Nº 2112 - 24 de Febrero al 2 de Marzo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn pocas horas Uruguay recibirá las primeras dosis de vacunas contra el Covid-19 y el lunes 1º iniciará su plan de vacunación. Según la información difundida por el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, primero arribarán las provenientes del laboratorio chino Sinovac y luego las del alemán Pfizer. En menos de un mes, serán cerca de 2 millones de dosis, que servirán para empezar a inmunizar a los sectores declarados como prioritarios por el Poder Ejecutivo y luego al resto de la población.
Esta llegada, a la que se le ha puesto mucha expectativa, no debería ser tan trascendente como parece. En las últimas semanas la discusión pública se centró en si se retrasó demasiado o no el arribo de las primeras dosis y eso en realidad no es lo que hace la diferencia. No quiere decir que no sea importante, pero la verdadera carrera es hacia lograr la mayor cantidad posible de población inmunizada.
Es cierto que Uruguay es el último país en el continente en recibir las vacunas. Todos, desde lo más grandes hasta los más pequeños de la región, ya pasaron por este momento que nosotros viviremos en estos días. Eso ha sido un motivo de crítica desde la oposición hacia el gobierno y ha causado malestar en una parte importante de la población. Pero la pregunta es: ¿cuánto incide ese retraso en el resultado final?
Vale la pena sumar otras preguntas para que se entienda mejor el razonamiento. ¿Qué ocurre si Uruguay cumple con su ambicioso plan de vacunación y logra aplicar las dos dosis necesarias a un porcentaje grande de la población al inicio del segundo semestre? ¿Será importante entonces el momento en el que aterrizaron en el país las primeras dosis? ¿Cuánto llevará a los otros países que están vacunando desde hace semanas llegar a cubrir un porcentaje significativo de sus habitantes?
En temas relacionados con cuestiones tan delicadas como la pandemia de coronavirus y la salud de los uruguayos no conviene ser extremistas ni fanáticos, ni de un lado ni del otro. Le asiste razón a Lacalle Pou cuando reclama a sus compatriotas controlar la ansiedad. Si la discusión pública se centra en el árbol, es muy difícil que se pueda ver con claridad el bosque. Y, en este caso, el bosque es el éxito o el fracaso en el combate a este mal que tiene paralizado desde hace un año al mundo entero.
Por eso no es válido catalogar las políticas de un gobierno en función de la fecha de arribo de las primeras dosis de una vacuna. Tampoco lo fue cuando llegaban los aplausos desde todos lados debido a la poca cantidad de contagios que el país registraba en los primeros meses de desarrollo de la pandemia. No está bien afirmar con convicción que en aquel momento Uruguay era líder regional ni tampoco que hoy quedó a la cola.
Pero es algo muy típico de la penillanura levemente ondulada que las discusiones y las sentencias que de ellas se sacan sean muchas veces cortoplacistas. Alcanza con dos o tres hechos puntuales para que ya aparezcan los que dicen tener la verdad definitiva sobre lo que ocurre y quiénes son los culpables o los beneficiados. Y eso siempre es superficial, injusto y suele derrumbarse con el transcurso de las semanas.
El problema de fondo es que ni siquiera en un asunto en el que está en juego la vida de los más vulnerables y que involucra a todos logramos ponernos de acuerdo. Hay muchos que lo discuten como si fuera un partido de fútbol y cada uno festeja sus goles sacudiendo su camiseta ante la tribuna rival.
Por suerte los que optan por ese camino extremo no son mayoría, pero igual generan demasiado ruido, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales. Era bastante patético observarlos, luego de la conferencia de prensa de Lacalle Pou, tratando de sobredimensionar o destruir lo que claramente era una buena noticia para todos los uruguayos.
Si hay algo de lo que se ha abusado en los últimos tiempos es de las metáforas futbolísticas, aunque han servido para dejar bien claro lo que ocurre. Uruguay está jugando un partido en la altura de La Paz ante Bolivia, dicen los expertos y también muchos políticos y analistas. Lo que se olvidan de mencionar es que hay otro partido que se está jugando en el séptimo subsuelo y también tiene a Uruguay como protagonista. Hasta que no termine ese encuentro paralelo es muy difícil ganar el primero, que es el único en el que realmente ganamos todos.