísima su actuación, ante un rival que venía de varias derrotas consecutivas. Dentro de un trámite parejo, un penal del juvenil Marichal le permitió al equipo chileno lograr una ventaja no del todo merecida. Sin embargo, en el final del primer tiempo, en la única incursión ofensiva, el argentino Leandro Fernández con un tiro cruzado logró el empate tricolor. La paridad siguió en la reanudación, pero una doble falla de un zaguero tricolor permitió que un delantero rival fusilara a Rochet y colocara al local en ventaja. El posterior ingreso de D’Alessandro no cambió nada: Ocampo debió bajar mucho en su posición en la cancha, y otra vez quedó muy solo Bergessio en la ofensiva. Quien sí acertó en los cambios fue nuestro compatriota Gustavo Poyet, pues uno de los ingresados hizo el gol del empate, y el otro Montes, con sus piques electrizantes, hizo estragos en la defensa tricolor, convirtiendo además el tercer gol de su equipo, que liquidó el partido.
Huelga señalar que la chance tricolor ha quedado ya harto comprometida, en su peor arranque en un torneo continental en estos últimos años. También aparece cuestionado el sistema táctico que viene utilizando el técnico Cappuccio, sin tener en cuenta el escasísimo tiempo que lleva al frente del equipo. El partido que disputaba anoche en la ciudad de Pereira frente al Atlético Nacional de Colombia (al que no pudo superar como local) era pues decisivo para el futuro tricolor, pues un resultado adverso también podía negarle la chance de acceder, como tercero de su grupo, a la actual Copa Sudamericana.
Muy distinto resulta, en cambio, el panorama en tiendas aurinegras. Su triunfo el jueves pasado ante el River Plate paraguayo (merecido, aunque sin el fulgor de algún cotejo anterior) lo ha colocado a las puertas de su clasificación a la fase siguiente de la Copa Sudamericana. El equipo visitante, conocedor del excelente momento del dueño de casa, vino predispuesto a cortar el juego con muchas infracciones. Pero una vez más, tras una jugada de pelota quieta, Peñarol logró ponerse en ventaja, promediando el primer tiempo. En el segundo, el rival quiso reaccionar, aunque sin inquietar a la defensa aurinegra. Y los cambios que hizo Larriera le dieron muy buen resultado, pues por la vía de un dudoso penal a Schiappacasse, llegó el segundo gol y, casi en el final, Cannobio clausuró el marcador. Confirmó el aurinegro su buen nivel actual, con una formación titular ya estabilizada —que gira en torno a un Gargano exuberante— y con un patrón de juego bien definido, producto del aplicado trabajo de su técnico. Está primero en el grupo y con posibilidades muy grandes de clasificar. Aunque esta noche, en el Campeón del Siglo, tendrá que exhibir su mejor cara, ante un Corinthians que querrá vengar su reciente dura caída en San Pablo (las estadísticas demuestran que Peñarol solo pudo ganar uno de los cinco últimos partidos que jugó como local, ante equipos brasileños).
Y un par de reflexiones finales para los otros equipos uruguayos que vienen participando en estas dos justas continentales. Merece un especial destaque lo hecho por M. C. Torque en la Copa Sudamericana, pues —fiel a su tradicional estilo de juego— se las tuvo tiesas con el poderoso Bahía de Brasil y uno de los “grandes” de América Independiente (al que mereció derrotar el martes pasado). También viene siendo meritorio lo de Rentistas en su grupo de la Libertadores, haciéndoles partido a tres equipos tradicionales a nivel continental, como Racing argentino, San Pablo de Brasil y Sporting Cristal de Perú. No cuentan, empero, con mayores chances de clasificar.